domingo, 16 de septiembre de 2018


El curioso caso de unos “refugiados” que piden a su gobierno que los regresen a su país
 Carlos E. Lippo

“Hoy estamos viviendo una tragedia con los desplazados que están hoy llegando a Colombia. Necesitamos la ayuda de la comunidad internacional.
En Venezuela hay de 4 a 5 millones de colombianos.
Si solamente se desplazan esos colombianos de nuevo a nuestro país, ya tenemos una tragedia como la que estamos viviendo”
Andrés Pastrana Arango, expresidente de Colombia




Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), institución intergubernamental asociada a la ONU que se ocupa del fenómeno de las migraciones a nivel planetario, un migrante es cualquier persona que se desplaza o se ha desplazado a través de una frontera internacional o dentro de un país, fuera de su lugar habitual de residencia; siendo esa condición de migrante totalmente independientemente de: su situación jurídica; el carácter voluntario o involuntario del desplazamiento; las causas del desplazamiento; y la duración de su estancia.

Considero que de las varias categorías que engloba el término migrante revisten particular gravedad, debido al terrible drama humano asociado a ellas, la categoría de los refugiados y la de los desplazados internos.

La categoría de los refugiados, porque con arreglo al estatuto de refugiados de la ONU, ellos son personas que se han visto  obligadas a abandonar el país del que son originarias o en el que han residido habitualmente debido a un temor fundamentado de persecución por razones de etnia, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opiniones políticas, y que no pueden o no quieren reclamar la protección de su país para poder volver.

Los desplazados internos, porque se trata de personas que se han visto forzadas a dejar su hogar, aunque manteniéndose dentro de las fronteras de su país por causas que normalmente son: la violencia generalizada, los conflictos armados y las violaciones masivas a los derechos humanos; dándose el caso de que algunas veces son amparadas por su gobierno, pero en otros es el mismo gobierno el causante de su desplazamiento.

Con arreglo a una reciente investigación (1) de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), nuestra vecina Colombia se encuentra detentando por segundo año consecutivo el más alto sitial mundial en lo que a desplazados internos se refiere, con 7,7 millones de habitantes desplazados dentro de su territorio, cifra cercana al 20 % de su población total. Algo que resulta totalmente contradictorio es que tan espeluznante cifra, sustancialmente mayor de la de Siria que padece desde 2011 una cruenta guerra promovida por el imperio y sus aliados de la OTAN, ha sido alcanzada durante el primer año completo de implementación de los acuerdos de paz con las FARC, a cuyo accionar había venido atribuyendo tendenciosamente el gobierno la existencia de la mayor parte de los desplazados. La creciente cantidad de asesinatos de líderes sociales y defensores de los derechos humanos así como los de ex miembros de las FARC registrada durante el mismo período (2), da pie para pensar que la cantidad de desplazados habrá de aumentar durante 2018 y que la causa fundamental de los desplazamientos no era precisamente el accionar de esta fuerza insurreccional.

Así mismo, en lo que respecta a migrantes totales, la cantidad alcanzada por Colombia, unos 12 millones de personas, cerca del 30 % de su población, según estimaciones divulgadas recientemente por el Presidente Maduro (3), le asegura un primer lugar en esa categoría en el ámbito de la región suramericana, siendo así mismo, y con mucho,  el país suramericano que menos migrantes acoge dentro de sus fronteras.

De esa inmensa cantidad total de migrantes colombianos, unos 5,6 millones (46,66 %) viven en Venezuela según las mismas estimaciones divulgadas por el Presidente Maduro. A aquellos que puedan considerar exagerada esta cifra debería bastarles con el hecho de que Andrés Pastrana Arango, expresidente de Colombia durante el período 1998-2002 y uno de los más aviesos detractores de la Revolución Bolivariana, poseedor de un extenso prontuario de acciones injerencistas ejecutadas en nuestro propio territorio ha admitido con singular desparpajo en diferentes oportunidades, la más reciente de ellas en la entrevista de la cual se extrajo la cita que da inicio a este artículo (4), que en Venezuela viven entre 4 y 5 millones de sus compatriotas.

Siendo oportuno señalar que esa inmensa cantidad de ciudadanos colombianos que han recibido refugio en Venezuela, representando casi el 20 % de nuestra población actual, tienen acceso a empleo remunerado, atención de salud gratuita, educación gratuita para sus hijos y vivienda propia a ser pagada con arreglo a sus posibilidades económicas en el marco de la Gran Misión Vivienda Venezuela. Pero no sólo colombianos viven entre nosotros, ya que en nuestro territorio hemos acogido nacionales de todos los países de la región y del mundo, que sumados alcanzan cerca del 30 % de nuestra población. Venezuela es pues, aún en medio de la severa crisis económica que estamos padeciendo, uno de los países de la región con mayor cantidad de inmigrantes.
Ha de servir esta extensa introducción para dejar plenamente establecido: que no todo aquel que emigra de su país es un refugiado; que la élite gobernante de Colombia que es, y con mucho, la que más denigra de nosotros en la región a causa de nuestros migrantes, carece totalmente de autoridad moral sobre el tema por ser la responsable de que ese país ocupe el primer lugar en el mundo en materia de desplazados internos y sea el de mayor cantidad de migrantes de la región suramericana; y que aun en medio de la crisis económica por la que estamos atravesando seguimos acogiendo una importante cantidad de inmigrantes procedentes de la región así como de todos los rincones del mundo.

Entrando de lleno en el tema central de estas notas es necesario comenzar diciendo que si bien no nos encontramos en medio de una crisis humanitaria, tal como el imperio y sus aliados han pretendido establecer apoyándose en su gigantesco aparato propagandístico, si estamos padeciendo una crisis económica señalada entre otros por el experto independiente de la ONU Albert de Zayas, en un informe presentado ante la Consejo de Derechos Humanos de la ONU el 10 de septiembre del presenta año (5); informe en el cual el citado experto además de señalar que dicha crisis no es en nada comparable con las verdaderas crisis humanitarias existentes actualmente en  países como Yemen, Libia, Siria, Irak, Haití, Malí, la República Centroafricana, Sudán, Somalia o Myanmar, sostiene además que las sanciones económicas contra Venezuela, de la naturaleza y el alcance de las ordenadas desde Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, causa fundamental de la crisis a juicio nuestro, "contravienen el espíritu y la letra de la Carta de las Naciones Unidas" porque "afectan a poblaciones inocentes".

Como es natural, por efecto de esa crisis se ha venido produciendo un flujo migratorio hacia los países de la región que, tal como ya señalásemos en un trabajo anterior (6) con apoyo en recientes informes de la OIM y ACNUR, dista mucho de tener las dimensiones que le han venido atribuyendo tendenciosamente los gobiernos de dichos países y está motivado por razones económicas, factor que muy poco o nada tiene que ver con la condición de "refugiados" que se ha intentado proyectar hacia el mundo.

Un reciente informe de ENCOVI (Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana, proyecto desarrollado por un equipo multidisciplinario de alto nivel perteneciente a tres de las universidades más importantes del país: USB, UCV y UCAB, todas ellas de tendencia fuertemente opositora a la Revolución Bolivariana) (7), al mostrar que el 72 % de la población migrante venezolana corresponde a los estratos sociales económicamente más favorecidos (clases alta, media alta y media), pone en evidencia que tal migración no debe representar una carga económica de mucha consideración para los países receptores, que por el contrario se tienen que haber visto favorecidos por un inusitado ingreso de divisas fuertes y una mano de obra que en su gran mayoría es altamente calificada. Este hecho aunado a que según el mismo informe sólo un 3 % de los migrantes dicen haber migrando por razones de orden político debería ser más que suficiente para demostrar que no se trata de refugiados, como los gobiernos de los países receptores han querido hacer ver con el doble propósito de agradar al imperio, al intentar convalidar la tesis de que Venezuela representa una amenaza para la seguridad regional debido a la avalancha de “refugiados” que estaría volcando sobre ellos y al mismo tiempo procurarse una buena porción de los recursos financieros ofrecidos por los Estados Unidos y la Unión Europea para ayudar a paliar la presunta “crisis humanitaria”.

Es oportuno y necesario señalar que esta emigración también ha sido estimulada mediante una campaña mediática de terror, por medio de la cual se ha hecho ver a Venezuela como un país en el que no se puede vivir por múltiples razones, entre las cuales se encuentran el aumento sostenido de los precios, la inseguridad o las pocas posibilidades de ascenso social, al mismo tiempo que se ha intentado hacer creer que cualquier destino fuera de nuestras fronteras, representa una mejor alternativa de vida. Esta campaña aunada a otra denunciada por el presidente Maduro y el vicepresidente de comunicación, cultura y turismo, Jorge Rodríguez, según la cual desde varios países de la región como Colombia, Chile y Perú, se hicieron ofertas engañosas de empleos de baja calificación pero bien remunerados, ha debido ser la causa de que buena parte de ese otro 28 % de personas pertenecientes a los sectores menos favorecidos de nuestra población, de los que habla el mismo informe,  tomasen la decisión de emigrar.

Una parte de este grupo de conciudadanos son aquellos cuyo destino laboral se ha visto relacionado con la venta de comida en las calles y labores agrícolas temporales, o han tenido que solicitar ayuda de otros nacionales o hasta dedicarse a la mendicidad, factores por los cuales han sido objeto de explotación laboral y de mafias que se dedican a la trata de personas y en muchos casos han sido víctimas de  ataques de xenofobia en países como Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, cuyos nacionales migrantes reciben y han recibido siempre un trato digno y considerado dentro de nuestras fronteras, motivo por el cual no han optado por abandonar masivamente el país sino que aún permanecen entre nosotros compartiendo las dificultades derivadas de la crisis económica.

Desde que el 28 de agosto pasado casi un centenar de conciudadanos fueron repatriados del Perú como parte de una operación totalmente financiada por el gobierno venezolano, como corresponde a un gobierno responsable y presto a resolver los problemas de sus ciudadanos dentro y fuera de las  fronteras  (8), se cuentan ya por miles (unos 2.780 al 11/09/2018) (9), los compatriotas que han regresado voluntariamente de Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, en el marco del “Programa Vuelta a la Patria”, destinado a la atención de los migrantes venezolanos que, encontrándose en situación de vulnerabilidad en alguno de los países de la región, decidan regresar voluntariamente. Son precisamente ellos, parte de los protagonistas de ese curiosísimo caso de unos mal llamados refugiados que, contrariando todos los supuestos, piden ayuda a su gobierno para regresar a su país.

El total desmontaje de la despreciable patraña urdida sobre la existencia de una crisis humanitaria en Venezuela por vía de mecanismos diplomáticos como la presentación del ya señalado informe De Zayas en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, importante instancia de la cual Estados Unidos se ha retirado recientemente, aunado al palmario desmentido del infundio de que nuestros migrantes eran unos refugiados, logrado por vía de los hechos ante el nutrido grupo de compatriotas migrantes que ha regresado voluntariamente al país a pesar de la crisis y el más nutrido aún que trata de regresar, han tenido el nada desestimable efecto de hacer bajar sustancialmente la intensidad y el tono de las campañas mediáticas desplegadas sobre estos temas por el imperio y los gobiernos cipayos de la región, con el insano propósito de hacer aparecer a Venezuela como una amenaza para la seguridad regional y justificar de esa forma su intervención militar. Sin embargo, como era de esperarse no lograron el efecto de detener las acciones injerencistas representadas durante la semana que hoy termina por acciones como: una reunión oficiosa del Consejo de Seguridad de la ONU y una visita del secretario Almagro a Colombia.

Sobre la reunión oficiosa del Consejo celebrada el día 10, un auténtico aquelarre diurno protagonizado por Nikki Haley en su condición de presidenta temporal de esa instancia, además de comentar su nada diplomática e infundada acusación a Diosdado Cabello, presidente de nuestra Asamblea Nacional Constituyente de ser responsable de una red de narcotráfico que lleva cargamentos de droga desde Venezuela a Europa (10), sólo cabría reseñar la presentación de Miguel Ángel Martín (11), un desconocido jurista que preside el írrito TSJ en el exilio, a quien el imperio estaría promoviendo como presidente de un eventual gobierno venezolano en el exilio que sea capaz de solicitar la intervención.

En cuanto a la gira de Almagro, motivada por el interés de ponerle la mano a la mayor cantidad de los recursos financieros que fuesen aportados para paliar la inexistente crisis migratoria, sólo valdría la pena reseñar una visita suya a la ciudad fronteriza de Cúcuta, en donde con aires de “mariscal de campo” caído en desgracia se atrevió a decir, como si estuviese pasando revista a la fuerza militar multilateral, que la intervención de Venezuela era una de las opciones a considerar para defenestrar al Presidente Maduro (12).

Al concluir estas notas debo señalar con particular beneplácito que habiendo ya concluido las Maniobras Navales UNITAS LIX no se produjo, por razones que habremos de analizar en detalle en próximos artículos, la intervención militar asociada a ellas que fuese pronosticada en artículos anteriores; no obstante, hechos como los dos señalados en los párrafos anteriores desafortunadamente nos demuestran que la amenaza de invasión está muy lejos de haber sido conjurada.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
Caracas, septiembre 16 de 2018


Una vez más hemos derrotado al imperio en el seno de la OEA
 Carlos E. Lippo

 “En relación a Venezuela hay una narrativa que se quiere imponer, es la narrativa del estado fallido.
Fabrican el problema de la migración para “securitizar” un problema social y económico, esa es la nueva narrativa”
Samuel Moncada, representante permanente de Venezuela ante la OEA




La existencia de una crisis humanitaria en Venezuela ha venido siendo una profecía autocumplida  compartida por el general John Kelly, anterior jefe del Comando Sur de los Estados Unidos y por el almirante Kurt Tidd, actual jefe de ese comando unificado de seguridad que es responsable de velar por los intereses del imperio en 31 de las naciones que conforman la América del Sur, la América Central y el Caribe; siendo oportuno recordar que una profecía autocumplida o autorrealizada es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.

La intensificación de la guerra de cuarta generación en sus variantes económica, financiera, monetaria y psicológica que el imperio nos viene aplicando desde hace más de una década, al haber asumido niveles de altísimo impacto desde finales del 2015, cuando el general Kelly lanzase su profecía, así como la emisión de sanciones económico-financieras sobre Venezuela que representan un auténtico bloqueo, después de que el almirante Tidd también la hiciese suya, demuestran bien a las claras los extremadamente grandes esfuerzos que ha venido haciendo el gobierno del imperio por cuidar la reputación de estos dos de sus grandes operadores militares, en lo que a Venezuela se refiere.

En fecha ya tan lejana como el 27 de enero de 2016, la Asamblea Nacional de Venezuela de abrumadora mayoría opositora, actualmente en condición legal de desacato sancionado por el Tribunal Supremo de Justicia, siguiendo el guion impuesto por su verdadero jefe, que no era otro que el general Kelly, decretó la crisis humanitaria en Venezuela en el sector salud (1), con base en una proposición del médico y diputado José Manuel Olivares, como si una crisis de cualquier alcance y mucho menos una de esta naturaleza pudiese ser instaurada en un país por medio de un decreto parlamentario.

Afortunadamente, a poco menos de 3 años del lanzamiento de la profecía de Kelly, aún no se ha producido la anunciada y promovida crisis humanitaria en nuestro país, y ello no por falta de empeño de las autoridades del imperio, ya que: en agosto de 2017 emitieron una serie de sanciones de carácter financiero que en opinión de Peter Koening (2), economista y analista geopolítico de origen estadounidense, ex funcionario del Banco Mundial, “… son las más amplias sanciones económicas de la historia, son representativas de una guerra financiera directa que prácticamente debería paralizar a Venezuela y constituyen además un crimen de guerra, ya que ponen en peligro y amenazan las vidas del pueblo venezolano”; paralelamente coordinaron un brutal ataque a nuestro signo monetario que casi ha logrado pulverizarlo por completo, obligando a convertir nuestro Bolívar Fuerte en el Bolívar Soberano, resultante de la eliminación de cinco ceros; emitieron nuevas sanciones económico-financieras el 21 de mayo de este año, al día siguiente de la reelección del Presidente Maduro (3); y finalmente, han presionado descaradamente a media humanidad para que también nos sancionase. A pesar de todo lo cual siguen acusando impúdica y falazmente al Gobierno Revolucionario de ser el causante de esta curiosísima situación de “no crisis”.

Sin embargo, el impacto de estas agresiones ha sido tal que aun no habiendo podido generar la buscada crisis humanitaria, debido fundamentalmente al altísimo grado de conciencia alcanzado por el pueblo revolucionario y no en mucho menor grado a las medidas proteccionistas dictadas por nuestro gobierno, se ha producido un innegable deterioro del nivel de calidad de vida que habíamos alcanzado después de 17 años de revolución, lo cual ha llevado a algunos exponentes de las capas medias opositoras a emigrar hacia los países vecinos.

Aun cuando las autoridades de Colombia y en menor grado las de Brasil, países limítrofes con Venezuela, así como las de Perú, Ecuador y Chile, no paran de hablar abiertamente de que se trataría de una verdadera avalancha de refugiados venezolanos la que está cruzando sus fronteras, ninguna de ellas ha aportado cifras oficiales de tan inusitado movimiento migratorio y ello a pesar de habérseles solicitado en más de 40 notas en las últimas semanas, según lo ha señalado esta semana Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva de la república en unas declaraciones (4) en las cuales señaló además que Venezuela es el segundo país receptor de migrantes de Suramérica, mientras  que Colombia, nuestro mayor detractor en ésta y otras muchas materias, sigue siendo el país suramericano con el mayor número de desplazados internos y migrantes de la región.

Lo que realmente está ocurriendo es que desde hace meses, y con mayor intensidad durante las últimas 4 semanas, Venezuela ha venido siendo víctima de una poderosísima campaña propagandística desarrollada por el imperio y sus aliados, dirigida a imponer la narrativa de la existencia de una "crisis de refugiados" como producto de la inusitada emigración venezolana que se encuentra en desarrollo. Siendo tan corrosiva y falaz esta campaña que se ha llegado al extremo de asegurar impúdicamente, sin la más mínima ponderación, que la “crisis migratoria” venezolana podría llegar a superar a la de Siria, el hermano país árabe que desde el 2011 está resistiendo estoica y exitosamente los desmanes de una guerra mercenaria, de naturaleza y composición terrorista, financiada por los Estados Unidos y la OTAN.

Unos datos aportados a comienzos de esta semana por el vicepresidente de comunicación, cultura y turismo, Jorge Rodríguez, servirán para ilustrar suficientemente esta situación; a este respecto ha dicho Rodríguez (5), que durante los últimos 30 días la frase “crisis humanitaria”, relacionada con Venezuela ha sido mencionada en la red social Twitter, sólo en sus versiones en español e inglés, en unas 140.599 oportunidades; mientras que en relación a Siria, la misma frase sólo ha sido mencionada 29.989 veces, algo que el mismo funcionario ha calificado de "brutal, absurdo e increíble".

Algunos datos estadísticos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y de la Organización Internacional para las migraciones (OIM), recogidos por el prestigioso portal web misionverdad.com (6), habrán de servirnos para colocar el supuesto “éxodo masivo” de venezolanos, en una más justa dimensión.

Es el caso que un reporte de ACNUR fechado en junio de 2018 refleja que sólo 5.661 venezolanos habían sido reconocidos como "refugiados" por los principales países receptores de la región; si se compara este dato con el de la migración venezolana en general reconocida por la misma ACNUR desde el año 2014 (1,5 millones de venezolanos en promedio), quedarían satisfactoriamente despejadas todas las dudas sobre si Venezuela se encuentra inmersa en una "crisis de refugiados" similar a la de Siria, Libia o Myanmar, como se ha querido hacer ver con la funesta campaña orquestada por el imperio, ya que estaríamos hablando de que sólo una cantidad mucho menor del 1 % de los migrantes totales habría sido reconocida como refugiados en los países de acogida.

Otro informe situacional presentado a mediados de agosto de 2018 por la OIM, refleja que desde 2015 hasta 2018, sólo 600 mil solicitudes de visados temporales u otros mecanismos de regularización han sido presentados por los venezolanos en los países receptores de América Latina y el Caribe; dato que conduce a pensar que las cifras anteriormente presentadas por ANUR y la ONU sobre la cifra total de emigrantes venezolanos (de 1.5 millones a 2.3 millones, aproximadamente) podrían ser mucho menores, echando por tierra la narrativa de un "éxodo masivo" de venezolanos, que se quiere implantar.

Pero lo más resaltante es que tanto ACNUR como la OIM, reconocen que la migración venezolana está motivada por razones económicas, factor que poco o nada tiene que ver con la condición de "refugiados" que se intenta proyectar hacia el mundo.

Antes de entrar en el tema medular del presente trabajo debo decir que otro tema compartido por el anterior y el actual jefe del Comando Sur, es el de que la pretendida intervención militar multilateral sobre Venezuela debería ser ejecutada bajo los auspicios de la Organización de Estados Americanos (OEA) y/o de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), siendo en procura de tal apoyo que el departamento de estado gringo ordenase la celebración durante esta semana de una sesión extraordinaria del consejo permanente de la OEA, el día miércoles 5, con el propósito de declarar la “crisis migratoria” venezolana como un caso violatorio de la seguridad regional y la de los propios Estados Unidos, que ameritaría una  intervención militar conjunta.

Previa a la reunión del consejo permanente de la OEA, el ahora “modocito” Ecuador de Lenin Modero accedió por órdenes del imperio a convocar una supuesta reunión de carácter técnico bautizada con el más que pomposo nombre de "Reunión regional sobre movilidad humana de ciudadanos venezolanos en las Américas", a la cual asistieron además del anfitrión nueve de los más conspicuos miembros del Cartel de Lima (Argentina, Brasil, Costa Rica, Colombia, Chile, México, Panamá, Paraguay y Perú), países amigos como Bolivia, y otros como la República Dominicana y Uruguay, que han venido siendo al menos neutrales en los últimos tiempos. Después de dos días de “cantinfléricas” deliberaciones, no pudieron abordar a conclusión práctica alguna, pues los representantes del Cartel, cual mesa redonda de borrachos peleándose por una botella vacía, no pudieron ponerse de acuerdo en la cuantía de la ayuda a solicitar al imperio para poder echarse al hombro el “bacalao” de la “migración venezolana”; y es que a estos redomados cipayos se les olvida que sólo países totalmente incondicionales como Israel y Colombia, califican para recibir una ayuda de esta naturaleza.

Unas destempladas declaraciones del Carlos Trujillo, el mandado incondicional del senador “Narco” Rubio y representante permanente de Estados Unidos ante la OEA, referidas el día lunes 3 por nuestro representante permanente, Samuel Moncada (7), en las cuales este pichón de halcón ofendía a los hermanos gobiernos del Caribe, miembros del ALBA-TCP y signatarios del acuerdo Petrocaribe, tildándolos de corruptos sólo porque se siguen negando a aceptar las órdenes de agresión dictadas por el imperio, daba a conocer que el imperio, por enésima vez, no contaría con los 24 votos necesarios para condenarnos.

En lo adelante la sesión extraordinaria convocada por el secretario Almagro para condenarnos, esta vez con la excusa de que la supuesta crisis “migratoria venezolana” comportaba un severo peligro para la seguridad regional perdió toda su importancia, al punto de que el inefable Trujillo ni siquiera se hizo presente en ella para no ser testigo de la clamorosa victoria venezolana apuntalada en las firmes convicciones antimperialistas y en la lealtad de nuestros valientes aliados del ALBA-TCP  y Petrocaribe.

La derrota del imperio fue de tal magnitud que no le fue posible proponer resolución alguna en contra de Venezuela; siendo necesario señalar que tal hecho tuvo su principal causa, a juicio de William Castillo,  viceministro de comunicación internacional de nuestra cancillería, en las profundas diferencias surgidas entre los miembros suramericanos del Cartel de Lima sobre la forma de manejar los fondos a ser aportados por EE UU y Europa para la gestión de la supuesta “crisis migratoria” (8). Y es que entre los gobiernos de estos países no existe nada en común como no sea el odio hacia la Revolución Bolivariana, existiendo además profundas diferencias inspiradas por los celos en sus relaciones con el imperio.

Finalmente y para intentar no perderlo todo, al secretario Almagro no le quedó más remedio que nombrar, a título personal, un “grupo de trabajo sobre la migración venezolana” (9), con la pretendida misión de elaborar un informe y captar fondos para el “auxilio” de los supuestos migrantes. El dichoso grupo habrá de ser dirigido por David Smolansky, el exalcalde terrorista del municipio El Hatillo (Caracas) que se encuentra prófugo de la justicia y es agente del sionismo internacional, siendo uno de sus miembros el diputado José Manuel Olivares, el mismo que intentó decretar la crisis humanitaria en el sector salud a finales de enero de 2016. En relación a dicho grupo nuestro representante permanente en la OEA, Samuel Moncada, ha dicho que se trata de un grupo intervencionista con el cual se estaría tratando de imponernos la aceptación de un “canal humanitario”, iniciativa que hemos rechazado y seguimos rechazando por considerar que facilitaría la invasión al permitir la entrada de fuerzas militares extranjeras en nuestro territorio.

Esta nueva victoria diplomática no debe envanecernos, pues si bien debe servir para posponer por algún tiempo la inminente invasión, al haber evidenciado la falsedad de la supuesta crisis migratoria venezolana y sus supuestas implicaciones sobre la seguridad regional, no la conjura en modo alguno, ya que seguirán insistiendo con el mismo tema en el seno de la OEA y también en la ONU, donde el tema será llevado por Estados Unidos de manera informal al consejo de seguridad el próximo lunes 10, según ha declarado Nikki Haley (10). Y es que en el caso de que se llegase a agotar el tema, gracias a iniciativas como la de la  promoción de la vuelta a la patria de los migrantes que lo soliciten, adelantada exitosamente por el Gobierno Revolucionario en los últimos días (11), el imperio tiene a mano otros temas para intentar justificarla, como lo es el del “falso positivo colombiano”, ampliamente referido en trabajos anteriores.

Que la amenaza de invasión está muy lejos de haber sido conjurada es algo que queda demostrado por unas declaraciones del representante permanente de los Estados Unidos en la OEA, Carlos Trujillo, el día de ayer, cuando trataba de hacer “control de daños” en relación a la derrota y a unas más que infelices declaraciones que hiciese a comienzos de la semana, en el marco de una entrevista concedida a la agencia France Press. El caso es que al ser interrogado sobre si está descartada la opción de una intervención militar en Venezuela, este “pichón de halcón” disfrazado de diplomático respondió casi automáticamente: “La Casa Blanca y el presidente han dicho en varias ocasiones que todas las opciones están sobre la mesa”.

Es por ello que aprovechando esta aparente tregua no declarada y aun estando plenamente convencido de la mayor capacidad y disposición del pueblo revolucionario y la FANB para enfrentar la invasión, me voy a permitir hacer las siguientes recomendaciones:

  • A los partidos integrantes del Polo Patriótico y los Movimientos Sociales de la Revolución: que coordinen con sus homólogos de los países aliados el alistamiento de unas brigadas de voluntarios internacionales dispuestos a venir a nuestro territorio para acompañarnos en la lucha.
  • Al más alto gobierno: que aun entendiendo que nosotros podemos no tener la misma importancia estratégica que Siria para la Federación de Rusia, se gestione el apoyo militar de ese país amigo al más alto grado posible; gestiones que deben hacerse extensivas también al resto de las potencias amigas, tales como China, Irán y Turquía.
¡Ha llegado la hora de luchar para defender la integridad de la Patria!
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
Caracas, septiembre 08 de 2018

sábado, 1 de septiembre de 2018


¿Septiembre rojo en Venezuela?
 Carlos E. Lippo

El Gobierno Bolivariano solo puede ser derrocado a través de una "operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, en el contexto legal y mediático del secretario general, Luis Almagro".
Almirante Kurt Tidd, comandante en jefe del Comando Sur de los Estados Unidos




Tal como hemos señalado en numerosos trabajos anteriores, las Maniobras Navales UNITAS, consistentes en ejercicios aeronavales conjuntos realizados al menos anualmente por las armadas de buena parte de los países latinoamericanos bajo la supervisión del Comando Sur de los Estados Unidos, son una pieza fundamental del tutelaje militar del imperio sobre los países de la región; fueron concebidas  en el marco del “Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca” (TIAR) y aprobadas en la “Primera Conferencia Naval Interamericana de Panamá” (1959), correspondiendo a las aguas venezolanas el muy dudoso honor de haber servido de escenario a las UNITAS I, en el mes de mayo de 1960.

Es harto conocido que las UNITAS XIV, celebradas en aguas de la república de Chile en septiembre de 1973, hicieron posible la movilización temprana y sin levantar sospechas de la armada golpista chilena que actuó como elemento de presión y apoyo al ejército de Pinochet, ejecutor del golpe de estado contra Salvador Allende aquel infausto día 11; hecho que debe ser considerado por los jerarcas gringos como uno de los mayores logros, hasta ahora, de este malhadado dispositivo militar.

Mucho menos conocidos deben ser una serie de abortados intentos de intervención militar del imperio sobre nuestro país, apoyándose en el desarrollo de algunas de las sucesivas versiones de dichas maniobras, entre los cuales pasaré a presentar los siguientes:

·         El intento de invadir a Venezuela el 1° de diciembre de 1963, a solicitud del entonces presidente proyanqui y vendepatria Rómulo Betancourt Bello, en el caso de que fracasaran las elecciones presidenciales pautadas para esa fecha a consecuencia del llamado abstencionista de la izquierda insurreccional de la época o que dichas elecciones fueran perdidas por el partido de gobierno, utilizando como mamparas las Maniobras UNITAS IV que se desarrollaban en el golfo de Morrosquillo (Caribe Colombiano) y la “Operación América”, consistente en unas maniobras navales conjuntas de las armadas de Estados Unidos y todos los países bolivarianos ejecutadas en el puerto colombiano de Tolú, a unos 250 Km. en línea recta de la frontera con Venezuela; intento que fue abortado debido al triunfo electoral del partido de gobierno (1).
·         Un intento de alterar los resultados de las elecciones presidenciales del 07 de octubre de 2012 en las que resultase triunfador por cuarta vez consecutiva el gigante Chávez, evidenciado por un ataque cibernético masivo sobre el centro de cómputos del CNE, realizado durante la noche del 7 y las primeras horas del 8; ataque que a juicio nuestro fue perpetrado desde una nave norteamericana de las que participaron en las Maniobras UNITAS LIII, en las cuales según señalamiento del  contralmirante Sinclair M. Harris, comandante de la cuarta flota y anfitrión de las mismas, se desarrollaron escenarios de guerra de alta gama, con importantes elementos de “guerra electrónica”, entre otros recursos de la panoplia militar gringa.
·         El intento de intervención protagonizado por El USS George Washington (CVN-73), portaaviones estadounidense de propulsión nuclear de la clase Nimitz, una auténtica fortaleza flotante con una tripulación de 3.200 efectivos, 2.480 efectivos de tropa,  90 aeronaves, entre aviones y helicópteros y equipado con modernos dispositivos de guerra electrónica, que se mantuvo en aguas del Caribe oriental muy próximas a nuestras aguas territoriales, durante los días previos a las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015, de regreso de las maniobras navales UNITAS LVI-Fase Atlántico, celebradas entre el 13 y el 28 de noviembre en las costas brasileñas; intento que fue abortado por el “sorpresivo” triunfo electoral de la oposición (2).

Desde las UNITAS LIII celebradas en el 2012 en la que se incorporaron unidades de la armada francesa, se han venido incorporando países extraños a la región, fundamentalmente países de la OTAN y se vienen celebrando dos eventos anuales: uno en la costa Pacífica del continente y otro en la costa Atlántica o en la costa Caribeña. Afortunadamente desde ese mismo año, Venezuela no forma parte de este ominoso “mecanismo de autoagresión” gracias a una de las decisiones más sabias del Gobierno Revolucionario, cual fue la denuncia del TIAR, tomada en el marco de la Nueva Doctrina Militar Venezolana (3).

Entrando en materia debo comenzar diciendo que ayer 31 de agosto se dio inicio en aguas del Caribe colombiano muy próximas a nuestras aguas territoriales, a la 59° versión de las citadas maniobras (UNITAS LIX 2018 –Fase del Caribe), con participación de 12 naciones del continente, Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Honduras, México, Panamá, Perú y República Dominicana, la inmensa mayoría de ellas regidas por gobiernos altamente hostiles a nuestro país, más la armada del Reino Unido, también manifiestamente hostil a nosotros (4).
Según fuentes de la armada colombiana, el objetivo declarado de estos ejercicios aeronavales con participación de submarinos y unidades de superficie que se prolongarán hasta el próximo 12 de septiembre, es el fortalecimiento de la confianza y la integración de las fuerzas navales del continente, además de mantener el entrenamiento de las tripulaciones para cooperar mutuamente ante las diferentes amenazas hemisféricas, y ya sabemos cuál país ha venido siendo declarado reiteradamente por ellas como una amenaza hemisférica.

La agenda oculta de las maniobras, que no es otra que el derrocamiento del Gobierno Bolivariano por vía de una intervención multilateral conjunta, que ya fue acordada durante la reciente gira a la región del secretario de defensa Mattis (5), es fácilmente deducible a partir del señalamiento del comandante en jefe del Comando Sur, que presentamos al inicio de estas notas y que se corresponde con una de las consideraciones finales de un documento secreto del Comando Sur de los Estados Unidos suscrito por el Almirante Kurt Tidd el 23 de febrero del presente año,  cuyo título en inglés es “PLAN TO OVERTHROW THE VENEZUELAN DICTADORSHIP, MASTERTROKES” (6), y cuya traducción a cargo de Rolando Graterol Guzman: “Plan para Derrotar la Dictadura Venezolana, Golpe Maestro”, presentamos en (7).

La necesaria “bendición” de la OEA a la funesta intervención habrán de buscarla en la sesión extraordinaria del consejo permanente convocada para el miércoles 5 de septiembre (8), contando con una importante probabilidad de obtener los 24 votos necesarios para ello, a partir de la deserción del Ecuador de Lenin Moreno quien no sólo retiró a su país del ALBA-TCP, sino que genuflexamente envió una fragata a las maniobras después de 11 años de ausencia de ellas por decisión del expresidente Correa (9), así como de los consabidos “cañonazos” de billetes verdes disparados por el imperio en ocasiones como ésta, que habrán de servir para ablandar la voluntad de uno que otro pequeño país de la región.

Tal como he venido planteando en no pocos trabajos anteriores debo reiterar responsablemente que existe una probabilidad inmensa de que nuestro país sea objeto de una intervención militar del imperio utilizando como mampara la celebración de las UNITAS LIX. Desde luego que la intervención no estaría a cargo exclusivamente del exiguo contingente aeronaval multinacional participante en dichas maniobras, sino de una fuerza de tarea especial para cuya conformación no habría que ir tan lejos como Quantico, Pensacola, Vieques o Panamá, como debía ocurrir en el caso del intento de intervención de 1963 anteriormente reseñado, teniendo tan cerca de nuestras fronteras las 9 bases militares emplazadas en Colombia, así como las de Reina Beatriz (Aruba) y Hato Rey (Curazao) y contando adicionalmente con un par de ejércitos colombianos, el regular y el paramilitar, más que deseosos de intervenir, acicateados por una criminal campaña gubernamental de terror y xenofobia, iniciada desde los tiempos de Uribe Vélez, continuada por Santos y llevada a su máxima expresión por Duque.

Como si hiciera falta, la inminencia de tal intervención es también puesta evidencia por unas declaraciones ofrecidas hace pocos días por el senador republicano Marco Rubio (10), en las cuales hacía referencia a una reunión sostenida en la Casa Blanca con el secretario de seguridad nacional, John Bolton; en ellas este conocido detractor de Venezuela señalaba entre otras cosas que: “…“las Fuerzas Armadas de EEUU solamente se utilizan en caso de amenaza a la seguridad nacional”, y “… hay un argumento muy fuerte que se puede hacer en este momento de que Venezuela y el régimen de Maduro se han convertido en una amenaza a la región, incluso a EEUU”.

Dando por hecho que la intervención habrá de ser intentada quedaría pendiente por desentrañar el tipo de intervención a ejecutar y la excusa que habrán de ofrecer a la comunidad internacional como justificación para hacerla; conocer lo primero se requiere para poder decidir el tipo de defensa militar que habrá de oponérsele y lo segundo, para poder diseñar la defensa diplomática que necesariamente habrá de ser intentada por nuestro gobierno en los organismos multinacionales.

En relación al tipo de intervención debo decir que estimo que habrá de tratarse de una intervención militar directa, utilizando como punta de lanza las fuerzas militares colombianas, teniendo como blanco nuestra valiosa infraestructura industrial y de servicios existente en la región occidental del país, todo ello en procura de “liberar” un territorio en el cual poder instaurar un gobierno paralelo títere que solicitaría el reconocimiento internacional promoviendo la secesión de la “media luna occidental” del país. Con menor probabilidad podría tratarse de intentar un bloqueo aeronaval del país, con el propósito de impedir nuestras exportaciones de petróleo, así como la importación de alimentos y medicinas y la llegada de ayuda militar de nuestros aliados; causando un natural estado de conmoción nacional a partir del cual tomarán nuevas decisiones injerencistas.

Como “justificaciones” para esta ominosa intervención militar podrían intentar:

·         La generación de un “falso positivo” de carácter militar, tal como la falsa incursión en territorio colombiano de un par de helicópteros y 30 efectivos de la GNB, que difundieron profusamente a partir del pasado lunes 20 a través de la agencia EFE (11), que como sabemos es replicada por una gran cantidad de medios a nivel planetario; entendiendo que la consolidación de una matriz mediática de esta naturaleza serviría para presentar la intervención como una respuesta solidaria conjunta a supuestas violaciones de la seguridad interior de Colombia. Siendo oportuno señalar que tal infundio fue rápidamente desmentido por nuestra cancillería.
·         Una espuria solicitud de intervención por parte de un supuesto gobierno paralelo que pretenderían formar en Colombia a partir de las ilegales decisiones de un cuerpo de abogados que se hace llamar Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, que funcionando desde las instalaciones del congreso colombiano, obviamente bajo los auspicios del gobierno de ese país, solicitó esta semana a la FANB la detención física de Maduro, a partir de la cual procederían a nombrar un “presidente en el exilio” (12).
·         La declaratoria de Venezuela como una supuesta amenaza regional con base en lo que estúpidamente y sin base probatoria alguna el secretario Almagro ha llamado "el éxodo más grande que ha existido en la historia del hemisferio occidental”; algo que pretenden lograr en la sesión extraordinaria del consejo permanente de la OEA convocada para el 5 de septiembre (8). “Justificación”, que siendo a mi juicio la más probable de intentar, ya comenzó a ser desmontada por nuestro gobierno mediante las denuncia interpuesta por Delcy Rodríguez, Vicepresidenta ejecutiva de la República, ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en el sentido de demostrar que existe una matriz internacional contra Venezuela en materia migratoria, para justificar una intervención militar, así como por las propuesta de evaluar en forma conjunta el verdadero alcance e impacto del evidente fenómeno migratorio (13).

A la luz de todo lo antes expuesto resulta meridianamente claro que durante el mes que hoy comienza habremos de ser objeto de algún tipo de intervención militar por parte del imperio y una caterva de países vecinos que no deberían abrigar hacia el nuestro más que sentimientos de agradecimiento, en reciprocidad por las ayudas que se les han brindado en diferentes épocas y escenarios, pero que sin embargo han optado por secundarlo al creerlo un seguro vencedor, cosa que aún está por verse, puesto que en realidad ese gigante con pies de barro no ha ganado más guerras que las que Hollywood falsamente les acredita.

Es oportuno señalar que en ausencia de aliados regionales de peso pues sólo los países del ALBA-TCP, nos apoyan en este difícil trance, contamos al menos hasta ahora con el apoyo de Rusia y China, evidenciado en hechos tangibles tales como: la celebración de unos ejercicios aéreos conjuntos, con la aviación de la Federación de Rusia en una fecha no divulgada aún del mes de septiembre (14); y la llegada de un buque hospital de la armada de la República Popular de China, que habiendo sido acordada hace algún tiempo, es evidente que habrá sido confirmada para este mismo mes (15).

Reiteramos que somos un pueblo pacífico, cuyos ejércitos sólo trascendieron las fronteras durante el siglo XIX para ayudar a liberar a países hermanos, entre ellos algunos de los que hoy nos asedian con más saña, del yugo del imperio español; pero si el imperio yanqui se empeña en venir por nosotros no nos dará otra opción que propinarle su segunda derrota militar en América y hacer de la patria latinoamericana un gigantesco Vietnam.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
Caracas, septiembre 01 de 2018