jueves, 11 de enero de 2018

El imperio pretende invadir a Venezuela con la invitación de la contra
Carlos E. Lippo

“Toda traición es indigna y bárbara”
Voltaire



Desde que José Antonio Páez, héroe de la guerra de independencia librada contra el imperio español en los inicios del siglo XIX, solicitase en el año 1848 una intervención militar de los EEUU que le devolviese el poder político que se sabía incapaz de recuperar legítimamente por sus propios medios, no han sido pocos los connacionales miembros de algunas de nuestras oligarquías que han hecho igual solicitud al imperio norteamericano o a algunas de las potencias europeas, para la mayor vergüenza de nuestro gentilicio.

Es el caso que Páez, quien había traicionado alevosamente al Libertador en medio de su crisis terminal de salud en 1830, después de su rompimiento con el presidente José Tadeo Monagas quiso desatar la guerra civil, pero como no estaba en condiciones de hacerlo se prestó para ser el instrumento político-militar de los EEUU, en sus rivalidades con la Gran Bretaña por el dominio de Venezuela (1); en concreto, en carta dirigida a Benjamín Shields, encargado de negocios en Venezuela, suscrita por uno de sus lugartenientes, solicitó la ayuda norteamericana para invadir a su propio país y propiciar la intervención de los EEUU en los asuntos internos de Venezuela.

Pero no terminó con esto el lamentable y vergonzoso episodio entreguista del otrora prócer independentista, ya que posteriormente, por medio de su secretario y representante Hermenegildo García, solicitó ayuda para invadir a Venezuela al mismísimo reino de España, en carta dirigida al gobernador colonial de Puerto Rico Juan Pezuela y Ceballos. La respuesta del funcionario colonial arroja un terrible baldón sobre el patético peticionario, al señalarle que su deberes “lo obligan a no mezclarse en las disensiones que afligen a ese país desventurado desde que sus naturales se rebelaron contra el gobierno de los Reyes que por tanto tiempo los había hecho felices” (2).

Años más tarde, en 1861, en medio de aquella formidable y traicionada insurrección popular que inició Ezequiel Zamora, “General del Pueblo Soberano”, al calor de sus incendiarias consignas de: “Horror a la oligarquía”, “Tierra y hombres libres”; y “La tierra es de todos”, un grupo de oligarcas viejos y nuevos a la cabeza de los cuales se encontraba el diplomático Pedro Gual, suscriben una carta dirigida a la reina Victoria solicitando la intervención militar de Inglaterra en Venezuela; pero como si esto no fuera de por sí suficientemente grave, con la mayor impudicia le ofrecen entregarle todo el territorio de la Guayana venezolana situada al sur del río Orinoco, como una forma de estimularle su proverbial apetito colonial (3).

Probablemente más conocidos por ser de más reciente data, son los casos del banquero Manuel Antonio Matos, cabecilla de la mal llamada “Revolución Libertadora” (1901-1903) que pretendía defenestrar al presidente Cipriano Castro, con el financiamiento mayoritario de la New York & Bermúdez Co., subsidiaria de la General Asfalt de Filadefia y la comprobada anuencia y complicidad del gobierno estadounidense, como se demuestra por su ruptura de relaciones diplomáticas con el país, a propósito del caso (4); así como el de Juan Vicente Gómez, que al solicitar el apoyo del imperio para perpetrar su golpe de estado en contra de Cipriano Castro en diciembre de 1908, fue auxiliado por los buques de guerra estadounidenses USS North Carolina, USS Maine y USS Dolphin, que con apoyo británico y francés impidieron el ingreso a aguas jurisdiccionales venezolanas del vapor Guadalupe, a bordo del cual pretendía regresar el legítimo presidente Castro (5).

Otro caso que en verdad no puede menos que generar una gran pena ajena es el del todavía llamado por algunos de sus acólitos “padre de la democracia venezolana”, Rómulo Betancourt Bello, quien fue el primer presidente de la era de la supuesta democracia representativa vivida por nuestro país entre 1958 y 1998, previo al advenimiento de la revolución bolivariana. Dado que para las segundas elecciones de esa era, a celebrarse el 1° de diciembre de 1963 el partido de Betancourt (Acción Democrática) se encontraba en inminente riesgo real de perderlas por haberse dividido dos veces y por el llamado de la izquierda revolucionaria a la abstención, este apóstol de la “democracia made in USA”, sin pudicia alguna concertó con el imperio una invasión militar de sus propias fuerzas junto a las de los otros países bolivarianos (Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá y Perú), que tendría lugar en caso de producirse tal eventualidad. El dispositivo invasor al que se dio el nombre de “Operación América”, concebido como una extensión de las Maniobras Navales UNITAS IV, celebradas en el Caribe colombiano, a escasos 200 km. de la línea fronteriza con Venezuela, ha sido descrito de forma magistral por el Profesor Simón Sáez Mérida, autor del libro “La Cara oculta de Rómulo Betancourt: El proyecto invasor de Venezuela por tropas norteamericanas”, citado como referencia para algunos de los hechos anteriormente señalados.

El primero de los nacionales vendepatria en solicitar la intervención militar del imperio en la era de la revolución bolivariana fue el general Raúl Salazar, egresado de la Escuela de las Américas, antiguo agregado militar de la embajada venezolana en Washington y primer Ministro de Defensa del Comandante Chávez, quien lo hiciese en ocasión de la crisis generada por el deslave de la cadena montañosa del Guaraira Repano, que modificase de manera irreversible toda la topografía del estado Vargas, a causa de las extremadamente intensas lluvias caídas en la región el 15 de diciembre de 1999, día en el que se celebraba el referendo de aprobación de la nueva Constitución Nacional, haciéndolo de manera absolutamente inconsulta y prevalido de su elevada posición (6). Muy cerca estuvimos en esa oportunidad de ser invadidos por el imperio con la excusa de prestarnos una supuesta asistencia humanitaria, labor que fue satisfactoriamente ejecutada por la Armada venezolana y los diversos organismos nacionales de protección civil de la época.

No alargaremos innecesariamente estas notas haciendo mención a la caterva de miembros de la contrarrevolución que hasta han salido de nuestras fronteras para ir a solicitar personalmente una intervención armada del imperio en nuestro país durante los últimos años, ya que la canalla mediática nacional e internacional ha sido en extremo pródiga en la reseña de sus patéticos periplos y petitorios. Nos referiremos si a la solicitud hecha por el venezolano (¡?) Ricardo Hausmann, “reputado” profesor de ese conocido criadero de agentes de la CIA que es la Kennedy School de la Universidad de Harvard, en la que también es “destacado” profesor, según la Wikipedia,  ese personajillo felón que recientemente fuese presidente de Méjico de nombre Felipe Calderón (7).  

En un artículo fechado el 3 de enero del presente año (8) el “destacado profesor”, basándose en una argumentación harto falaz y en extremo deficiente, hasta para un estudiante de pregrado en economía de cualquier universidad latinoamericana de mediana categoría, presenta su propuesta-petitorio en los siguientes términos: “… si se trata de soluciones, por qué no considerar la siguiente: la Asamblea Nacional podría destituir a Maduro y al narcotraficante de su vicepresidente, Tareck El Aissami, sancionado por la OFAC y a quien el gobierno estadounidense le ha embargado más de US$ 500 millones. Dado este vacío de poder, la Asamblea, nombraría de forma constitucional a un nuevo gobierno, el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela de la misma forma en que canadienses, australianos, británicos y estadounidenses liberaron a Europa en 1944-1945. Más cerca de casa, esto sería semejante a la liberación de Panamá de la opresión de Manuel Noriega por parte de Estados Unidos, la que marcó el inicio de su democracia y del crecimiento económico más rápido de América Latina”. ¡Resulta prácticamente imposible hacer gala de mayor servilismo para hacer tan impúdica petición; los propios Departamentos de Estado y de Defensa del imperio han debido sentirse incómodos ante tamaña apología de una de sus más cruentas intervenciones!

Y continúa este genio de la política y la ciencia económica, como si estuviese inventando la pólvora, señalando: “De acuerdo al derecho internacional, nada de esto requeriría la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (que Rusia y China podrían vetar), puesto que la fuerza militar sería invitada por un gobierno legítimo en busca de apoyo para defender la constitución de su país”.

No resulta ocioso el decir que la propuesta en cuestión, en lo atinente a la defenestración simultánea de presidente y vicepresidente de la república, como tantas veces ha intentado hacer infructuosamente la Asamblea Nacional opositora, actualmente inhabilitada por desacato a una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, es absolutamente inconstitucional, tal como lo han reconocido públicamente, por primera vez y de manera expresa, conocidos líderes opositores tales como: Juan Manuel Raffalli, Maruja Tarre y Colette Capriles (9); siendo oportuno señalar que la última de las citadas es una reputada politóloga, docente de la Universidad Simón Bolívar, asesora de la Mesa de la Unidad Democrática y que ha sido integrante de la comisión de representantes de la sociedad civil encargados de asesorar a la oposición política en las reuniones con el gobierno nacional en República Dominicana, en diciembre de 2017.

No deja de sorprender la forma como algunos conocidos opositores han criticado duramente la propuesta-petitorio de Hausmann, a través de sus cuentas Twitter, en especial Colette Capriles (@cocap)
y el profesor José Luis Fernández Shaw (@La Divina Diva). La profesora Capriles lo hace con unas frases tan lapidarias que yo no tendría el más mínimo reparo en hacerlas mías: “Violar dignamente la Constitución, imponer dignamente un gobierno de los dignos y suplicar dignamente una intervención militar. Todo es posible en el reino de la dignidad”; y el profesor Fernández, con lo que a mi juicio debería ser parte de la sentencia de un juicio que se le siguiese por traición a la patria: “Las declaraciones de Hausmann son inaceptables. Si yo fuera diputada de la Asamblea Nacional solicitaría una investigación y se consideraría retirarle la nacionalidad”.

Ya casi para terminar considero necesario decir que la propuesta de Hausmann carece totalmente de originalidad pues según ella se trataría de repetir, casi al calco, lo hecho por aquel Consejo Nacional de Transición de Libia, que establecido en Bengasi en marzo de 2012, solicitó la invasión del imperio con la excusa de defender los derechos humanos de los libios, logrando controlar parte de la ciudad hasta que fue consumada la terrible intervención de las fuerzas armadas de la OTAN.
Si hemos hecho de su consideración y análisis el objetivo central de estas notas ha sido por las siguientes razones:

·         Siendo la Kennedy School de Harvard, a cuya nómina pertenece Hausmann desde hace muchos años, un conocido centro para el reclutamiento de agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los EEUU, entre aquellos alumnos escogidos por sus profesores, es más que presumible que la planificación actual de esa agencia para la pretendida intervención militar sobre Venezuela pase por la generación de un escenario de esta naturaleza, descrito ya por nosotros en una media docena de artículos anteriores.
·         La inusitada reacción adversa que ha generado la propuesta en el seno de lo que podríamos llamar el liderazgo académico de la MUD, que por primera vez en estos casi 19 años de revolución se ha atrevido a manifestarse en contra de la intervención militar imperial, cualesquiera que sean las causas que la hayan motivado, y así se encuentre entre ellas su convicción de que las tales “bombas inteligentes gringas” no lo son tanto como para poder discriminar entre chavistas y  opositores, nos da pie para especular que existe un sector de la oposición que está decididamente en contra de la intervención militar extranjera, siendo tarea perentoria el tratar de identificarlo y caracterizarlo en detalle.

Ya para finalizar y con base en la consideración anterior, queremos reiterar una propuesta una propuesta formulada hace ya tiempo en un artículo titulado: “¡A mirarnos en el espejo de Siria!”  (10), consistente en intentar la incorporación de sectores de oposición a las tareas de defensa de la soberanía nacional, por más difícil que ello pueda resultar, ya que lo que está en juego es la integridad de la patria.

¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!

(1)    “La cara oculta de Rómulo Betancourt”, Simón Sáez Mérida, Fondo Editorial Al Margen, Caracas diciembre de 1997, página 52.
(2)    Ibidem (1), página 54.
(3)    Ibidem (1), páginas 55 y 56.



celippor@gmail.com

Caracas, enero 11 de 2018

jueves, 4 de enero de 2018

El 2018 será un año crucial para la revolución bolivariana
Carlos E. Lippo




Para dar inicio a este primer artículo del año debemos comenzar diciendo que pocas veces hemos visto que una hipótesis nuestra haya sido tan ampliamente demostrada por la fuerza inobjetable de los hechos, en tan breve tiempo.

La hipótesis en cuestión, formulada en nuestro último artículo del año 2017, titulado: “2017: un año de terribles ataques pero de clamorosas victorias de la revolución bolivariana”, publicado el día 14 de diciembre (1), consistía en nuestra más absoluta convicción de que el presente año 2018 sería aún más pródigo en ataques del imperio que el pasado 2017.

Los hechos que la demuestran son la instrumentación de un conjunto de acciones por parte de la alta diplomacia del imperio, así como la emisión de una serie de comunicados oficiales del Departamento de Estado gringo, cada uno más grosero, injerencista y amenazante que el anterior, ocurridos desde esa misma fecha; pero más que esos mismos hechos, se trata de la oportuna respuesta oficial de nuestros dirigentes a cada uno de ellos, plenamente demostrativa de que en Venezuela estamos absolutamente determinados a ser libres y de que por más que lo intenten no podrán “quebrarnos el brazo”, como gustaba de decir Obama, refiriéndose a aquellos países que se negaban a aceptar dócilmente sus designios.

A continuación pasaremos revista a cada uno de estos hechos:

·         Comunicado del Departamento de Estado, de fecha 14 de diciembre (2),  con el cual se pretende ejercer indebida presión para que se libere en forma inmediata a Joshua Holt, un terrorista convicto detenido en la residencia de su cónyuge (una vivienda popular construida por el gobierno revolucionario en el marco de la GMVV), en posesión de un amplio y variado arsenal de guerra, cuyo juicio por los delitos imputados por el Ministerio Público se iniciase el día 12; comunicado en el cual además se miente sin escrúpulos al acusar al gobierno revolucionario de violación de la convención de Viena sobre las Relaciones Consulares y al afirmar que la salud del reo se ha visto seriamente afectada en razón de las condiciones de su cautiverio. Un oportuno comunicado de nuestra cancillería da apropiada respuesta a este acto injerencista (3), denunciando la manipulación de la cancillería gringa alrededor de la condición de salud, de quien el Constituyente Diosdado Cabello ha señalado como director de una red de espionaje gringa con alcance sobre toda Latinoamérica.

·         Comunicado del Departamento de Estado, de fecha 15 de diciembre (4), en el cual al ofrecernos cínicamente una supuesta “ayuda humanitaria”, nos amenazan con nuevas sanciones, ya que “… hay medidas adicionales que siguen bajo consideración activa”, y al mismo tiempo reconocen implícitamente que tendrán estrangulado al pueblo venezolano hasta que el Presidente Maduro acepte una intervención, ya que “… las sanciones no tienen que ser permanentes”. En oportuna respuesta (5), el gobierno revolucionario ha rechazado categóricamente el cínico comunicado de la portavoz del Departamento de Estado que, de manera irresponsable, se burla de la comunidad internacional al ofrecer ayuda humanitaria a Venezuela cuando al mismo tiempo persiste con sus intentos de desestabilización y arremete con sanciones económicas en contra de Venezuela; así mismo insta al gobierno gringo a hacer uso de los alimentos y medicinas que dice tener acopiados para enviar a Venezuela, en beneficio de los 45 millones de estadounidenses (50 % más que nuestra población total), que se encuentran actualmente en condición de pobreza (6).

·         Declaraciones injerencistas de Todd D. Robertson, nuevo encargado de negocios de la embajada gringa a su llegada a Venezuela el 18 de diciembre, difundidas por sus redes sociales (7), en las cuales señala que viene a Venezuela con la misión de que vuelva la democracia a nuestro país, dejando ver de manera implícita, con la arrogancia e insolencia que les es característica, que ha sido enviado por el gobierno de Donald Trump, para conspirar y tratar de derrocar al gobierno constitucional del Presidente Nicolás Maduro. El gobierno revolucionario reaccionó recordando a Washington la legislación que rige en materia de relaciones internacionales, señalando que los agentes diplomáticos "están obligados a no inmiscuirse en los asuntos internos" del estado receptor (8).

·         Reunión de los cancilleres de EEUU y Canadá, celebrada en Ottawa el 19 de diciembre, con el propósito declarado por la ministra Freeland, de tomar “acciones” contra Venezuela, de manera individual, en conjunto, y/o con la cooperación de los gobiernos latinoamericanos cipayos agrupados en el llamado “Grupo de Lima” (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú). Al rechazar estas nuevas amenazas, así como las medidas de presión que aplican sobre hermanas repúblicas latinoamericanas para agredir al gobierno del Presidente Maduro, el comunicado de nuestra cancillería señalaba que “… esta nueva amenaza estaba orientada a socavar el proceso de diálogo que se desarrolla en República Dominicana, donde el Gobierno Bolivariano y la oposición han avanzado en aspectos importantes para garantizar la estabilidad política y económica del país, a pesar de las fuertes presiones que desde el exterior se ejercen contra su continuidad y éxito, y en la que dichos países desempeñan un rol protagónico” (9). Adicionalmente, como una muestra del tipo de acciones que pudiesen estar fraguándose en el seno del nefasto engendro limeño, podríamos mencionar la acción intentada el día 15 de diciembre en el aeropuerto internacional Simón Bolívar, por parte de una ONG del Perú, con el evidente apoyo del gobierno de Kuczynski, consistente en transportar ilegalmente a ese país a unos 150 niños venezolanos, pretendiendo emular la tristemente célebre “Operación Peter Pan”, ejecutada por la contra cubana en los años sesenta del siglo pasado, con complicidad del gobierno del imperio (10).

·         Comunicado del Departamento de Estado, de fecha 22 de diciembre (11), en el cual se condena los supuestos continuos ataques a la democracia de nuestra Asamblea Nacional Constituyente (ANC), esta vez con base en la emisión de un decreto de esa instancia de fecha 20, en el cual, con toda fundamentación legal, se ordena de revalidación de aquellos partidos políticos que no participaron y llamaron a la abstención en los recientes actos comiciales. El comunicado de rechazo de nuestra cancillería a esta descarada acción injerencista exigió respeto, al tiempo de señalar que: “… ni Estados Unidos ni ninguno de sus representantes, pueden pretender ser árbitro o juez de la democracia venezolana o de sus instituciones" (8).

·         Reunión de Todd Robertson con el canciller Jorge Arreaza, de fecha 28 de diciembre, en la que según el boletín de prensa emitido por la embajada gringa al respecto (12), Robinson pidió al gobierno venezolano liberar al Sr. Joshua Holt, por razones humanitarias; además, hipócritamente reiteró el apoyo de los EEUU al pueblo venezolano para resolver la crisis económica, política y humanitaria que enfrenta el país. Aunque no hemos tenido acceso a una reseña oficial de nuestra cancillería sobre este encuentro, presumimos que se le reiteró al frustrado procónsul la falsedad de la afirmación de que su terrorista estuviese enfermo; la inaplicabilidad de una medida humanitaria en razón de ello; y la necesidad de que reviertan las sanciones económicas y financieras que han aplicado al país.

En resumen: tres groseros comunicados injerencistas; una declaración descaradamente injerencista; dos reuniones amenazadoras y una frustrada acción hostil en territorio venezolano, en tan sólo 15 días, esto es, a más de una acción injerencista cada tres días. ¡Una auténtica obsesión fatal del imperio sobre nosotros y nuestra revolución!

Resulta evidente que la sola necesidad de defendernos de los futuros ataques que tan desaforada actuación estaría preanunciando sería más que suficiente para considerar al 2018 como un año crucial para la revolución bolivariana. Ocurre sin embargo que para el presente año la revolución bolivariana tiene planteados dos grandes retos que lo convierten en un año realmente decisorio para su futuro inmediato; tales retos son: la necesidad perentoria de neutralizar la terrible guerra económica en la que nos tienen inmersos y la necesidad de reelegir al Presidente Maduro, a fines de año, en acatamiento del mandato constitucional.

El primero de ellos, porque el más devastador de los efectos de la guerra económica en el 2017, consistente en una variación inducida de los precios de los alimentos estimada en cerca del 2.000 %, atribuible casi íntegramente a la criminal tasa de cambio ilegal (DolarToday), que se incrementó absurdamente en un 3.315 % durante el período; así como el efecto de las sanciones que nos impiden usar el dólar estadounidense como medio de pago de nuestros compromisos de deuda financiera y de pago por insumos importados, constituyéndose en un auténtico bloqueo financiero, están comenzando ya a causar muy serios estragos en el nivel de vida de nuestra población, en especial la de menores ingresos.

Debo decir sin embargo que en relación a este reto, tengo la más absoluta convicción de que la emisión de la criptomoneda (criptovalor o criptoactivo) llamada Petro (13), recientemente decretada por el gobierno revolucionario y sobre la cual hablaremos ampliamente en un próximo artículo, al estar respaldada inicialmente por 5.000 millones de barriles de petróleo certificados, subyacentes en la Faja Petrolífera Hugo Chávez (unos 267.000 millones de dólares al precio actual), habrá de permitirnos ganar importantes batallas en el campo de la guerra económica, al lograr destruir el fetiche del dólar ilegal, porque sólo un loco, un estúpido o un fanático de la derecha política, que son más o menos la misma cosa, preferiría atesorar una moneda sin respaldo en lugar de un valor con respaldo exigible actualmente en petróleo y próximamente en oro y minerales estratégicos debidamente certificados. El Petro habrá de dotarnos también de un poderosísimo medio de pago internacional, rompiendo de hecho el bloqueo financiero que nos tienen impuesto. Ocurre sin embargo que esta medida económica inicialmente defensiva pero de potenciales efectos letales sobre el alicaído dólar estadounidense, al contribuir en forma importante al progresivo desplazamiento de dicha divisa como principal medio de pago internacional, debe producir una fuerte reacción del imperio que debemos estar preparados para enfrentar exitosamente.

El otro de los retos, la reelección del Presidente Maduro, es en teoría mucho menos complejo de superar, a pesar de que el imperio hará hasta lo imposible por imponerle un candidato único a la maltrecha oposición “democrática” venezolana y de que tratará de montar unas elecciones tuteladas con el apoyo de organismos multinacionales como la ONU y la OEA.

A no dudarse, en unas elecciones libres del tremendo acoso internacional, celebradas en un país no sometido a la brutal guerra económica que ahora nos agobia, el Camarada Maduro sería imbatible en virtud del inmenso prestigio adquirido al haber logrado salir airoso de cinco años completos de ataques del imperio, más virulentos algunos de ellos que muchos de los aplicados al Comandante Chávez en su momento, así como por la impresionante cadena de victorias personales alcanzadas durante el 2017, señaladas acertadamente por el analista Ignacio Ramonet en su escrito “Las 12 victorias de la revolución bolivariana en el 2017” (14).

Sin embargo, sobre este tema de la reelección debemos reiterar nuestra proposición de no convocar elecciones hasta tanto no cese en lo fundamental el asedio impuesto por el imperio y sus aliados y que de lograrse esta condición, dichas elecciones sean convocadas bajo un nuevo formato, más cercano al elector y menos vulnerable a las manipulaciones mediáticas. La soberanísima Asamblea Nacional Constituyente puede dar plena garantía de que sean satisfechas ambas condiciones.

¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!




celippor@gmail.com
Caracas, enero 04 de 2018

jueves, 14 de diciembre de 2017

2017: un año de terribles ataques pero de clamorosas victorias de la revolución bolivariana
Carlos E. Lippo




A juicio nuestro el 2017, próximo ya a terminar, ha sido un año de fuertes contrastes en lo que respecta a Venezuela y a la revolución bolivariana. Un año en el cual la contrarrevolución venezolana, agrupada en torno a la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), un engendro pitiyanqui que nunca ha sido una instancia válida para celebrar acuerdos políticos ni jamás ha sido democrática, aunque siempre ha estado tutelada y financiada por el imperio, estuvo muy cerca de generar una cruenta guerra civil entre nosotros, que le hubiese servido de excusa para intervenirnos militarmente.

En efecto, desde los inicios del mes de abril y hasta el 30 de julio inclusive, fecha en la cual tuvo lugar la  elección de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), la contrarrevolución toda protagonizó una serie de actos terroristas, apoyada descaradamente por la canalla mediática internacional y fuertemente acicateada por la actitud cómplice y alcahueta de la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, actualmente fugitiva de la justicia venezolana, que al mismo tiempo que se abstenía de imputar cualquier tipo de delito aun  a los terroristas apresados en flagrancia por las fuerzas del orden público, hacía una auténtica apología del crimen con frases como ésta: “No se le puede pedir comportamiento pacífico a ciudadanos cuando el Estado toma acciones ilegales” (1), contenidas en unas declaraciones dadas al diario The Wall Street Journal el 03 de mayo de 2017.

Considero innecesario repetir la larga lista de crímenes cometidos por los activistas de la contra, la inmensa mayoría de ellos mercenarios, durante esos casi 120 días de terror. Mencionaré sólo el que nueve compatriotas fueron quemados vivos, falleciendo cinco de ellos (2), así como que fueron atacados centros de salud y centros educativos con gran presencia de niños, todo ello en medio del silencio cómplice de la dirigencia opositora, de la academia, de la alta jerarquía católica y por supuesto de la canalla mediática nacional e internacional que presentaba a los autores materiales de esta auténtica orgía de sangre como “héroes luchadores por la libertad”.

Si el pueblo y el gobierno revolucionario hubiésemos respondido a esta brutal agresión con el mismo grado de violencia, como debo confesar que estuve tentado a proponer en algunos de los momentos más álgidos, es indudable que hubiésemos provocado la intervención armada del imperio y sus aliados en defensa de estos “luchadores por la libertad”, generando un conflicto de alcance regional y presumiblemente también global.

Haber reducido a estos alabarderos del imperio mediante la acción decidida y en algunos casos verdaderamente heroica del pueblo revolucionario, que en número superior a los ocho millones (41,53 %) desafiamos a los violentos para concurrir a elegir a nuestros candidatos a la Asamblea Nacional Constituyente y con ello lograr instaurar la paz a todo lo largo y ancho del territorio nacional constituye sin duda alguna la victoria revolucionaria más importante del año.

Simultáneamente con esta brutal agresión el imperio siguió desarrollando la guerra económica, que ha continuado intensificando hasta haber logrado darle unas magnitudes de vértigo en nuestros días. El arma principal de esta guerra es una tasa de cambio ilegal difundida diariamente por el portal web llamado “DolarToday”, que ha logrado imponerse como marcador de todos los precios en el seno de nuestra economía al haber creado una demencial avidez por la divisa norteamericana; “el único dólar caro es el que no compras hoy”, es el histérico grito de guerra de nuestros comerciantes inescrupulosos, mientras suben a cada hora y con extrema impudicia el precio de todos los productos que comercializan. El hecho de que la tasa de cambio ilegal haya subido desde 3.200 Bs.xUSD (02/01/2017) hasta 102.276,63 Bs.xUSD al día de hoy, sin ninguna razón econométrica válida para ello, puede dar una idea cabal de por qué decimos que la guerra económica ha adquirido unas dimensiones de vértigo.

El propósito de esta guerra es generar una crisis de carácter humanitario en el país, que al serle atribuida a errores y deficiencias del gobierno revolucionario generase una insurrección popular contra éste, a la vez que serviría para “justificar” una eventual intervención militar del imperio.

En torno a esa pretendida crisis humanitaria, Alfred de Zayas, un experto de la ONU ha declarado lo siguiente en una reciente visita al país: “Coincido con la FAO y Cepal que no existe tal crisis humanitaria en Venezuela, aunque en algunos sectores hay escasez, desabastecimiento, demoras en la distribución, etc. Lo que es importante es conocer las causas y tomar medidas contra el contrabando, monopolios, acaparamiento, corrupción, manipulación de la moneda y dislocaciones de la economía por una guerra económica y financiera que incluye sanciones y presiones…” (3) ¡Más claro imposible!
El gobierno revolucionario con medidas tales como: la regularización del suministro de insumos alimenticios y alimentos terminados a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP); el decreto de cuatro aumentos generales de salarios (08/01, 01/05, 02/07 y 01/11); y el mantenimiento del impulso de las grandes misiones sociales en materia de vivienda, educación y salud; y apoyado en la sabia y estoica actitud del pueblo, ha logrado ir paliando una problemática cuya solución definitiva requiere de medidas estructurales aplicadas a nuestra economía, obviamente de efectos no inmediatos.

Combatir la tasa de cambio ilegal mediante la aprobación de medidas como la propuesta por Pasqualina Curcio, de exigir a las transnacionales que operan en el país que al reportar a sus casas matrices sus ganancias en bolívares deban convertirlas según esa misma tasa ilegal (4), así como la propuesta por Fernando Travieso, de establecer un nuevo impuesto a las transnacionales petroleras que operan en la Faja del Orinoco, indexado al aumento de esa tasa ilegal, con base en un aumento al 40 % del Factor de Recobro de la Faja (5), debe ser tarea inaplazable de la Asamblea Nacional Constituyente.
En todo caso, considero que el no haber sucumbido ante tan despiadada guerra representa para todos nosotros una nada desestimable victoria moral.

Las duras sanciones de carácter financiero impuestas por el imperio y la UE durante el segundo semestre del año, aunadas a acciones ilegales de la empresa Euroclear amparadas en una interpretación amañada del alcance de dichas sanciones, han hecho realidad la profecía auto realizada de Wall Street, de hacer caer al estado venezolano en situación de impagos (default) de su deuda financiera. La situación real es que aunque nuestro país ha visto reducidos sus ingresos en dólares por efecto de las sanciones, tiene bloqueados en la actualidad más de 3.000 millones de dólares en el sistema financiero mundial (6), cantidad más que suficiente para haber pagado los cupones de los bonos Soberanos y de PDVSA que se encuentran en el período de gracia o ya lo han rebasado. En la actualidad el gobierno revolucionario está negociando con sus acreedores una reestructuración de la deuda financiera; ha obtenido un refinanciamiento de su deuda no financiera con Rusia y ha recibido el apoyo del gobierno chino que ha señalado enfáticamente que confía en que Venezuela podrá honrar la totalidad de su deuda financiera (8).

Tales medidas, junto a la decisión de salir de la órbita del Petrodólar, vendiendo nuestro petróleo en divisas distintas de la estadounidense (Euros, Yuanes y Rupias), así como la de lanzar una criptomoneda que habrá de llamarse el Petro, con respaldo en oro, al diversificar ampliamente nuestros medios internacionales de pago, habrán de servir para atenuar en forma significativa los efectos del ilegal bloqueo financiero impuesto por el imperio y sus aliados.

Si tomamos en consideración que el imperio a buen seguro contaba con “ponernos de rodillas” a partir de la imposición de este auténtico bloqueo financiero, entonces tenemos que convenir en que al menos nos estamos anotando una victoria parcial en relación a este aspecto.

El 2017 ha sido también un año pródigo en amenazas de intervención militar por parte del imperio, que se inició con la prórroga por un año más de la Orden Ejecutiva de Obama que nos declara como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de los Estados Unidos, por parte del mismo Obama, pocos días antes de entregar el gobierno a Trump; amenaza que fue proferida luego por varios funcionarios del más alto nivel, hasta culminar con la del propio Donald Trump, proferida en el mes de agosto, de manera clara y directa, y refrendada de manera implícita en su intervención ante la Asamblea General de la ONU en el mes de septiembre, en la que calificó al gobierno revolucionario de “inaceptable dictadura socialista”, como paso previo a señalar seguidamente que su país “…está preparado para tomar nuevas acciones” si Venezuela persiste en imponer “su gobierno autoritario”.

Amenazas del imperio son también los ejercicios militares conjuntos realizados en territorio americano en combinación con fuerzas de la OTAN y las de países de la región cuyos gobiernos actuales son fuertes detractores del nuestro, de los cuales se realizaron al menos siete a partir del mes de junio, dos de ellos (“Vientos Alisios 2017” y “América Unida”), en localizaciones extremadamente cercanas a nuestras fronteras marítimas y terrestres (8).

El hecho es que el efecto de tales amenazas ha sido totalmente contrario al esperado por el imperio, al haber servido sólo para elevar el grado de conciencia de nuestro pueblo, ahora más antiimperialista que nunca, y para potenciar aún más la unión cívico-militar bolivariana puesta en evidencia por los “Ejercicios Militares Zamora-200” (9), celebrados en el mes de enero ¡Una auténtica victoria de la revolución bolivariana!

En el ámbito diplomático también recibimos fuertes ataques del imperio. Frescos aún están sus patéticos intentos en la OEA por crear una fuerza militar invasora de carácter multiestatal; en esa tarea se quedaron casi completamente aislados, acompañados sólo de los doce gobiernos más entreguistas de la región. Más patéticos aún han sido aún los esfuerzos frustrados de su representante en el Consejo de Seguridad de la ONU, por hacer que se discuta el “caso Venezuela” y lograr una resolución condenatoria de ese alto organismo. Imagino que al menos debió ser igualmente frustrante para el imperio, la aplastante votación en contra de su propuesta condenatoria en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, así como el hecho de que aprobásemos nuestro segundo Examen Periódico Universal (EPU), con mejores calificaciones que él ¡Una Victoria en toda la línea!
Sin embargo, ha sido el ámbito político electoral el escenario de nuestras más clamorosas victorias durante este 2017, al haber logrado derrotar ampliamente a la contrarrevolución en tres procesos electorales, con unos niveles de participación que ya desearían tener para sus comicios presidenciales el imperio y todos sus aliados, en sólo 133 días: elección de constituyentes, el 30 de julio; elecciones de gobernadores de estado el 15 de octubre, en las que obtuvimos el 80 % de los cargos en disputa; y  elecciones de alcaldes, el pasado 10 de diciembre, en las que obtuvimos casi el 92 % de los cargos en disputa en un proceso en el cual la MUD, desobedeciendo las órdenes del imperio, participó, mayoritariamente de manera encubierta, al mismo tiempo que una parte de ella promovía la abstención, siendo derrotada por una participación que superó el 47 %, una de las mayores de la historia para este tipo de comicios en el país. La obtención de tan formidables resultados en tan poco tiempo es absolutamente congruente con el hecho cierto de que mientras la MUD ha hecho implosión a consecuencia de las importantes contradicciones existentes entre los partidos que la conforman, derivadas de las apetencias personales de sus dirigentes, el chavismo ha logrado recomponerse totalmente desde aquella infausta derrota de diciembre de 2015.

Si nuestro esfuerzo por construir el socialismo en la patria de Bolívar y Chávez chocase sólo contra esta ineficaz oposición podríamos considerar que hemos hecho gran parte de la tarea; sin embargo sabemos que  no es así, ya que nuestro verdadero contendor es el capitalismo internacional personificado por el imperio estadounidense y toda su cohorte de aliados internacionales de distinto pelaje.

Resulta evidente pues que los ataques del imperio habrán de intensificarse en el 2018, con el objetivo central de forzar un resultado favorable a sus alabarderos en las próximas elecciones presidenciales, para las cuales el Presidente Maduro, en caso de lograr mantener el ritmo ascendente de su popularidad, sería imbatible. No es ocioso recordar que un reciente sondeo realizado por una empresa encuestadora reconocidamente opositora muestra que la imagen positiva del camarada Maduro continuaba su tendencia ascendente, ubicándose a finales de noviembre en un nada desestimable 31,1 %, extremadamente por encima de cualquiera de los actuales aspirantes a sucederle (10).

Para finalizar debo decir que tengo la más absoluta convicción de que el venidero año 2018 será aún más pródigo que el actual en ataques del imperio y en prueba de ello pasaré a citar los siguientes hechos de muy reciente ocurrencia:
·         La aprobación por parte de la cámara de representantes del congreso del imperio, de un proyecto de ley con base en el cual se pretende enviar comida y medicamentos a Venezuela, sin autorización de nuestro gobierno, intentando violentar de esta forma la soberanía y el marco legal del país (11), ocurrida en una sesión en la cual también se aprobó recomendar la aplicación de nuevas sanciones.
·         El nombramiento del reconocido halcón Todd D. Robinson, como encargado de negocios de la embajada gringa en Venezuela, en el rol de máximo representante del imperio entre nosotros (12).
·         La contratación directa por parte del Departamento de Estado, de una millonaria asesoría cuyo propósito, a decir de un director del ente contratado, sería proporcionar a la oposición las herramientas necesarias para trabajar de forma más cohesiva como una coalición unida; en pocas palabras, la constitución de una nueva MUD, supuestamente más eficaz y eficiente que la ya fallecida.
 ¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!


Caracas, diciembre 14 de 2017