viernes, 7 de diciembre de 2018


Venezuela, siglos XIX-XXI, un digno país que ya ha derrotado a dos imperios (*)
Carlos E. Lippo

“Toda la gigantesca obra de El Libertador fue y es antiimperialista. Ese es su signo más definitorio.
Cada frase suya de rebeldía, cada marcha, cada combate cuerpo a cuerpo, cada proclama, es una acción convencida contra la hegemonía imperial”.
Yldefonso Finol, historiador, filósofo y analista político venezolano



El Imperio Español fue el primer imperio global de la historia, ejerciendo dominio pleno sobre vastos territorios en los cinco continentes hasta alcanzar más de 20 millones de kilómetros cuadrados, desde finales del siglo XV hasta finales del siglo XIX. El hecho de que una inmensa cantidad de estos territorios no pudiesen ser alcanzados por tierra establece una diferencia importante con el Imperio Romano y con el Imperio Mongol, dos de los más grandes imperios que le precedieron, que es quizás una de las pocas diferencias apreciables entre ellos, caracterizados todos por su extrema crueldad y vesania para con los pueblos subyugados.

Considero que su expulsión del territorio continental americano a raíz de la victoria del ejército libertador comandado por el venezolano Antonio José de Sucre en Ayacucho, Perú, representó prácticamente el fin de tan vasto imperio puesto que sólo fue cuestión de tiempo para que el naciente imperio global estadounidense, después de derrotarlo en una guerra en la que lo había obligado a intervenir por medio de un ataque de falsa bandera perpetrado sobre uno de sus acorazados anclados en la bahía de La Habana, lo despojase de sus últimas posesiones en América, las islas de Cuba y Puerto Rico, en el mar Caribe, así como de las Filipinas y las Islas Marianas en el Pacífico Occidental.

El hecho de que el Mariscal de Ayacucho estuviese bajo el mando supremo de El Libertador Simón Bolívar, en ese entonces presidente de la República de Colombia (conformada por los territorios de las actuales repúblicas de Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela), y que la base de su ejército estuviese conformada por los mismos llaneros venezolanos con los que este último hiciese el heroico paso de Los Andes en el páramo de Pisba en 1819, me permite decir con toda propiedad que es el pueblo venezolano el auténtico vencedor del imperio español en América; tratándose éste del mismo pueblo que constituyendo esa amalgama de indígena originario, negro africano y blanco europeo, el Libertador identificase ya en 1815 como un nuevo género humano y más tarde Vasconcelos llamase “la raza cósmica”, estando muy lejos de tener pretensión supremacista alguna.

El más reciente imperio global, el estadounidense, comenzó a ser proyectado por sus llamados “padres fundadores” en los albores de su independencia del imperio británico, de la mano de la doctrina del Destino Manifiesto, según la cual ellos asumen que deben extenderse por todo el continente americano, que les ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo de un gran experimento de libertad y autogobierno; siendo esto para ellos un derecho comparable con el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino.

Nuestro primer y único enfrentamiento militar con el imperio estadounidense aún en gestación, tuvo lugar en diciembre de 1817, cuando el ejército expedicionario venezolano que había liberado el territorio de la isla Amelia, para fundar la república de La Florida por órdenes expresas del libertador Simón Bolívar, fuese derrotado por el general estadounidense Andrew Jackson, al mando de una fuerza militar conjunta hispano-estadounidense.

Posteriormente, a mediados de 1818 estuvimos muy cerca de llegar a otro enfrentamiento militar, en ocasión del apresamiento por parte de las fuerzas patriotas, de dos buques mercantes privados de bandera estadunidense, que cargando armas y demás efectos militares y violando el bloqueo impuesto por las fuerzas patriotas, penetraron en el río Orinoco con el propósito de entregar su carga a las fuerzas realistas españolas. En esa oportunidad el gobierno estadounidense, con toda la prepotencia y la petulancia de las que ya adolecía en tan lejana época, intentó una extremadamente airada reclamación ante el gobierno revolucionario venezolano, que no derivó en un conflicto bélico gracias a la paciencia y la habilidad diplomática del Libertador.

Su boicot continuado al Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, máxima expresión del ideal integracionista latinoamericano de El Libertador, con la manifiesta complicidad del traidor vicepresidente de la República de Colombia, Francisco de Paula Santander, a quien una empresa privada que aspiraba a construir el canal interoceánico hizo socio, mantuvo viva la manifiesta conflictividad entre el gobierno estadounidense y El Libertador, quien con todo fundamento escribió en una carta dirigida al coronel Patricio Campbell, fechada en Guayaquil el 15 de agosto de 1829, la siguiente frase lapidaria: "Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad".

Desde la repentina muerte del Libertador, ocurrida en diciembre de 1830 cuando éste se aprestaba a invadir a Venezuela para recuperar el poder usurpado por el traidor Páez, a la cual tengo la firme convicción de que estuvo vinculado el gobierno de Washington, hasta comienzos del siglo XX, el imperio norteamericano pareció haber dejado de lado su abierta actividad injerencista en contra de Venezuela.
Durante ese largo intervalo parece haber cedido terreno en Venezuela a favor del imperio Británico, que intentó entonces despojarnos de toda la rica región de Guayana al sur del río Orinoco, y terminó por despojarnos con su ayuda de nuestra Guayana Esequiba.

Semejante repliegue del imperio norteamericano no significaba en modo alguno un cambio de actitud hacia Venezuela, sino un obligado aplazamiento táctico mientras se ocupaba de extenderse a nivel global, mediante turbias acciones tales como éstas: despojando a México de más de la mitad del territorio que le correspondía por herencia del imperio español, representado por los actuales estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas, así como parte de los estados de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma; despojando a España de sus islas del Caribe y el Pacífico Occidental; apoderándose por la fuerza de las islas Hawai; adquiriendo el territorio de Alaska del corrupto y arruinado régimen zarista de Rusia; así como por medio unas cuantas tropelías anexionistas que no es del caso mencionar en estas cortas líneas.

Es en los inicios del siglo XX, cuando en ocasión del bloqueo naval de nuestros principales puertos así como de las bocas del Orinoco, impuesto por los imperios Británico y Alemán junto al reino de Italia, que reclamaban el pago de unas ilegales y extremadamente abultadas deudas no reconocidas por el gobierno nacionalista del general Cipriano Castro, que el gobierno del imperio, invocando la Doctrina Drago, por no querer aplicar la Doctrina Monroe en contra de sus aliados de entonces y de hoy, se ofrece para servir de mediador entre nuestro gobierno y las potencias invasoras logrando el desmontaje del bloqueo y el inicio de unas conversaciones a raíz de las cuales pudo determinarse, entre otras cosas, que el monto real de la dichosa deuda era de una sexta parte de lo que se pretendía cobrarnos.

No tardaría el imperio en cobrarnos con creces tan auspiciosa intervención apoyando el golpe de estado que propinase el vicepresidente Juan Vicente Gómez a su compadre Cipriano Castro, en diciembre de 1908, con el envío de tres buques de guerra a fondear en las aguas de nuestro principal puerto, en estado de franca hostilidad y amenaza.

Con la larguísima dictadura de Gómez se establece un férreo dominio del imperio norteamericano en Venezuela, traducido en una suerte de protectorado no formal, con todas las ventajas de éste pero sin ninguna obligación para con los “protegidos”, que habrá de ser tolerado en mayor o menor grado por todos nuestros gobiernos, independientemente de su forma y origen, hasta 1998.

Fueron en total 90 años de vergonzante entrega de nuestra soberanía económica, militar y política, afianzada en una burguesía improductiva y apátrida, capaz hasta de pagar por venderse; una casta militar sin coraje ni sentido patriótico, formada, o mejor dicho “deformada”, en las academias militares gringas; y una élite política parasitaria y sin los más mínimos escrúpulos, capaz de traicionar a las grandes masas populares que creyeron en ella y su falsa democracia, una, una y otra vez.

Un caso extraído de nuestra industria petrolera subdesarrollada y dependiente habrá de servir para ilustrar la terrible entrega de nuestra soberanía económica. Se trata de la Orimulsión, un combustible resultante de mezclar agua con el crudo extrapesado de la Faja Petrolífera del Orinoco, “inventado” por el Centro de Investigación y Apoyo Tecnológico de la PDVSA de entonces, que por no representar ninguna innovación sólo pudo ser registrado como una marca comercial identificadora del crudo de ese origen.

Con este subterfugio se nos hacía vender nuestro crudo extrapesado, que no era bitumen como sostenían los gringos, sino petróleo líquido extraíble por los métodos convencionales de entonces, a precios equivalentes al del carbón, que para esos días eran tres veces menores que el precio de ese tipo de petróleo. Como entre 1990 y 2001 se exportaron trescientos millones de barriles de Orimulsiòn con descuentos de US$ 10,04 por barril, la pérdida patrimonial para el país, sólo por este concepto, fue del orden de los 3.000 millones de dólares americanos; esto sin tomar en cuenta las pérdidas derivadas de la disminución que su presencia en los mercados significaba, para el precio de nuestros crudos convencionales y de todos los de la OPEP.

El sólo hecho de haber intentado recuperar nuestra soberanía en todos sus órdenes, habiendo logrado algunos éxitos importantes, hubiese sido más que suficiente para colocarnos en la mira del imperio, necesitado como nunca de expoliar nuestros ingentes recursos naturales, a causa de su dependencia cada vez mayor de las grandes corporaciones privadas del capitalismo neoliberal que, ha conducido a un caos generalizado que afecta la vida de las mayorías empobrecidas, negras o blancas, que sobreviven con salarios de miseria, sin salud, sin seguridad social y sin posibilidad ninguna de escapar del ciclo inexorable de la pobreza. Si a eso agregamos nuestro intento por demostrar que un mundo mejor es posible, mediante nuestra contribución a la creación de un mundo pluripolar y multicéntrico, así como el haber declarado el carácter socialista y antiimperialista de nuestra revolución, es absolutamente explicable que hayamos sido convertidos en el objetivo militar prioritario que hoy día somos. Un objetivo que habiendo sido establecido como tal desde el inicio de nuestra revolución en 1999, adquirió ese carácter prioritario de primer orden a raíz del asesinato de Chávez.
Considero haber demostrado fehacientemente, en anteriores trabajos, que la amenaza militar del imperio sobre Venezuela es absolutamente real y que lamentablemente podría ser materializada en cualquier momento a partir de ahora. En contraposición, la amenaza que nosotros pudiéramos representar para la hegemonía imperial, nunca de carácter militar, es algo que nos  enorgullece porque siendo reconocida por nuestros aliados, gobiernos y movimientos sociales a nivel planetario, debiera promover su más decidido apoyo a nuestra revolución junto al más contundente rechazo a las bastardas pretensiones del imperio.

Sostengo que hemos derrotado al imperio norteamericano, aun cuando la batalla de Ayacucho de esta guerra aún no se ha librado, porque el sólo hecho de haber podido resistirla estoicamente, manteniendo intacta nuestra moral de combate y acrecentando nuestros valores socialistas, constituye no sólo un triunfo en sí mismo, sino el mayor de los auspicios para lo que sería, a no dudar, el gran Vietnam de la América Latina.

Es por ello que aunque celebro y agradezco aquella frase de Pilger con la que trata de exaltar a la Revolución Bolivariana hasta el infinito, al señalar que “Si Venezuela cae, la humanidad cae", no la comparto a plenitud, ya que prefiero decir que si Venezuela cae, toda la América Latina estará en riesgo inminente de volver a ser el “patio trasero” de los Estados Unidos y esto, que es de tan extrema gravedad, no será permitido dócil ni pasivamente por nadie en el seno de la comunidad mundial decente, ni mucho menos por nuestros aliados del ALBA-TCP, ni por las grandes potencias amigas: Rusia, China Irán y Turquía. ¡Veremos entonces si el imperio norteamericano podrá sobrevivir a tan formidable conflagración!
¡Hasta la Victoria, Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
 (*)   “Venezuela, un pequeño pero valeroso y digno país que ya ha derrotado a dos imperios”, Carlos E. Lippo, Editorial Académica Española, páginas 208- 212, 03 de mayo de 2018.
Caracas, diciembre 07 de 2018
celippor@gmail.com

viernes, 30 de noviembre de 2018


Venezuela ya está en la mira del nuevo comandante del Comando Sur
Carlos E. Lippo

“Los esfuerzos militares de momento han dado cobertura a la diplomacia para garantizar una transición pacífica en Venezuela,
 pero la situación es desastrosa, y está afectando a toda la región. Nuestro principal foco serán nuestros aliados”
Almirante Craig Faller, comandante actual del Comando Sur estadounidense



A manera de recordatorio y tal como ya señalásemos en un trabajo anterior (1), debemos decir que el Comando Sur es uno de los diez comandos que conforman la maquinaria militar más mortífera del planeta, tratándose de un mando conjunto integrado por efectivos militares y civiles que representan a todas las  ramas de las Fuerzas Armadas Estadounidenses: el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, el Cuerpo de Marina (“Marines”), la Guardia Costera, así como de varias agencias federales,  la CIA y la NSA, entre ellas, junto a sus respectivas agencias mamparas como la USAID y la NED. Un Comando que cuenta entre sus múltiples recursos con la Cuarta Flota, reactivada en el 2008 después de haber permanecido inactiva durante 58 años, como una respuesta político-militar al surgimiento de regímenes populares de carácter nacionalista y antimperialista en Venezuela y otros países de Suramérica, Centroamérica y El Caribe.

En resumen, se podría decir además que el Comando Sur consiste básicamente en un comando unificado de seguridad, que está encargado de velar por la seguridad y los intereses del imperio en el territorio de las 31 naciones latinoamericanas que, con excepción de Méjico, Cuba y las colonias gringas aún existentes en el área del Caribe, forman parte de la América del Sur, la América Central y el Caribe, garantizando una amenazante, permanente y efectiva presencia militar gringa en la región.

El centro de operaciones de esta extremadamente letal panoplia militar se encuentra ubicado en el sur de la Florida, siendo oportuno señalar que a mediados de 2015 el actual e írrito presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, en su primer mandato también de más que dudosa legitimidad, solicitó a los gringos, en supremo acto de lacayismo y adulación, que trasladaran a su país dicho centro de operaciones (2). Los gringos se apresuraron a declinar “formalmente” esta vergonzante solicitud; no obstante enviaron a ese país una cantidad importante de funcionarios civiles y militares adscritos a dicho comando, en una acción que James Petras interpretó en su momento, que tenía como propósito crear una plataforma militar adecuada para intervenir en América Latina y en específico en Venezuela, si las  elecciones parlamentarias previstas para diciembre de ese año terminaban con un resultado demasiado estrecho (3).

Podría decirse que el Comando Sur adquirió entre nosotros una infausta notoriedad desde mediados de ese mismo año 2015, a raíz de las reiteradas declaraciones injerencistas de su jefe de entonces, el general John Francis Kelly, un connotado asesino de élite al frente de las fuerzas de conquista y ocupación en Irak, donde permaneció por más de 8 años, además de un eficiente verdugo, durante su pasantía como comandante de la base naval y prisión de Guantánamo; quien en relación a Venezuela se comportase en aquel entonces como un verdadero payaso con guerrera de general que llegó a decir, palabras más palabras menos, que sólo pensaba en Venezuela durante 40 segundos diarios y eso sólo para rezar por nosotros que estábamos sumidos en una brutal crisis humanitaria de la cual él estaba dispuesto a rescatarnos a través de los organismos multinacionales, sólo si se lo solicitábamos (4).

Con muchísima más pena que gloria y con una inmensa frustración a cuestas, el general Kelly entregó la jefatura del Comando en enero de 2016, sin haber podido ver materializada su profecía autocumplida, que no era otra que invadir a venezuela por solicitud de la OEA con base en la “crisis humanitaria” en la que han venido pretendiendo fallidamente sumir al país.

Le sucedió en la jefatura del Comando el vicealmirante Kurt Tidd, funcionario de gran experiencia militar en el medio oriente, en Irak y en el Golfo Pérsico (estrecho de Ormuz), así como también de gran experiencia diplomática-militar en Irán, junto al secretario de estado de la administración Obama, el inefable John Kerry; siendo necesario señalar que durante la audiencia de confirmación de su nombramiento por parte del Senado, se refirió a Venezuela utilizando la misma retórica difamatoria y con la misma prepotencia que su predecesor, lo que me hizo señalar en un artículo titulado “La no tan nueva estrategia del Comando Sur en contra de Venezuela” (5), que se trataba del mismo “musiú” aunque con diferente gorra.

Tidd dio inicio tempranamente a sus acciones injerencistas en contra de Venezuela suscribiendo el documento titulado en inglés: “Venezuela Freedom-2 Operation - Phase preceding - Executive summary. 25.2016, February/Admiral Kurt W. Tidd, Commander U.S. Southern Command (SOUTHCOM)” (6), que resultaba ser un compendio de las principales tácticas de guerra de cuarta generación que nos había venido aplicando el imperio y que se proponía seguirnos aplicándo con mayor intensidad aún, hasta lograr derrotar nuestra revolución y retrotraernos al anterior estatus neocolonial. Dicho documento tenía como algunas de sus muy escasas “virtudes”, a juicio mío, el llevar implícito un reconocimiento de las actividades terroristas desarrolladas hasta ese momento por los diferentes elementos de la contrarrevolución local, así como el lograr demostrar de una manera incontrovertible aquella hipótesis que formulásemos a finales de octubre del año 2015 en relación a que el liderazgo de la oposición no hacía otra cosa que seguir las instrucciones del Comando Sur, cuyo comandante fungía de verdadero jefe de todos ellos.

Una demostración fehaciente de cuanto empeño puso el Almirante Tidd en promover una intervención militar conjunta de Venezuela la constituye un documento secreto  del Comando Sur suscrito por él mismo, el 23 de febrero del presente año, cuyo título en inglés es “PLAN TO OVERTHROW THE VENEZUELAN DICTADORSHIP, MASTERTROKES” (7) (“Plan para Derrotar la Dictadura Venezolana, Golpe Maestro” (8)), una de cuyas consideraciones finales señala textualmente, sin eufemismos de ningún tipo: El Gobierno Bolivariano solo podrá ser derrocado a través de una "operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, en el contexto legal y mediático del secretario general, Luis Almagro".

La pretendida invasión, que en este caso había sido prevista utilizando como pantalla la movilización militar asociada a las maniobras navales UNITAS LIX, celebradas en aguas del Caribe Colombiano a comienzos de septiembre de este 2018, no pudo ser materializada debido a la estrepitosa derrota experimentada por el imperio en la sesión extraordinaria del consejo permanente de la OEA convocada para el 05 de septiembre, al no poder ni siquiera plantear el tema de la condena a Venezuela debido a que la correlación de fuerzas le era totalmente adversa. Es por ello que el Almirante Tidd tuvo que entregar la jefatura del Comando el pasado Lunes 26, con muchísima más pena que gloria, al igual que su predecesor inmediato, el general Kelly.

El nuevo jefe del Comando, el almirante Craig Faller es un egresado de la Academia Naval con una maestría en Asuntos de Seguridad Nacional y Terrorismo, veterano de la operación “Libertad Duradera”,  (2001-2002) que casi borra del mapa a Afganistán con la excusa de apresar a aquel anciano enfermo renal crónico, Osama Bin Laden, al que acusaban de haber dirigido el “ataque” a las Torres Gemelas del WTC; también es veterano, coincidente con el inefable John Kelly, de la invasión a Irak (2003), que logró retrotraer a la “Edad de Piedra” a la que fuese la cuna de la civilización humana, un país heredero de aquella antigua cultura que inventó la escritura y la rueda; así mismo, viene de ser asesor principal y adjunto del secretario de defensa John “Perro Rabioso” Mattis. Su nominación estuvo a punto de ser rechazada en el senado, a causa de su participación en varias “escandalosas cenas” ofrecidas junto con algunos “regalos”, por un contratista militar que se declaró culpable de cargos de soborno hace tres años; participación que ha sido reconocida por funcionarios de los departamentos de defensa y de justicia que han dicho que Faller no cometió ningún delito, pero que se encuentra entre cientos de oficiales navales enredados en el caso del citado contratista (9).

La tarea primordial que debe cumplir el almirante Faller al frente del infausto comando le fue claramente definida por su jefe el secretario Mattis, quien en su discurso durante la ceremonia de toma de posesión, a la que acudieron los representantes militares de varios países latinoamericanos, señaló que si bien Tidd había trabajado para fortalecer la confianza entre las fuerzas armadas del hemisferio, Faller debería llevar al “siguiente nivel” la cooperación comandada por Tidd, logrando de esta forma incrementar la contribución de éstas en la lucha contra el terrorismo y la violencia en una región que calificó de “crítica” para la seguridad nacional de los Estados Unidos (10). 

Si asociamos este inusitado énfasis en la “lucha antiterrorista” a las recientes acusaciones formuladas por funcionarios del imperio y de algunos de los países de la región que le son más afectos, en relación a que el Estado Venezolano es un estado patrocinador del terrorismo, tal como lo señalásemos en nuestro artículo anterior titulado “El supuesto patrocinio al terrorismo es la nueva excusa del imperio para invadir a Venezuela” (11), podremos inferir claramente cuál país será el blanco principal de las acciones injerencistas de todo tipo promovidas por el comando durante el ejercicio de su recién nombrado jefe.

Sostengo responsablemente que Venezuela ya está en la mira del nuevo jefe del Comando Sur por las siguientes razones:

  • Ante una de las “Preguntas Anticipadas” contenidas en el cuestionario previo a la audiencia de confirmación en el Senado, el almirante Faller respondió que el Hezbolá libanés contaba con una amplia red de operaciones en la región (12), dándose el caso de que es una supuesta amistad del Gobierno Revolucionario con este grupo insurgente, tachado de terrorista por el imperio, la más reciente excusa del senador Marco Rubio para solicitar la intervención militar de nuestro país.
  • En el mismo cuestionario de preguntas anticipadas respondió: “Venezuela se enfrenta a su peor crisis socioeconómica. Déficit financiero y disminución del petróleo. La disminución de los ingresos junto con la deuda externa y la hiperinflación están exacerbando la crisis humanitaria y expulsando la migración adicional fuera del país. Esta migración masiva hacia los vecinos países está extendiendo la crisis humanitaria y está afectando los recursos de la región”; es decir, ni más ni menos que el mismo discurso apocalíptico sobre nuestro país que mantuvieron sus predecesores Kelly y Tidd, durante sus respectivas gestiones.
  • Ante una pregunta formulada en la audiencia de confirmación por la senadora demócrata Claire Mc Caskill, en relación a que si Trump u otros altos funcionarios de su administración habían sugerido que deberían prepararse para acciones militares “quirúrgicas” en la región, el almirante Faller respondió falsa y estúpidamente: “No estamos haciendo otra cosa que la planificación prudente normal que un comando combatiente haría para prepararse para una serie de contingencias”.

Para nosotros está suficientemente claro que el nuevo jefe del Comando Sur tratará de llevar sus acciones injerencistas sobre Venezuela a un nivel mayor que el desarrollado por sus predecesores, tal como se lo ha exigido públicamente su jefe en el discurso que mencionásemos en uno de los párrafos anteriores y que para ello cuenta con las sumisas y entreguistas fuerzas armadas de algunos de los países de la región; no a otra cosa se refiere el hipócrita grito de “vamos juntos”, proferido en español para terminar su discurso de toma de posesión del cargo. También está suficientemente claro que habrá de tropezar con la misma piedra con la que tropezaron Kelly y Tidd, por lo que en ningún caso le arrendamos las ganancias.
¡Hasta la Victoria, Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
Caracas, noviembre 30 de 2018
celippor@gmail.com

sábado, 24 de noviembre de 2018


El supuesto patrocinio al terrorismo es la nueva excusa del imperio para invadir a Venezuela
Carlos E. Lippo

"Ya es oficial: Estados Unidos es el principal estado terrorista del mundo, y está orgulloso de serlo”
Noam Chomsky, lingüista, filósofo y analista político estadounidense, en noviembre de 2014



El terrorismo es un concepto difícil de consensuar, cambiante y frecuentemente polémico, a un grado tal que la comunidad internacional no ha logrado aún ponerse de acuerdo en cómo definirlo. El concepto de terrorismo ha llegado a ser tratado con tal nivel de subjetividad que la celibérrima BBC (British Broadcasting Corporation), el servicio público de radio y Televisión del Reino Unido, que opera bajo el mandato de una carta de la corona que teóricamente le garantiza su independencia frente a controles de tipo político o comercial y siempre ha tratado de enfatizar su imparcialidad, sugiere en sus manuales de estilo el tratar de evitar los términos terrorista y terrorismo.

Intentando abordar a una definición más o menos neutral podríamos decir que se trata del uso sistemático del terror utilizado por una amplia gama de organizaciones: gobiernos en el poder; grupos de todo tipo (religiosos, racistas, colonialistas, independentistas, revolucionarios, conservadores, etc.; así como también por individuos, con el propósito de intimidar a ciertos grupos poblacionales, promoviendo de esta forma el logro de sus objetivos. Es importante entender que el terrorismo se distingue de los actos de guerra y de los crímenes de guerra en el hecho de que se produce en medio de la total ausencia de ella.

En épocas recientes y no tan recientes, sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han proporcionado apoyo de todo tipo a organizaciones paramilitares y terroristas alrededor del mundo, tal como lo atestigua el informe final sobre una revisión hecha por la CIA a sus propias operaciones encubiertas recientes, ordenada por la administración Obama con el propósito de determinar su efectividad, a raíz de la cual se concluyó que, por desgracia, los éxitos habían sido tan escasos que era necesario reconsiderar esa política, en especial la de armar a insurgentes en todo el mundo, algo que dicha agencia ha venido practicando a lo largo de sus 71 años de existencia. Pero resulta además que también han brindado asistencia a numerosos regímenes autoritarios que han usado el terror como herramienta de represión, un caso tan igual de grave o más grave aún que el anterior.  

El diario “The New York Times” fue el primero en destapar el caso de dicha revisión, al publicar un artículo bajo el título de “Estudio de la CIA sobre la ayuda encubierta aviva el escepticismo acerca de ayudar a los rebeldes sirios”, a raíz de lo cual Noam Chomsky, en un artículo  publicado en la web “Truthout.org” sugiere su propio titular para el trabajo del NYT que, según él, debería haber sido: “Ya es oficial: Estados Unidos es el principal estado terrorista del mundo, y está orgulloso de serlo” (1).

El conocido lingüista, filósofo y analista político estadounidense dice además en ese artículo publicado en noviembre de 2014 que Estados Unidos es "el estado terrorista número uno", teniendo en cuenta sólo sus mortíferas operaciones dirigidas por la CIA en países como Nicaragua y Cuba, dos de los casos de “ayuda encubierta” mencionados junto con el de Angola en el primer párrafo del artículo del NYT, que a su juicio fueron cada uno una verdadera “operación terrorista llevada a cabo por Estados Unidos".

En aras de la brevedad y asumiendo como ampliamente conocidos los casos de Cuba, que incluye acciones terroristas de todo tipo durante estos casi 60 años de revolución, y de Nicaragua, al proveer de armas, entrenamiento y un importante apoyo financiero y logístico a los “Contras” en lo que fue una brutal intervención armada del imperio por medio de ellos, entre 1980 y 1991, pasaremos a reseñar el caso Angola, de la mano del mismo Chomsky.

Señala el catedrático del MIT, que EE.UU. apoyó en la década de los 80 la política del “apartheid” en Sudáfrica, país que invadió Angola con la excusa de protegerse "de uno de los grupos terroristas más notorios del mundo", a juicio de Washington, que era nada más y nada menos, que “El Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela”. Continúa diciendo Chomsky que "Washington se unió a Sudáfrica para dar apoyo crucial al ejército terrorista Unita de Jonas Savimbi en Angola. Siguió haciéndolo incluso después de que Savimbi sufrió una rotunda derrota en una elección libre y cuidadosamente vigilada"; para terminar diciendo que: "Las consecuencias fueron horrendas. Una investigación de la ONU en 1989 estimó que las depredaciones sudafricanas provocaron 1,5 millones de muertes en países vecinos, sin mencionar lo que ocurría en Sudáfrica misma".

Chomsky concluye su artículo refiriéndose a la que define como "la mayor campaña terrorista del orbe”, que no es otra que “el proyecto global de asesinato de “terroristas” lanzado por Obama", mediante la utilización de drones operados con la mayor sevicia a miles de kilómetros de distancia; una acción tan extremadamente horrible y terrorífica que la mayoría de quienes la ejecutaban, con un mal disimulado entusiasmo, se han convertido en asesinos reales, alcohólicos, drogadictos y traumatizados de todo tipo de por vida (2).

A pesar de este extenso prontuario delictivo en materia de terrorismo los Estados Unidos, en su pretendido rol de gendarme mundial, pretenden arrogarse la potestad de atribuir el calificativo de terrorista a algunos de aquellos países que se niegan a aceptar sus designios, incluyéndolos en una lista de “patrocinadores del terrorismo”, que son considerados como colaboradores de “organizaciones terroristas”. Una lista que por supuesto deberían encabezar ellos mismos.

La dichosa lista, que es confeccionada por el departamento de estado, fue creada por primera vez en diciembre de 1979, con la inclusión de Libia, Irak, Yemen del Sur y Siria; siendo oportuno recordar que los dos primeros países han sido prácticamente regresados a la “Edad de Piedra”, a causa de sendas invasiones del imperio y sus aliados de la OTAN, mientras que los gobiernos legítimos de los dos últimos se encuentran librando exitosamente sendas guerras civiles inducidas también por el imperio.

La inclusión de un país en la lista va aparejada de la aplicación de sanciones unilaterales de tipo militar, económico y financiero. En la actualidad tienen el honor de compartir la lista: Corea del Norte, Irán, Siria y Sudán, todos ellos acusados de apoyar a diversos grupos insurgentes no terroristas, tales como Hezbolá y HAMAS.   

Abordando de una vez el tema central de esta nota debo decir que “The Washington Post”, el mayor y más antiguo periódico de la capital del imperio, un medio que como se recordará cobró fama mundial a principios de los 70, por su investigación sobre el caso “Watergate”, que desempeñó un papel importante en la caída del atorrante y felón presidente republicano Richard Nixon, publicó el pasado lunes 19 un artículo (3) que iniciaba diciendo que según comentarios de funcionarios de la administración Trump y algunos mensajes internos de correo electrónico, el gobierno estadounidense se está preparando para agregar a Venezuela a la lista de patrocinadores estatales del terrorismo, en lo que se estima “sería una escalada dramática contra el gobierno socialista de Nicolás Maduro”.
La oprobiosa medida se estaría tomando en respuesta a las presiones ejercidas por algunos legisladores republicanos, en especial por el senador por la Florida Marco Rubio, conocido enemigo de la Revolución Bolivariana, quien ha apoyado su exigencia en supuestos vínculos del gobierno de Venezuela con el Hezbolá libanés, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y otros grupos como la organización separatista vasca ETA, sin haber ofrecido prueba alguna de esas acusaciones.

Continúa el artículo diciendo que los republicanos han acusado a Venezuela de tener vínculos con organizaciones terroristas, pero que los expertos, al minimizar la amenaza y la fuerza de esas conexiones, han advertido que una designación que no ofreciese evidencias concretas podría debilitar la “legitimidad” de la lista, que los críticos dicen que ya se aplica de manera bastante sesgada e inconsistente; dice también en relación a este aspecto que David Smilde, un alto miembro de la Oficina de Washington para Latino América (WOLA), que es una ONG cuyos objetivos declarados son la promoción de los derechos humanos, la democracia y la justicia social y económica en Latinoamérica y el Caribe, ha señalado enfáticamente que sospecha que la designación “se basará en rumores y fuentes de integridad cuestionable”.

Aunque la medida en cuestión aún no ha sido tomada y algunos legisladores como Eliot Engel, líder de la minoría demócrata en el comité de exteriores de la cámara de representantes, amenazan con obstaculizarla (4), considero que habrá de ser tomada más temprano que tarde, basándome para ello en que se trata de una competencia exclusiva del gobierno que la ejerce a través del departamento de estado, cuyo jefe actual, Mike Pompeo, siendo director de la CIA decía en una entrevista concedida a Fox News en agosto de 2017: “Venezuela puede convertirse en un riesgo para los Estados Unidos de América. Los cubanos están allí; los rusos están allí; Hezbolá está allí. Esto es algo que tiene el riesgo de volverse un problema, por lo que los Estados Unidos deben tomárselo muy en serio” (5).

Teniendo ya tantas sanciones encima no son muchas las nuevas sanciones que podrá  imponernos el imperio a raíz de nuestra inclusión en la oprobiosa lista: quizás lleguen a bloquearnos los escasos fondos que aún conservamos en el Fondo Monetario Internacional (FMI) o los que aún hayamos podido conservar en el Banco Mundial (BM) o en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID); quizás presionen más de lo acostumbrado a instituciones como la Organización Panamericana de la Salud  (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) u otras similares a las cuales aportan recursos, para que no nos atiendan debidamente; considero sin embargo que a dicha inclusión habría de seguir un boicot a las exportaciones de petróleo de Venezuela, que sigue siendo aún el cuarto mayor suministrador de petróleo extranjero en los Estados Unidos. Y ello a pesar de lo dicho por Adam Isacson, un “experto” estadounidense en América Latina, también citado en el artículo del WP, en relación a la oposición que a dicho boicot habrían de promover los republicanos en Texas y Louisiana, hogar de refinerías establecidas para procesar el petróleo de alto contenido de azufre de Venezuela, por el fuerte impacto que tal medida tendría sobre los consumidores comunes de ambos estados.

Considero sin embargo que el verdadero impacto adverso resultante de calificarnos falazmente como un país que patrocina el terrorismo, será el de proveer al imperio y sus aliados de la excusa necesaria para poder intervenirnos militarmente en aras de una supuesta defensa de la seguridad regional y la de los propios Estados Unidos; algo en lo cual coincide conmigo David Smilde, quien a decir del mismo artículo del Washington Post teme que la designación pueda "presentar a Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos para legitimar una opción militar".

A raíz de este nuevo intento de agresión del imperio quedan absolutamente claras, como la luna llena, las intenciones de unas recientes declaraciones del embajador colombiano en EE. UU., Francisco Santos, según las cuales el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, un grupo insurgente considerado terrorista por los Estados, Colombia, Perú y la UE, “… es un grupo paramilitar del gobierno venezolano”, que es utilizado “para hacer las cosas sucias que no hace la Guardia Nacional” (6), algo que ha sido también sostenido por el propio presidente Duque, con las mismas intenciones, en múltiples ocasiones.

En el marco de este nuevo escenario bélico posible y como quiera que continúo sosteniendo que la intervención militar del imperio, que habrá de tener como puntas de lanza a Colombia y Guyana (7), será materializada a través de la frontera sur, es que considero que debemos mantener encendidas las alarmas a plena intensidad, con base en los siguientes hechos:

·         La celebración en Brasil, entre el 18 y el 30 de noviembre de la octava edición del “Ejercicio Crucero del Sur” (CRUZEX) (8), en el que participarán al menos 14 países: Brasil, Canadá, Chile, Francia, Perú, Uruguay y Estados Unidos, como participantes activos; Bolivia, India, Suecia, Reino Unido y Venezuela, en el rol de observadores; y Portugal y Alemania como conferencistas, al igual que Francia; desplegándose con unas 120 aeronaves aproximadamente. Una de las novedades de esta edición de CRUZEX es la adición del entrenamiento en escenarios de guerra no convencional, con el enfrentamiento a fuerzas insurgentes y paramilitares, en el contexto de una misión de las Naciones Unidas. La presencia de Venezuela en el rol de país observador no debe infundirnos mayor confianza, puesto que fuimos invitados desde la clausura de la séptima edición celebrada en el 2013, cuando la situación política del vecino era diametralmente opuesta a la actual.
·         Un político colombiano de tanta seriedad y confiabilidad como lo es sin dudas el expresidente Ernesto Samper, exsecretario general de UNASUR, ha señalado recientemente que: “Existe una actitud inexplicablemente pugnaz del nuevo gobierno de Colombia que a mi juicio tiene el propósito de crear unas condiciones para un enfrentamiento armado entre ese país y Venezuela; de hecho, veo la posibilidad de que exista ese conflicto…” (9).
·         Recientemente la policía de Guyana reportó que un oficial de ese organismo fue herido por supuestos miembros de una banda conocida como el “Sindicato” que opera en la frontera entre Venezuela y la zona en reclamación con Guyana. Según reportan los organismos de seguridad guayaneses, aún “no se ha arrestado a nadie, ya que el autor [de los disparos] estaba en el lado venezolano de la frontera cuando abrió fuego” (10). Como podrá recordarse, a inicios de este año, el presidente guyanés David Granger, siempre presto a atacar a Venezuela, habría pedido que se aumentara la presencia militar en la frontera, debido a que el “Sindicato” aumentó sus acciones delictivas en la zona y  se habrían reportado ataques a mineros guyaneses.

Ya para concluir quiero señalar, repitiendo lo dicho en un artículo anterior (7), que si en definitiva Colombia y Guyana decidiesen actuar en profundidad como los peones del imperio que realmente son, invadiendo nuestro territorio, no les arriendo las ganancias puesto que de este lado se encontrarán con un pueblo cívico-militar, plenamente capacitado para la defensa del territorio y dispuesto a entregar hasta su última gota de sangre por entender que si Venezuela cae, habrá de caer toda “Nuestra América” , que retornaría a ser el infamante “patio trasero” del imperio. También porque en el supuesto negado de que lograsen una victoria, seguro estoy que el imperio lejos de entregarles la pretendida recompensa, no hará otra cosa que apretarles el yugo ya que habrá desaparecido uno de los principales bastiones de la resistencia latinoamericana.
¡Hasta la Victoria, Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
Caracas, noviembre 24 de 2018
celippor@gmail.com

viernes, 16 de noviembre de 2018


Venezuela, un país acusado de estar inmerso en una crisis humanitaria pero que sigue acogiendo a refugiados de todo el planeta
Carlos E. Lippo

"En Venezuela (los refugiados) tienen la oportunidad de tener una tierra que pueden trabajar y obtener un ingreso familiar,
cosa que en los países de donde provienen es muy difícil"
Madeleine Labbiento Noda, Oficial de Información Pública de Acnur en Venezuela, en julio de 2017




Venezuela ha sido desde siempre un país de puertas abiertas para los migrantes procedentes de todos los rincones del planeta; como venezolano por nacimiento, nieto de inmigrantes procedentes del sur de Italia y de las Islas Canarias llegados a nuestro territorio en la última década del siglo XIX, soy junto con miles de mis conciudadanos, un ejemplo claro de esa afirmación. Quiero decir además que presumo que la situación económica por la que estaban atravesando mis ancestros italianos antes de emigrar de la península era tan precaria que, teniendo la necesidad de abandonar su país sin documentos de identidad, aquí debieron acreditar su identidad mediante testigos, lo que demuestra además que no eran los primeros en haber llegado. ¡No tengo duda alguna de que este generoso país debió colmar sus expectativas de una nueva y mejor vida!

Aquel país de fines de siglo al que llegaron mis abuelos era un país casi rural, cuyos principales productos de exportación eran: café, cacao, tabaco, ganado vacuno, cueros y caucho, de manera que el flujo migratorio hacia él era muy bajo y se mantuvo así hasta los albores de la explotación petrolera a comienzos de la década de 1920. La explotación petrolera generó un cambio en el comportamiento demográfico de la población, tanto interna como externa, ya que las empresas extranjeras que se establecieron para tal fin impulsaron la movilidad interior, del campo a las ciudades, así como la inmigración desde el exterior. 

Entre 1948 y 1961, Venezuela tuvo una experiencia de inmigración masiva cuando 614.425 (1) extranjeros residentes recibieron cédula de identidad por primera vez; pero si se agrega a esta cifra los indocumentados que no la tenían y los niños que no la necesitaban, se podría afirmar que la inmigración durante este periodo debió haber alcanzado al menos la cifra de 800.000 personas, que representaba el 6,22 % de la población total. Siendo oportuno señalar que el 78 % del total de la población inmigrante registrada estaba conformada por españoles, italianos y portugueses en ese mismo orden.11,5

A partir del boom petrolero de los años 70 llegaron a tierras venezolanas una cantidad significativa de migrantes de Suramérica y el Caribe: chilenos, argentinos y uruguayos, casi todos ellos de alto nivel académico, tras la implantación de dictaduras militares en sus países;  así como también peruanos, ecuatorianos, dominicanos y colombianos en busca de oportunidades de trabajo ya que en sus países apretaba la situación económica. Este flujo migratorio fue de tales dimensiones, que según la investigadora Raquel Álvarez de Flores (2), para 1977, cuando Venezuela contaba con 13 millones de habitantes, un 10% de ellos eran extranjeros con cédula y residencia legal dentro del país.

A partir de mediados de la década de 1980, a causa del impacto de una severa contracción económica generada por la primera gran devaluación de la moneda y la caída abrupta de los precios del petróleo, se inicia el regreso de los inmigrantes procedentes del cono sur, estimulado además por “el lento regreso a la democracia” en sus países de origen; sin embargo, el flujo de migrantes procedentes de Ecuador, Perú, República Dominicana y principalmente Colombia, lejos de disminuir continuó aumentando.

Una demostración de ello es que la cantidad de migrantes procedentes de Colombia fue estimada por el Presidente Maduro a comienzos de 2015 en un pocos más de 5 millones de personas (3), de los cuales unos 800.000 habrían ingresado al país durante los últimos 9 años, lo cual significaba un promedio aproximado de 7.400 inmigrantes por mes; pocos días más tarde el camarada Diosdado Cabello, entonces presidente de la Asamblea Nacional, precisaba un poco esta misma cifra total al decir que más de 5 millones 600 mil colombianos estaban residiendo en nuestro país (4). En lo personal, tal como había venido señalando en artículos anteriores, con base en declaraciones de funcionarios consulares y políticos colombianos, consideraba que habían migrado a Venezuela más de 7 millones y medio de colombianos, cifra que se acercaba a una señalada por El Defensor del Pueblo de la época, al decir que: “Venezuela es el país, según UNASUR, que mayor acogida le ha dado a ciudadanos colombianos, puesto que cerca de 10 millones de colombianos tienen acceso a la vivienda, alimentación y viven en condiciones iguales a los venezolanos” (5).

Considero que unas cifras aportadas a mediados de este 2018 por ese terrible y gratuito enemigo de la Revolución Bolivariana que es el expresidente colombiano Andrés Pastrana Arango, habrían de servir para  fijar un límite inferior a las cifras antes presentadas; decía Pastrana Arango: “En Venezuela hay de 4 a 5 millones de colombianos. Si solamente se desplazan esos colombianos de nuevo a nuestro país, ya tenemos una tragedia como la que estamos viviendo” (6). ¡Imposible mayor “caradurismo”, que el de este “cachaco de uña en el rabo”!
Siendo oportuno y necesario señalar que aun dando por buena una cifra de alrededor de 5 millones de ciudadanos colombianos residentes actualmente en Venezuela, la cual representaría el 42 % de la cantidad total de migrantes colombianos en el mundo y casi el 20 % de nuestra población total, ella representaría una carga extremadamente onerosa para cualquier país de la región y mucho más para el nuestro, en medio de las condiciones asfixia económica generadas por el bloqueo económico-financiero del imperio.

Es por ello que resultan cuando menos extremadamente ridículas unas plañideras declaraciones recientes del presidente de Colombia, Iván Duque (7), según las cuales: “Venezuela es un país fronterizo que está teniendo una crisis humanitaria tremenda”, y “Colombia está enfrentando una situación que es a todas luces no solamente extraordinaria, sino retadora. Hemos recibido cerca de un millón de migrantes en menos de dos años”. Para luego recalcar: “Se necesita una ayuda grande y decidida (…) El esfuerzo va a tener que ser grande y de todos”. “Que la comunidad internacional vea (…) la magnitud de esta crisis es importante y ojalá nos pueda cooperar con recursos que sean significativos para enfrentar este reto”. ¡A “cachaco” pa´ llorón, mentiroso y felón!

Aun siendo cierta la cantidad de migrantes venezolanos que según este bellaco ha ido a Colombia en los últimos dos años, se ha “olvidado” muy conveniente e irresponsablemente de decir que unos 200.000 de estos “migrantes” son precisamente compatriotas suyos que venían haciendo vida en nuestro país, tal como lo señala Boris Miranda (@ivanbor) corresponsal de la “insospechable” BBC News Mundo en Colombia (8).

Un hecho sumamente relevante, relacionado con el anterior, es uno que destaca Juan Carlos Tanus, director de la asociación “Colombianos en Venezuela” al señalar que: “… a pesar de que una población considerable de venezolanos esté pensando en seguir migrando al territorio colombiano o utilizándolo como puente para llegar a otros escenarios, más colombianos van a seguir viniendo al territorio venezolano”; y ello a pesar de la implementación de los acuerdos de paz entre el Gobierno colombiano y las desmovilizadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y también a pesar de la crisis económica, política y social por la que está atravesando Venezuela (9).

Para abordar el tema central de esta nota debo comenzar por señalar: que según el estatuto de refugiados de la ONU, un refugiado es una persona que se ha visto  obligada a abandonar el país del que es originaria o en el que ha residido habitualmente debido a un temor fundamentado de persecución por razones de etnia, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opiniones políticas, que además no puede o no quiere reclamar la protección de su país para poder volver; y que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en su artículo 69, reconoce y garantiza el derecho de asilo y refugio.

En desarrollo de este artículo fue promulgada la Ley Orgánica sobre Refugiados o Refugiadas y Asilados o Asiladas, de fecha 3 de octubre de 2001, así como su Reglamento del 4 de julio de 2003; instrumentos legales que establecen las cláusulas de inclusión, cesación y exclusión de la condición de refugiado en Venezuela.

En nuestro país la determinación de la condición de refugiado la realiza el Estado venezolano a través de la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE), entidad pluri-ministerial adscrita al ministerio de exteriores y las instancias regionales creadas por la ley, llamadas Secretarías Técnicas Regionales (STR). Las solicitudes de reconocimiento de la condición de refugiado pueden ser sometidas ante la CONARE y sus secretarias o ante las oficinas de ACNUR (Agencia Especializada de la ONU para los Refugiados, con oficinas en el país desde 1991), pero la evaluación y decisión de los casos es competencia exclusiva de la CONARE.

Con arreglo a una información divulgada por ACNUR-Venezuela en julio de 2017 (10), para esa fecha existían en el país unas 172.957 personas de interés, es decir, refugiados ya reconocidos o solicitantes de refugio, y de esa cifra un 99 % eran desplazados colombianos. La misma información señalaba además que los refugiados colombianos llegaban a Venezuela huyendo del conflicto armado en Colombia, muchos de ellos escapando de amenazas y persecuciones por parte de grupos armados irregulares, entiéndase paramilitares.
En la misma oportunidad Madeleine Labbiento Noda, Oficial de Información Pública de Acnur en Venezuela, ya citada al inicio de esta nota, señalaba que: "Una gran mayoría de los refugiados eran agricultores, terratenientes y tenían haciendas pero el gran motivo del desplazamiento es la violencia en su país de origen". Y es que muchas de las personas de interés afirmaron sentir temor a ser perseguidos por presuntos grupos armados ilegales que pretendían ingresar a la zona luego de la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC - EP).

Sin embargo a mediados de este año, Juan Carlos Tanus, Director de la Asociación de Colombianos en Venezuela señalaba, que eran 300.000 los colombianos que se han visto obligados a desplazarse hasta territorio venezolano, sin haber solicitado aún la condición legal de refugiados (11). A ese respecto decía el mismo Tanus que: “El refugiado de facto se mantiene en esa condición porque no necesita declararse como perseguido para beneficiarse de las políticas públicas del Estado (…) En Colombia un venezolano no es atendido en el sistema de salud si no tiene la prerrogativa, en Venezuela no”; a pesar de ello exhortaba a sus connacionales a normalizar su situación.

Otro aspecto clave a resaltar de estas declaraciones de Tanus es que de acuerdo con la información que maneja la asociación, la mayoría de los colombianos perseguidos por el conflicto que están llegando a Venezuela, primero han hecho un desplazamiento interno del campo a la ciudad. Allí no consiguen empleo y deciden cruzar la frontera.

Lo que está claro, independientemente de la mayor o menor cantidad de ciudadanos colombianos que han venido a refugiarse en nuestro país, es que todos son acogidos con el respeto debido, dándoseles acceso a los mismos beneficios sociales de los que disfrutamos los venezolanos, y ello sin recibir colaboración alguna de su gobierno y sin solicitar la cooperación de los organismos internacionales y de los “amigos de la comunidad internacional”, como si lo hacen a cada rato las autoridades colombianas, tal como lo hemos reseñado en notas anteriores y en párrafos anteriores de esta misma nota, en relación a los presuntos migrantes venezolanos, no refugiados, que dicen estar recibiendo.

Antes de concluir debo decir que el hecho que me ha motivado a escribir esta nota es que hace apenas una semana, el 08 de noviembre, en el marco de la conmemoración de los 15 años de la Comisión Nacional para los Refugiados (CONARE), se realizó un acto oficial en el cual se otorgaron 35 reconocimientos a la condición de refugiados y refugiadas, a 28 ciudadanos colombianos, 6 sirios y 1 saharaui,  en el desarrollo del cual una ciudadana colombiana de nombre Zenaida Uzaquen, expresó su agradecimiento hacia el país con estas emocionadas palabras (12): “Gracias por todo lo que hacen por cada extranjero, cada hermano de nosotros. Les digo a los venezolanos que valoren el país tan hermoso que tienen, no me quiero ir, yo amo Venezuela, porque en Colombia muchos nos dieron la espalda, mi esposo y yo tuvimos que salir corriendo. Pero aquí hay mucha paz, cuando llegué de Colombia no podía dormir, tenía pesadillas con las bombas, despertaba dando gracias Dios por estar en Venezuela, aquí los venezolanos nos tendieron esa mano amiga”.

Qué país tan paradójico el nuestro, que a pesar de las innegables penalidades materiales que nos ha generado el bloqueo económico-financiero-diplomático-político que nos ha impuesto el imperio, no sólo es que no se ha sumido en la crisis humanitaria que éste quisiera, sino que es reconocido como refugio confiable y seguro por no pocas personas extranjeras así como por no pocos de los nacionales que atendiendo a los estímulos artificiosos que les fueron aplicados han abandonado el país, pero que sin embargo aguardan con ansias la oportunidad del pronto regreso, como ya lo han hecho decenas de miles de compatriotas con el total apoyo del gobierno revolucionario.
¡Hasta la Victoria, Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(12)  http://barcelona.consulado.gob.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=599%3A2018-11-08-09-54-26&catid=6%3Aconsulado-noticias&lang=es
Caracas, noviembre 16 de 2018.