martes, 19 de septiembre de 2017



¿Para qué se ha seguido armando la vecina Colombia?
Carlos E. Lippo





Colombia es con mucho el país que más gasta en armamentos en toda la vasta región latinoamericana. Así lo demuestran de manera incontrovertible unas cifras publicadas por el Banco Mundial (1), según las cuales el gobierno colombiano asignó al área militar en el año 2016 un presupuesto equivalente al 3,4 % de su Producto Interno Bruto (PIB), cifra que es similar a la asignada por la maquinaria bélica más poderosa del planeta (EE.UU), que dedicó el 3,3 % en ese mismo período y casi 6 veces mayor que la asignada por Méjico, que es un país con mayores problemas de delincuencia organizada, cuyo combate es, junto al combate a la insurgencia de izquierda, la mayor “justificación” gubernamental para tan elevados gastos en países en los cuales persisten importantes niveles de pobreza. Semejante gasto es equivalente también a más del triple de lo asignado por la vecina Venezuela, sin embargo cada vez que nuestro país adquiere un nuevo sistema de armas, en el marco de su nueva doctrina militar independiente del Pentágono, es acusado en forma vehemente de estar estimulando una carrera armamentista en la región por los más encumbrados voceros del Palacio de Nariño.

El Índice Global de Potencia de Fuego 2017 (2) (Global Firepower Index 2017), que presenta una lista de las capacidades militares de 132 naciones a nivel mundial, con base en 50 factores, tales como sus capacidades logísticas y tácticas, la diversidad de sus armamentos y sus capacidades industriales, le asigna a Colombia el sitial 40° a nivel mundial y el 5°, por detrás de Brasil, Méjico, Argentina y Perú, a nivel de los países de la América Latina. Siendo necesario resaltar que su gasto militar (12.145 millones de dólares estadounidenses, en 2016), es sólo superado por el de Brasil (USA $ 24.500 millones), que es un país que tiene varios años seguidos incrementando su gasto militar y más de 3 veces superior al gasto militar de Venezuela, que ocupa el 6° lugar a escala latinoamericana y el 41° a escala global. Sin embargo, en lo que supera ampliamente Colombia al resto de las naciones de la región es en su número de efectivos de tropa, que alcanza a 507.000 (445.000 activos y 62.000 de reserva) y ello sin contar las decenas de miles de efectivos del paramilitarismo, que sigue casi tan estrechamente ligado al ejército colombiano como en aquella época en la que teniendo el ejército colombiano 5 Divisiones (en la actualidad cuenta con más de 10), las Autodefensas Unidas de Colombia, el principal grupo paramilitar, eran llamadas la “Sexta División” del ejército (3).

Este desmesurado gasto armamentista, absolutamente inútil por lo demás en atención a los ínfimos logros alcanzados en relación a sus pretendidos objetivos: el control de la insurgencia izquierdista y de la delincuencia organizada, tiene como correlato una pérdida de soberanía del estado colombiano en favor del imperio, derivada fundamentalmente de la suscripción de los siguientes acuerdos:

  • El bautizado con el pomposo y engañoso título en castellano de “Plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del estado colombiano”, conocido coloquialmente como “Plan Colombia”, que no es más que una ley estadounidense impuesta a Colombia sin consulta alguna con su pueblo, en virtud del acuerdo firmado a finales de 1999 por los presidentes Andrés Pastrana y Bill Clinton, una de cuyas mayores falacias es el hecho de no estar circunscrito a Colombia, como su nombre lo sugiere y ha sido señalado por el gobierno, ya que las políticas que entraña y las consecuencias de su aplicación trascienden extraordinariamente las fronteras territoriales, políticas, sociales y culturales del vecino país (4).
  • El “Acuerdo Complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad”, suscrito entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, firmado el 30 de octubre de 2009 y publicado en la tarde del 2 de noviembre, del mismo año, que equivale a una anexión de Colombia a Estados Unidos, al poner en manos de los gringos no sólo sus principales bases militares, sino también los aeropuertos civiles y cualquier otra instalación que pueda ser útil a las fuerzas de la OTAN. Acuerdo que adicionalmente contempla, como si lo anterior fuera poca cosa, la cesión sin restricciones del espectro radioeléctrico colombiano (5), pero que habiendo sido declarado inexequible (que no se puede hacer, conseguir o llevar a efecto) por la Corte Constitucional de Colombia, ha sido sumisamente aplicado por Álvaro Uribe Vélez, quien lo firmó con Barack Obama y por su sucesor J. M. Santos.

También han contribuido a incrementar este ya desmesurado gasto militar algunos hechos tales como: la suscripción, el pasado 23 de diciembre, de un acuerdo de cooperación militar con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), solicitado desde hace muchos años por Santos (6), que necesariamente debe llevar aparejada una actualización de los sistemas de armas para adecuarlos a los estándares de esa funesta organización; y el afán desmedido del gobierno colombiano de agradar al imperio y sus aliados de la OTAN, participando en  cuanto ejercicio militar sea propuesto por ellos. 

Como evidencia irrefutable del último de los hechos señalados podemos mencionar la participación de las fuerzas militares colombianas en los siguientes eventos realizados durante los últimos cuatro meses, o pendientes aún de ser celebrados durante el presente año (7): los ejercicios militares "Tradewinds 2017" (Vientos Alisios 2017), bajo la dirección del Comando Sur de los Estados Unidos, en aguas del Caribe sur-oriental, en Barbados (06 al 12 de junio) y en Trinidad (13 al 17 de junio); las maniobras aéreas conjuntas Colombia-Estados Unidos (Base Aérea de Palanquero, Colombia, 15, 16 y 17 de julio); las maniobras navales UNITAS LVIII-Fases del Pacífico y Anfibia, (costas del Perú, del 13 al 26 de julio); el ejercicio internacional “Mobility Guardian”, (Seattle, USA, del 29 de julio al 12 de agosto); los ejercicios militares AmazonLog (Tabatinga, Brasil, entre el 6 y el 13 de noviembre); y las maniobras navales UNITAS LVIII-Fase del Atlántico, a celebrarse en sitio y fecha que no hemos podido precisar aún.

Si el gobierno colombiano no reconoce que Colombia tenga ningún enemigo exterior como si lo tiene Venezuela, que ha sido amenazada de una intervención militar directa por el presidente Trump; si ya ha firmado y materializado los acuerdos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC); y si ya tiene bastante adelantado unos acuerdos de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que pondrían fin a la insurgencia de izquierda, entonces, ¿por qué insiste en aumentar cada vez más el apresto operacional de sus fuerzas armadas?

Para nosotros, así como para quienes ya conozcan aquella frase lapidaria del senador Paul Coverdell, ponente del “Plan Colombia”, que sentenciaba: "Para controlar a Venezuela (se entiende que para apropiarse de sus ingentes recursos naturales de carácter estratégico) es indispensable ocupar militarmente a Colombia", la respuesta a esta interrogante está absolutamente clara, no pudiendo ser otra que para intentar invadir a Venezuela tan pronto como así le sea ordenado por el amo imperial.

Incursionar militarmente en Venezuela en procura de sus riquezas y de su fácil acceso al mar Caribe es un viejo anhelo de las oligarquías colombianas, reivindicado no hace mucho tiempo por uno de sus máximos voceros, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, cuando señalaba impúdicamente, durante una conferencia dictada en una universidad colombiana, que “le había faltado tiempo para intervenir militarmente en Venezuela” (8).

Para aquellos que todavía alberguen dudas sobre las razones por las cuales el gobierno colombiano no sólo es que no disminuye el tamaño de su ejército estando a punto de lograr la paz interior, sino por el contrario se empeña en aumentar su presupuesto de gastos militares, presentaremos a continuación algunos juicios de personas ampliamente conocedoras de la materia, que confiamos plenamente que podrán convencerle de la veracidad de nuestro planteamiento:

  • Mary Beth Long, Ex subsecretaria de Defensa de los Estados Unidos, con experiencia de trabajo en la CIA, la NSA y el Departamento de Estado, en el seno de una “mesa de expertos” convocada por el entonces ministro de defensa colombiano Juan Carlos Pinzón, en ocasión de la inminente firma de los acuerdos de paz con las FARC. En esa oportunidad decía la reconocida experta, palabras más, palabras menos, que el ejército colombiano, una vez desmovilizadas las FARC, debía preparase para enfrentar a Venezuela (4).
  • Rodrigo Londoño Echeverri (a) Timochenko, ex jefe militar de las FARC, quien tratando de entender el verdadero alcance del acuerdo de cooperación militar firmado con la OTAN, decía que esa organización buscaba con dicho acuerdo el conducir a las tropas colombianas a combatir en lugares lejanos del mundo para asegurar las ganancias de los grandes consorcios internacionales que deciden ocupaciones militares de otras naciones con cualquier pretexto (9). Y decimos nosotros, ¿por qué habrían de ir más lejos si tienen tan cerca a Venezuela?
  • Juan Carlos Tanus, vocero de la organización “Colombianas y Colombianos en Venezuela” y uno de los más de 6 millones de ciudadanos de ese vecino país que viven desde hace años entre nosotros, entrevistado recientemente por Walter Martínez en su programa Dossier (10), quien al ratificar junto al entrevistador que “Colombia es la estrategia de los Estados Unidos contra Venezuela”, señalaba hechos tan importantes como los siguientes: que el gobierno colombiano se propone incrementar el presupuesto militar del año 2018 en 8 puntos porcentuales, así como que el ejército colombiano está tomando posiciones a lo largo de la frontera con Venezuela, habiendo destacado ya: 14 batallones (alrededor de 14.000 efectivos) en la frontera con el estado Zulia, 9 batallones en la frontera con el estado Táchira y 8 batallones en la frontera con Apure. Siendo importante  destacar también que en la misma oportunidad, este compatriota de la Patria Grande, dando por inminente una intervención militar de Colombia en Venezuela expresaba su inquietud porque la visita del Papa Francisco a su país, concluida el día anterior, “no hubiese sido un ingrediente para tomar decisiones de carácter militar en relación a Venezuela”.

Para finalizar, considero necesario reiterar que Venezuela es y pretende seguir siendo un país de paz, pero que no por ello ni los Estados Unidos ni Colombia deben olvidar que somos los causahabientes directos de aquellos llaneros mal apertrechados que atravesaron las altas cumbres de la cordillera de Los Andes al mando de Simón Bolívar, para expulsar de sus tierras al imperio español y que no pararon hasta expulsarlo también del Alto Perú, para fundar la amada república de Bolivia.

¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!


celippor@gmail.com
Caracas, septiembre 19 de 2017

miércoles, 13 de septiembre de 2017



Desde Venezuela estamos disparando un poderoso misil contra el sistema financiero del imperio
Carlos E. Lippo




El pasado 15 de agosto se cumplieron 46 años de la fecha en la cual aquel presidente gringo felón de nombre Richard Nixon señalase, en un discurso pronunciado en cadena nacional de televisión, que había ordenado suspender “temporalmente” la convertibilidad del dólar en oro u otros activos de reserva (1). Como se recordará este personajillo que es el mismo que se vio obligado a dimitir poco antes de la mitad de su segundo período para evitar un juicio político que a todas luces le resultaría adverso, era conocido desde los tiempos de su campaña electoral para el senado, con el despectivo y descriptivo apodo de “Tricky Dick”, que podría traducirse, de una manera muy libre, como “Richarcito el tramposo”.

Difícil es saber si Nixon realmente creía en el carácter temporal que dijo que tendría la medida, pero sobre lo que no puede existir duda alguna es que estaba mintiendo impúdicamente al decir que la causa que la había motivado era un supuesto ataque especulativo del que estaba siendo objeto ese signo monetario, ya que como presidente tenía que saber que la razón para estar violando los acuerdos de Breton Woods, firmados en 1944, que establecían que por cada 35 dólares emitidos los EE.UU. tenían que tener 1 onza de oro como respaldo, era que las bóvedas de  Fort Knox estaban a niveles más que críticos en virtud de los enormes gastos generados por las fallidas guerras de Corea (1950-53) y de Vietnam, esta última devenida en una aplastante derrota militar, política, económica, social, ética y moral para el imperio, que habiendo sido iniciada en 1955 estuvo vigente hasta 1975.

No obstante, no le faltaba razón a Nixon cuando decía en apoyo de la decisión, de manera muy petulante, que: “La fuerza de la moneda de una nación se basa en la fortaleza de la economía de ese país y la economía de Estados Unidos es de lejos la más fuerte en el mundo”. Hoy, a 46 años de distancia, podemos decir que era la más fuerte, ya que a partir de este año sin duda alguna será superada por la de esa gran nación que es la República Popular China.

Ahora bien, no contentos con continuar teniendo la moneda de reserva mundial, sin tener que respaldarla con oro físico en sus bóvedas, Nixon y Henry Kissinger, el mismo dúo terrible que no tuvo el más mínimo empacho en destruir la economía de Chile antes de derrocar a Allende en 1973,  lograron firmar un tratado con Arabia Saudita, a cambio de venderle armas y protección militar contra sus vecinos, según el cual este país que era, como aún sigue siendo, el mayor exportador de petróleo del mundo sólo vendería su petróleo en dólares. Posteriormente en 1975, por razones de desconfianza hacia los otros miembros, todos las naciones integrantes de la organización de países exportadores de petróleo (OPEP), de la cual formamos parte en calidad de miembro fundador, que a la sazón contaban con más del 81% de las reservas mundiales de petróleo, decidieron suscribir el mismo pacto, con lo que quedó conformado el sistema petrodólar (2). Sistema absurdo y aberrante que fuerza a todos los países del planeta a vender y comprar todo su petróleo en dólares, creando una demanda internacional artificial por el dinero de los Estado Unidos.

Lo anterior significa que el valor del dólar es básicamente artificial pues no está basado en una materia prima, como el oro, sino en su propia demanda. De manera que el sistema del petrodólar es la única razón por la que el dólar aún tiene valor como dinero y también es la única razón que mantiene al dólar como la moneda de reserva mundial y como la más usada en las transacciones internacionales, hecho incontrovertible, puesto que durante el año 2016 y según cifras del Banco de Pagos Internacionales (BPI), estuvo presente en casi el 44 % de las transacciones, muy por encima del euro que registró casi un 16 % de participación y bastante lejos del yuan, que ocupando el octavo puesto a nivel mundial, sólo tuvo participación en un 2 % de las transacciones (3).

Resulta evidente que un sistema tan inicuo, que otorga a los Estados Unidos tan exorbitantes privilegios sólo ha podido haber perdurado durante tanto tiempo, gracias a su monumental caradurismo, que le permite exigir a otros el cumplimiento de obligaciones y tratados que ellos mismos no cumplen y al chantaje y las amenazas que ejercen sobre buena parte de las naciones del paneta con base en su extraordinaria capacidad militar.

Para entrar en materia después de esta larga introducción considero necesario comenzar diciendo que es prevalido de este inmenso poder financiero así como de su poder militar con el cual el mismo Trump nos ha amenazado de manera explícita, que el gobierno del imperio en cabeza de su presidente, empeñado como está en acabar con la revolución bolivariana para poder ponerle la mano a nuestros ingentes recursos naturales, ha emitido el pasado 25 de agosto una orden ejecutiva (4) contentiva de una serie de sanciones de carácter financiero que en opinión de Peter Koening (5), economista y analista geopolítico de origen estadounidense, ex funcionario del Banco Mundial, son las más amplias sanciones económicas de la historia, son representativas de una guerra financiera directa que prácticamente paralizaría a Venezuela y constituyen además un crimen de guerra, ya que ponen en peligro y amenazan las vidas del pueblo venezolano.

Aunque de una manera general y ambigua las sanciones aprobadas sólo pretenden bloquear el acceso del estado venezolano y la empresa estatal PDVSA a nuevas fuentes de financiamiento en dólares; bloquear todas las operaciones con dos títulos valores (bonos) emitidos legalmente por PDVSA; e impedir la percepción de los dividendos resultantes de las operaciones de su filial CITGO en territorio estadounidense, en la práctica se trata, con arreglo al sistema monetario occidental que hemos descrito al comienzo del artículo, de excluir a Venezuela de toda transacción financiera internacional así como de un bloqueo  bancario total contra PDVSA, imposibilitando las transacciones directas de hidrocarburos.

Nos atrevemos a decir sin temor de equivocarnos que si el gobierno del imperio no ha aprobado aún la prohibición de que sus empresas refinadoras adquieran crudos de PDVSA es porque la sustitución de los mismos por otros similares de distinta procedencia elevaría considerablemente el precio de los combustibles en sus respectivas zonas de influencia y porque un cambio de los patrones de refinación para adaptarlas a otros tipos de crudos llevaría tiempo a la vez que también incrementaría los precios a nivel de consumidor, cosa que la han hecho saber a Trump los directivos de tales empresas.

El hecho anterior es reconocido explícita y vergonzantemente por el gobierno imperial en aquella parte del texto de la malhadada orden ejecutiva que señala textualmente que: “… para mitigar el daño al pueblo estadounidense y venezolano, el Departamento del Tesoro está emitiendo licencias generales que permiten transacciones que de otro modo estarían prohibidas por la Orden Ejecutiva...”, porque ¿Qué carajos podría importarle el pueblo venezolano al gobierno del imperio?

A juicio nuestro debe haberle causado una gran sorpresa al gobierno imperial el que el gobierno revolucionario no haya salido corriendo a pedirle perdón y a lamerle las botas, a partir de las sanciones. Se siguen equivocando porque no nos conocen ni hacen el más mínimo intento por conocernos.

Sin dejar de reconocer el enorme impacto adverso que tales sanciones habrán de generar sobre nuestra economía, nuestro gobierno decretó el pasado día 7 un conjunto de medidas de carácter económico-financiero entre las cuales destaca la salida del sistema petrodólar; en palabras del propio presidente Maduro: “Venezuela va a implementar un nuevo sistema de pago internacional y va crear una canasta de monedas para liberarnos del dólar y con las monedas de libre convertimiento como el yuan (moneda de China), el euro, el yen (moneda de Japón), la rupia (moneda de India) y las monedas internacionales para liberar de las garras del dólar como moneda opresora” (6); complementando luego el planteamiento con las siguientes palabras: “… tenemos que traer un nuevo sistema de pagos internacional, eso es inmediato, una orden, que ya se empiece a implementar a todo nivel. Estamos en otro mundo y estoy seguro que esta decisión que he tomado abrirá los caminos de un nuevo sistema monetario y financiero internacional que nos libere del chantaje del dólar”. ¡Este es el poderoso misil al que alude el título de estas notas!

En clara demostración de que la Venezuela revolucionaria no está sola en el mundo, al día siguiente de haber decretado las medidas recibimos contundentes manifestaciones de apoyo de nuestros aliados más poderosos: la Federación de Rusia y la República Popular de China.

En efecto, Rusia se ha ofrecido a ayudarnos a refinanciar nuestra deuda pública contraída en dólares, como puede apreciarse de unas declaraciones ofrecidas a la agencia EFE por su ministro de finanzas, Antón Siluánov (7), cuyo contenido central reproducimos a continuación: “Los colegas de Venezuela solicitaron la reestructuración. Estamos trabajando en este asunto tanto en el marco del Club de París como mediante contactos bilaterales. Estoy seguro de que llegaremos a una decisión satisfactoria para ambas partes con Venezuela”.

Sumamente auspiciosa para nuestra decisión de salirnos del sistema petrodólar resulta el hecho de que China ha divulgado días más tarde que se prepara para acordar un contrato de futuros de crudo denominado en yuanes y convertible en oro de manera inmediata en el mercado de Shanghái (8), toda una auténtica bomba termonuclear que ha hecho preguntarse a dos agudos analistas económicos de la talla de Max Keiser y Stacy Herbert, sí ¿Será este el último clavo en el ataúd del dólar?

En Venezuela todos los revolucionarios tenemos plena conciencia del inmenso riesgo que estamos corriendo al haber disparado este misil, pues todavía están presentes los escenarios de completa destrucción generados por el imperio en Irak y Libia ante los solos anuncios de sus valientes líderes, Sadam Hussein y Mohamad Gadaffi, de que pretenderían liberar a sus naciones de la tiranía internacional del dólar. Lo que ocurre es que en nuestra patria en verdad hemos decidido ser libres.

Para finalizar debo decir que mientras tanto disfrutamos de la inmensa dicha de tener ya casi una semana sin escuchar las estridentes amenazas y declaraciones injerencistas de los funcionarios del gobierno gringo, sumamente locuaces y petulantes cuando de atacar a Venezuela se trata; sin embargo, estamos plenamente conscientes de que no podemos bajar la guardia ni por un instante, puesto que es evidente que después de este silencio habrá de venir la más fuerte tempestad.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!



celippor@gmail.com
Caracas, septiembre 13 de 2017

miércoles, 6 de septiembre de 2017



¡Ahora más que nunca, Venezuela está en la mira de las transnacionales petroleras!
Carlos E. Lippo




Es casi una verdad de Perogrullo el decir que desde inicios del siglo XX, cuando el petróleo ya comenzaba a perfilarse como el insustituible recurso estratégico que todavía es y parece que seguirá siendo durante muchísimos años, Venezuela ha venido estando en la mira de las transnacionales petroleras, ávidas de usufructuar sobradamente nuestras reservas obteniendo los mayores beneficios.

Una muestra de ello es que ya en 1901 la New York & Bermúdez Co., subsidiaria de la General Asfalt de Filadefia y beneficiaria de una concesión de explotación y comercialización en el lago Guanoco, el mayor reservorio de asfalto del mundo, financió el movimiento armado del banquero Manuel Antonio Matos, cuyo propósito era defenestrar al General Cipriano Castro, presidente de la república en aquel entonces, quien había entrado en conflicto con dicha empresa por estar ella operando ilegalmente ya que la concesión le había sido revocada por graves incumplimientos desde 1899 (1).

A pesar de haber sido derrotado ese movimiento armado, la New York and Bermúdez Co., inmersa en un litigio con el gobierno venezolano durante los años subsiguientes, siguió conspirando con el apoyo descarado de su gobierno que inclusive llegó a romper las relaciones diplomáticas, hasta el momento en el cual el general Juan Vicente Gómez, vicepresidente de la república, se apodera de la primera magistratura en diciembre de 1908, aprovechando la ausencia del General Castro, quien había tenido necesidad de ausentarse de la patria por motivos de salud. Que el gobierno estadounidense estuvo involucrado en este primer golpe de estado exitoso del siglo XX venezolano es algo que no admite discusión alguna a partir de la presencia de buques de guerra estadounidenses en aguas del principal de nuestros puertos, con la anuencia de quien ejercería un poder omnímodo en el país por los próximos 27 años.

Con la larga dictadura entreguista de Gómez se inicia la penetración intensiva del capital petrolero transnacional por medio de diferentes filiales de la Royal Dutch Shell (Inglaterra y Holanda) y de la Standard Oil of New Jersey y la Gulf Oil Company (USA), entre otras, que operan a lo largo de casi un siglo bajo distintas legislaciones, elaboradas por ellas mismas o consensuadas ampliamente con ellas, hasta la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 2001, adecuada a la Constitución de 1999, cuyo artículo 303, aún con sus limitaciones, señala que: “Por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela, PDVSA., o del ente creado para el manejo de la industria petrolera…” , conjurando así la amenaza de privatización  abierta o encubierta de al menos parte de nuestras reservas, promovida por los intereses petroleros transnacionales desde comienzos de los noventas del siglo pasado.

A lo largo de ese período, dichas empresas y otras más que fueron llegando, no se contentaron con explotar nuestras reservas derivando ingentes beneficios, aún después de la “nacionalización” de 1975, propuesta por ellas y acordada con el gobierno de Carlos Andrés Pérez, sino que promovieron golpes y/o crímenes de estado cada vez que los sucesivos gobiernos formularon alguna reforma legal que intentase aumentar la participación fiscal del estado en la explotación petrolera. Tales fueron los casos de:

  • El golpe de estado que derrocó al presidente Isaías Medina Angarita en 1945, a causa de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 1943, que consagraba aumentos significativos de la participación fiscal del estado.
  • El golpe de estado que derrocó a Rómulo Gallegos, presidente constitucional de la república, por no acceder a la modificación de un decreto del gobierno anterior, promulgado el 31 de diciembre de 1945, según el cual se elevaba al 50 % de los beneficios de las empresas, el monto a pagar por concepto de impuesto sobre la renta; lo que se llamó en ese tiempo el “fifty-fifty” petrolero.
  • El magnicidio perpetrado en la persona del presidente de la Junta Militar de Gobierno que sucedió a Rómulo Gallegos, coronel Carlos Delgado Chalbaud, en noviembre de 1950, por haber ordenado traducir al idioma farsi (persa) nuestra Ley Orgánica de Hidrocarburos, que siendo asumida por el gobierno revolucionario iraní de Mohammad Mosaddeq nacionalizando las reservas en 1951,  provocó también su derrocamiento con la participación de la British Petroleum Co., en 1953.

Mención especial, por haberse producido con posterioridad a la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 2001, merecen los siguientes hechos:

  • El golpe de estado de abril de 2002, que derrocó al presidente Chávez por un lapso de 47 horas y derogó la constitución de 1999, generado por las disposiciones nacionalistas de la Ley de Hidrocarburos del 2001, y en el cual la presencia comprobada de naves y aeronaves estadounidenses en nuestro mar territorial y en nuestro espacio aéreo es más que suficiente para demostrar la participación directa del imperio.
  • El paro-sabotaje petrolero de 2002-03, con participación protagónica de una empresa vinculada a la CIA llamada SAIC y de la llamada “meritocracia” petrolera, surgida a raíz de la “nacionalización” de 1975, subordinada a las transnacionales dentro de ese “estado dentro del estado” que era PDVSA, hasta la llegada de Hugo Chávez a la presidencia y que generase pérdidas a la nación del orden de 20.000 millones de dólares estadounidenses.
  • Las absurdas demandas legales incoadas ante instancias internacionales de comercio por la Exxon Mobil y la Conoco Phillips, ambas estadounidenses, al negarse a aceptar el nuevo régimen impositivo y de participación accionaria impuesto por la Reforma de la Ley de Hidrocarburos de 2006 para la constitución de empresas mixtas de PDVSA para la explotación en la “Faja Petrolífera Hugo Chávez”; siendo oportuno señalar que 31 de las 33 empresas transnacionales que optaban a formar esas empresas mixtas, entre las cuales se encontraban, a título de ejemplo, Chevron (USA), BP (Reino Unido), Total (Francia) y Statoil (Noruega) (3), sí estuvieron de acuerdo con los parámetros económicos establecidos por el estado venezolano para realizar la compra de sus acciones y que todas las demandas introducidas han sido resueltas a favor del estado.

Es a la luz de este amplio prontuario delictivo y de la presencia de Rex Tillerson, ex director ejecutivo de la Exxon Mobil hasta diciembre de 2016, al frente de la secretaría de estado de EE.UU., que nos resultan totalmente incomprensibles unas declaraciones de Thierry Meyssan, el conocido activista antiimperialista fundador de la Red Voltaire, en su reciente paso por Venezuela durante el mes de mayo, en pleno auge de aquellas acciones terroristas de la contrarrevolución que coordinadas y financiadas por el imperio generaron más de 150 muertos, cerca del millar de heridos y cuantiosas pérdidas materiales a lo largo de casi cuatro meses.

En dichas declaraciones Meyssan, que también plantea el mismo tema en un artículo de su autoría publicado en dos entregas (4) (5),  se hace la pregunta de si es el petróleo la causa real de la guerra que nos viene aplicando el imperio desde hace años y en la cual están inscritas las acciones terroristas descritas en el párrafo anterior, para luego responderse a sí mismo diciendo que: “… el objetivo de Estados Unidos no es derrocar los gobiernos progresistas (Libia y Siria, por ejemplo), ni robar el petróleo y el gas de la región sino destruir los estados, hacer retroceder sus pueblos a los tiempos de la prehistoria, a la época en que “el hombre era el lobo del hombre””.

Para luego entrar en flagrante contradicción al decir: “Para el imperialismo se trata de dividir el mundo en dos: una zona estable que goza de los beneficios del sistema y otra zona donde el caos alcanza proporciones tan espantosas que nadie piensa ya en resistir sino sólo en sobrevivir, zona donde las transnacionales pueden extraer las materias primas que necesitan sin rendir cuentas a nadie”.

Sería lógico asumir entonces que el gobierno formal del imperio busca ante todo entrar en posesión de los recursos naturales de cualquier país para satisfacer la voracidad de las empresas que lo sustentan y que para lograr ese objetivo no le inquieta en modo alguno destruir el estado-nación de ese país, tal como ha ocurrido en Irak, donde se espera que la producción de petróleo alcance los 5 millones de barriles diarios para fines de este año (6) y en la masacrada Libia, cuya producción alcanza ya a los 682.000 b/d, lo que representa una tercera parte de lo que producía en el 2011 (7)

Me pregunto si lo que persigue este brillante analista, de ordinario tan lúcido, es sacar del foco de nuestra atención a las transnacionales petroleras, dificultándonos el diseño de estrategias tendientes a neutralizar tan formidable enemigo, sin tener que llegar a medidas tan extremas como la del incendio de los pozos, ya anunciada por los trabajadores de nuestra industria petrolera, ante la supuestamente negada opción de tener que entregárselos al invasor imperial.

En apoyo a la tesis de que el petróleo sigue siendo el mayor interés que persiguen los Estados Unidos en Venezuela, tesis que nosotros compartimos, podemos citar un señalamiento del portal de filtraciones estadounidense WikiLeaks, de hace pocas semanas (8), según el cual, si la historia clasificada del departamento de estado sirve de guía, “…el interés número uno de EE.UU. en Venezuela es el petróleo”.

Ya para concluir debo decir que estando muy lejos de ser un experto sobre la materia soy capaz de identificar que existen al menos tres razones para que Venezuela esté hoy, más que nunca, en la mira de las transnacionales petroleras:

·         La existencia de tecnologías maduras capaces de permitir una elevación del 20 % al 40 % del factor de recobro  de la Faja Petrolífera Hugo Chávez, con lo cual nuestras reservas probadas actuales de 300.000 millardos de barriles (las mayores del mudo) (9), pasarían a situarse en unos 600.000 millardos.
·         El hecho de que las reservas de petróleo convencional de los Estados Unidos siguen en declinación acelerada y que la explotación de las reservas de petróleo de esquisto, bastante menores que las que se estimaron hace algún tiempo, se hace cada vez menos viable con la tecnología actual, en atención a los extremadamente elevados costos ambientales asociados.
·         La circunstancia de que Rex Tillerson, enemigo comprobado de Venezuela desde sus tiempos de director general de la Exxon Mobil, esté dirigiendo la política exterior del imperio en su condición de secretario de estado de la administración Trump.

¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!




celippor@gmail.com
Caracas, septiembre 06 de 2017