domingo, 18 de marzo de 2018


El imperio está promoviendo abiertamente un golpe militar en Venezuela
Carlos E. Lippo


"Váyanse al carajo yanquis de mierda que aquí hay un pueblo digno, aquí hay un pueblo digno, yanquis de mierda,
váyanse al carajo 100 veces, aquí estamos los hijos de Bolívar, de Guaicapuro  y de Tupac Amarú.
Nosotros estamos resueltos a ser libres".
Hugo Chávez




Para nadie es un secreto la inmensa cantidad de golpes militares que ha promovido el imperio a todo lo largo y ancho del planeta, para derrocar gobiernos legítimos que se han negado a aceptar sus designios en forma sumisa y en su lugar instalar gobiernos que le son afectos.

Sólo en nuestrAmérica, sin contar las invasiones que de hecho llevan aparejado un cruento golpe militar, y desde el nacimiento de la OEA en abril de 1948, el imperio ha derrocado por medio de golpes militares, la inmensa mayoría de ellos orquestados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), a los siguientes mandatarios legítimos: Rómulo Gallegos, de Venezuela en 1948; Jacobo Arbenz Guzman, de Guatemala en 1954;  Joao Goulart, de Brasil en 1964; Salvador Allende, de Chile en 1973; Hugo Chávez Frías, de Venezuela en el 2002; y Manuel Zelaya Rosales, de Honduras en el año 2009.

Es necesario apuntar que para no abultar esta lista hemos dejado de incluir a algunos mandatarios de discutible origen también defenestrados, y tampoco hemos mencionado los golpes que no resultaron  exitosos. Nótese también que hemos estado hablando sólo de golpes militares en sentido clásico, pero ¿quién podría dudar que detrás de los “golpes parlamentarios” de Fernando Lugo en Paraguay en 2012 y Dilma Rousseff en Brasil, en 2016, se hubiesen camuflado golpes militares de factura gringa?

En Venezuela hemos padecido una larga cantidad de golpes militares promovidos y/o apoyados por el imperio desde que en diciembre de 1908 éste apoyase, con dos navíos de guerra surtos en el puerto de La Guaira, el golpe militar encabezado por Juan Vicente Gómez aprovechando la ausencia del General Castro, quien había tenido necesidad de ausentarse de la patria por motivos de salud.

En efecto, desde que el capital petrolero norteamericano se estableció en el país de forma en extremo ventajosa en detrimento del tesoro nacional, cada vez que uno de nuestros gobiernos legítimo o no, intentó aumentar la participación del país en los beneficios de la explotación de ese importante recurso natural, fue defenestrado con la participación del gobierno de los Estados Unidos, como lo demuestran los siguientes casos:

·         El golpe militar que derrocó al presidente Isaías Medina Angarita en 1945, a causa de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 1943, que consagraba aumentos significativos de la participación fiscal del estado.

·         El golpe militar que derrocó a Rómulo Gallegos, presidente constitucional de la república, por no acceder a la modificación de un decreto del gobierno anterior, promulgado el 31 de diciembre de 1945, según el cual se elevaba al 50 % de los beneficios de las empresas, el monto a pagar por concepto de impuesto sobre la renta; lo que se llamó en ese tiempo el “fifty-fifty” petrolero.

·         El magnicidio perpetrado en la persona del presidente de la Junta Militar de Gobierno que sucedió a Rómulo Gallegos, coronel Carlos Delgado Chalbaud, en noviembre de 1950, por haber ordenado traducir al idioma farsi (persa) nuestra Ley Orgánica de Hidrocarburos, que siendo asumida por el gobierno revolucionario iraní de Mohammad Mosaddeq nacionalizando las reservas en 1951,  provocó también su derrocamiento con la participación de la British Petroleum Co., en 1953.

·         El golpe cívico-militar que derrocó al general Marcos Pérez Jiménez el enero de 1958, que a pesar de tratarse de un gobierno despótico y complaciente con el imperio y el capital transnacional, fue sacrificado por sus antiguos protectores en la búsqueda de combinaciones más eficaces en la tarea de transformar los nexos de dependencia económica en la colonización global de Venezuela.
·         El golpe militar de abril de 2002, que derrocó al presidente Chávez por un lapso de 47 horas y derogó la constitución de 1999, generado por las disposiciones nacionalistas de la Ley de Hidrocarburos del 2001, y en el cual la presencia comprobada de naves y aeronaves estadounidenses en nuestro mar territorial y en nuestro espacio aéreo es más que suficiente para demostrar la participación directa del imperio.
·         El paro-sabotaje petrolero de 2002-03, con participación protagónica de una empresa vinculada a la CIA llamada SAIC y de la llamada “meritocracia” petrolera, surgida a raíz de la “nacionalización” de 1975, subordinada a las transnacionales dentro de ese “estado dentro del estado” que era PDVSA, hasta la llegada de Hugo Chávez a la presidencia y que generase pérdidas a la nación del orden de 20.000 millones de dólares estadounidenses.

Tomando en cuenta este larguísimo historial de golpes militares es que no pueden extrañar en modo alguno aquellas palabras del recientemente sustituido secretario de estado Rex Tillerson, en aquel discurso en la Universidad de Texas, previo a su gira latinoamericana diseñada para lograr consenso entre los gobiernos más cipayos de la región en torno a una salida de fuerza en Venezuela. Recordemos que este magnate petrolero prestado a la diplomacia del garrote dijo textualmente: “En la historia de Venezuela y otros países sudamericanos, muchas veces el ejército es el agente de cambio cuando las cosas están tan mal y el liderazgo ya no puede servir a la gente” (1), en abierto llamamiento a los efectivos de la FANB a ejecutar un golpe contra el presidente Maduro, que fue oportuna y enérgicamente rechazado por sus altos mandos (2).

Que la reciente destitución del secretario Tillerson, aparte de los conocidos desencuentros con su jefe Trump (3), tiene muchísimo que ver con su incapacidad para lograr el consenso necesario para intervenir militarmente a Venezuela y más aún con su estrepitoso fracaso en propiciar el surgimiento de un núcleo de efectivos militares golpistas, con probabilidad de éxito, en el seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), es algo perfectamente verosímil si se toma en consideración el currículo de la persona designada para sustituirlo: Mike Pompeo, director de la CIA; y muy especialmente si tomamos en cuenta el terrible prontuario de la señora Gina Haspel, que habrá de sustituir a Pompeo en la dirección de la agencia.

En efecto, Pompeo que es un ex congresista republicano con el cual Trump había señalado tener muchas coincidencias, es también un gerente petrolero aunque de mucho menor nivel que Tillerson, que ha sido financiado por la Exxon Mobil en sus campañas políticas según datos suministrados por OpenSecrets.org (4), el sitio web del “Center for Responsive Politics” (CRP), ente no partidista y sin fines de lucro que investiga las contribuciones a las campañas políticas de los funcionarios de gobierno, lo que implica haber ampliado sus nexos y vinculaciones con el negocio petrolero estadounidense y sus intereses más allá de sus fronteras. En el caso de la señora Haspel, toda una experta en operaciones encubiertas, de amplísimo prontuario criminal, basta con observar las declaraciones de Pompeo cuando la nombró “número dos” de la agencia: "Gina es una espía ejemplar y una patriota devota que aporta más de 30 años de experiencia en la agencia. También es una dirigente experimentada con una aptitud fantástica para realizar proyectos e inspirar a los  también une la rodean" (4), para saber de qué es capaz y a qué viene, como directora de la CIA.

Sabiéndose como se sabe por unas declaraciones del mismo Pompeo, que la CIA bajo su dirección desempeñó un rol preponderante en la definición de las sanciones económico-financieras aplicadas a PDVSA y Venezuela, así como en las que han recaído sobre varios militares leales de alta graduación (5), viene a ser una verdad casi de Perogrullo el que su llegada  a la cancillería imperial, al igual que la promoción de la señora Haspel, sólo pueden determinar un endurecimiento considerable de las ya insoportables relaciones con el imperio.

Tomando en cuenta la dilatada experiencia de la CIA en materia de promoción de golpes de estado, ya sabemos por dónde habrán de venir los proyectiles de mayor calibre; el problema para poder definir con precisión el próximo tipo de ataques que sin duda alguna nos habrán de propinar es que la CIA goza también de gran experiencia en acciones terroristas encubiertas y/o invasiones, como lo demuestran los casos de: Cuba, en los primeros años de la revolución, especialmente la frustrada invasión de Bahía de Cochinos; y Nicaragua, con la ilegal e inmoral guerra de agresión mercenaria contra la revolución popular sandinista (6).

Sin embargo, está absolutamente claro que la prioridad actual del imperio en materia de agresiones contra la revolución bolivariana es el propiciar un golpe militar; tres hechos recientes apoyan esta aseveración:


·         Los reiterados llamados a golpe del encargado de negocios Todd Robertson, prácticamente desde que pusiese pie en Venezuela, anunciando a través de su cuenta  Twitter que él había venido a Venezuela con la misión de que vuelva la democracia a nuestro país. Siendo los más descarados y directos: el proferido en una entrevista que le hiciese el medio runrún.es, publicada el 22 del pasado mes de febrero, en la cual en respuesta a una pregunta del entrevistador sobre el llamado a los militares a intervenir en Venezuela, hecho por el entonces canciller gringo, dijo sin pelos en la lengua: “… es evidente que el sector militar tiene mucha influencia en el futuro del país y si ellos pueden ayudar, no vamos a decir que no…” (7); así como el formulado en la ciudad de Lecherías, tras participar el pasado día 15 en la inauguración de una curiosa sala denominada con el monroista título de “Espacio Americano”, que no tiene desperdicio: “Vamos a estar aquí siempre y vamos a tratar de mejorar las condiciones, cambiar el país en un país más abierto, más democrático” (8).

·         Unas recientes declaraciones del escualidísimo abogado José Vicente Haro, según las cuales éste admitió que existe un limbo constitucional en materia de aplicación de los artículos 333 y 350 como herramienta para intentar defenestrar al gobierno revolucionario, haciendo uso de las siguientes palabras: “Sin duda hay un vacío, porque si la Constitución dice que todo ciudadano investido o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de la Constitución, entonces deja en un limbo si los militares tienen luz verde para tomar esa decisión” (9). ¡Toda una descabellada tesis jurídica que al igual que aquella del “vacío de poder” que exculpó a los jefes militares golpistas del 11 de abril, no debe contar con ninguna objeción en el llamado “Frente Amplio Venezuela Libre”, el nuevo engendro contrarrevolucionario creado para tratar de enterrar a la fallecida MUD!

·         Los motivos expuestos por el comunicado del ministerio del poder popular para las relaciones interiores, justicia y paz, mediante el cual se anuncia la captura de ese traidor, colaborador convicto y confeso de la CIA (10), que siempre ha sido Miguel Eduardo Rodríguez Torres: “un señor requerido por la justicia, al estar incurso en acciones contra la paz y la tranquilidad pública, y en conjuras y complots que perseguían la intención aviesa de atentar contra la unidad monolítica de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana“ (11).

No pongo en duda que en el seno de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, como en cualquier otra de las instituciones de este extremadamente polarizado país hagan vida elementos de la contrarrevolución; estimo sin embargo que éstos habrán de ser de la misma estirpe de aquellos que el 11 de abril, en su momento de gloria, señalasen públicamente de manera impúdica que sus armas había sido los medios de comunicación; o de aquel general muy valiente actuando en gavilla que al ser detenido por su participación en las guarimbas de 2014 se arrojase al piso “víctima de un ataque de pánico”. ¡Es que los militares que sucumben ante el imperio al no resistir un “cañonazo de billetes verdes”, son  todos iguales”.

No obstante, por considerar que en las actuales condiciones ningún enemigo es pequeño ni mucho menos desestimable, celebro la exitosa actuación de los organismos de inteligencia de nuestra revolución, que ha permitido poner a buen resguardo para ser sometidos a juicio a no pocos militares traidores en días recientes.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!




celippor@gmail.com
Caracas, marzo 18 de 2018

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