lunes, 9 de octubre de 2017



¡Alerta, el Secretario General de la OEA está promoviendo una intervención militar en Venezuela!
Carlos E. Lippo





Desde su propia creación la OEA, esa vetusta organización que habrá de cumplir el año próximo 70 años de infausta existencia, ha cohonestado todos los golpes de estado promovidos por los Estados Unidos para derrocar gobiernos legítimamente constituidos que no han sido de su gusto, no menos de 32 en este período (1), al aceptar en su seno sin mayores trámites a los representantes de los respectivos gobiernos de facto, comenzando por el golpe militar propinado a Don Rómulo Gallegos, primer presidente venezolano electo por votación universal, directa y secreta, en noviembre de 1948, hasta terminar con el reciente golpe de estado parlamentario propinado a Dilma Rousseff en la República Federativa de Brasil. Aunque sólo fuera por esto, la OEA tendría bien merecido el apodo de “Ministerio de Colonias de los Estados Unidos”, con el cual se refiriese a ella el excanciller de Cuba Raúl Roa en medio de aquel denigrante proceso que terminó con la exclusión de su país del sistema interamericano, en enero de 1962.

Pero no es sólo esto, es que diez intervenciones armadas estadounidenses en países latinoamericanos (1 y 2), dos de ellas autorizadas por los gobiernos de turno en Colombia (con fuerzas militares de todo tipo) y en Méjico (con fuerzas policiales), no por autorizadas menos letales, no provocaron la más mínima reacción de rechazo en el seno de la OEA. Siendo necesario destacar que: en el caso de la invasión a la República Dominicana, en 1965, la OEA no sólo dio su beneplácito sino que la acompaño con fuerzas militares reclutadas entre los países miembros;  y algo similar ocurrió en el caso de la invasión a Haití, en el 2010, producida con la excusa de prestar ayuda humanitaria en ocasión de un terremoto que muchos dicen que fue generado por los mismos gringos y que fue sostenida hasta el 2015, “apoyando”  al MINUSTAH, misión de la ONU desplegada en Haití desde el 2004, cuando dieron el golpe al presidente legítimo Jean-Bertrand Aristide.

Bajo la consideración de hechos como los señalados en los párrafos anteriores no puede generar extrañeza alguna la hostilidad manifiesta en contra de la Revolución Bolivariana, demostrada por los secretarios generales de la organización anteriores a Luis Almagro: César Gaviria Trujillo (Colombia) y José Manuel Insulza (Chile).

En efecto, Gaviria Trujillo fue comisionado el 13 de abril de 2002 estando el golpe en pleno desarrollo, para trasladarse a Venezuela en ayuda del golpista Carmona Estanga sólo que a su llegada, dos días más tarde, ya el Comandante Chávez había sido restituido en el poder por la unión cívico militar. Sin embargo, creyéndose un verdadero procónsul del imperio fungió de “facilitador” de la mesa que se estableció para dialogar con la oposición representada por aquel esperpento antecesor de la actual MUD que se llamó la Coordinadora Democrática, con posiciones descaradamente favorables a ella y se mantuvo entre nosotros prácticamente de manera permanente hasta después del referéndum revocatorio de agosto de 2004, al cual concurrieron como observadores (figura que ya no existe en nuestra legislación electoral), la propia OEA y el Centro Carter.

Y por su parte Insulza, satisfaciendo las exigencias del imperio propició dos hechos absolutamente rocambolescos para atacar nuestra revolución; se trata de: la admisión de una falsa denuncia interpuesta personalmente por Álvaro Uribe Vélez  en julio de 2010, dos semanas antes de dejar el cargo, según la cual existían campamentos de la insurgencia colombiana en territorio venezolano, argumento que nuestra delegación desmontó fácilmente puesto que las coordenadas de ubicación de los campamentos señaladas por Uribe, correspondían a territorio colombiano (3);  y un derecho de palabra que intentó conceder a la dirigente opositora venezolana María C. Machado, para intervenir en el Consejo Permanente con base en una acreditación que la hacía representante alterno de Panamá, iniciativa que debía materializarse en marzo de 2014 en pleno auge de las acciones terroristas perpetradas en Venezuela con el nombre de “La Salida”, pero que fue bloqueada por una clamorosa victoria venezolana de 22 votos contra 11 más una abstención (4).

Aun en el marco definido por las actuaciones de secretarios generales tan cipayos y sumisos al imperio no deja de resultar realmente excepcional la conducta del secretario Almagro, quien antes de tomar posesión del cargo, se arrastró impúdicamente ante sus jefes imperiales al fijar su posición en relación a la infame orden ejecutiva de Obama que nos calificaba de amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de su país, que no fue otra que excusar al imperio con la misma argumentación que lo hizo aquel funcionario de medio pelo del departamento de estado que aseguró que en realidad no representábamos tal amenaza sino que se trataba de un problema de redacción, pues para emitir el dichoso decreto se había utilizado un documento proforma que es el usual en los casos de amenazas reales. En aquella oportunidad Almagro declaró a TeleSur (5) en una entrevista celebrada el 09 de abril en el marco de la VII Cumbre de las Américas en la que Venezuela recibió el apoyo unánime de los países miembros de UNASUR y CELAC, palabras más, palabras menos, que el decreto había sido hecho de “manera automática” ya que se repitió lo mismo que se había dicho en los casos de otros países.

Juzgo innecesario describir la cantidad de intentos que ha hecho el secretario Almagro por aplicarnos la llamada “Carta Democrática” de la OEA, que se traduciría en un tutelaje del país impuesto por una fuerza militar multiestatal, elaborando para ello cuatro informes totalmente falaces, carentes del más mínimo rigor ético; en relación a este bastardo proyecto estimo que basta con señalar que cada vez menos países miembros respaldan las propuestas que a nombre del imperio ha intentado aprobar tanto el en el Consejo Permanente, como en la 47° Asamblea General de la OEA, celebrada en Cancún, Méjico en junio del presente año, en la que la propuesta del imperio fue apoyada por sólo 13 de los 34 países miembros.

A partir de este último fracaso y como quiera que el amo imperial, que ha dado muestras suficientes de no atreverse a invadirnos por sí mismos, no cesa de presionarle y él parece haber sentido desde siempre una especie de obsesión fatal por la Revolución Bolivariana, se ha enfocado en el logro de dos objetivos que a su juicio habrían de servir de eficaz catalizador para provocar la intervención militar que está promoviendo; tales objetivos son: una condena del gobierno de Venezuela en instancias internacionales por el tema de una presunta violación sistemática de los derechos humanos; y la conformación de un gobierno venezolano paralelo ficticio, que desde el exterior del país solicitase la intervención. Después de tantos fracasos no ha inventado nada nuevo este judas latinoamericano procedente de la cantera uruguaya, ya que como se recordará ambos argumentos fueron los más utilizados para justificar la invasión a la Libia de Gadafi en el 2011.

Almagro ha tenido que recurrir a instancias internacionales diferentes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dependiente de la OEA, debido a que desde septiembre de 2013 no formamos parte de este ominoso tribunal en virtud de la denuncia de la Convención  Interamericana de Derechos Humanos que oportunamente hiciese el Comandante Chávez un año antes (6); siendo oportuno recordar que los Estados Unidos, como es su costumbre, nunca han suscrito la citada convención.

Que se encuentra tenazmente abocado a lograr nuestra condena en instancias internacionales es algo demostrable a partir de los siguientes hechos:
  • El nombramiento del exfiscal jefe de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, como asesor especial de la OEA en temas de crímenes de lesa humanidad (7), el pasado mes de julio, con el propósito de elaborar un informe que sirva para sustentar la acusación con base a lo previsto en el “Estatuto de Roma”; siendo oportuno señalar que el tarifado Moreno Ocampo es el mismo funcionario que logró la condena de Gadafi en la CPI (2011) bajo la absurda acusación de que el líder libio suministraba grandes cantidades del fármaco “Viagra” a sus soldados para que procediesen a violar salvajemente a las mujeres libias de los territorios en rebeldía.
  • Su comparecencia, hace pocos días, ante la  Comisión Europea para la Democracia, con sede permanente en Venecia, para tratar el “tema” de Venezuela, después de haberle enviado sus falaces informes. La extrema complacencia con la que el propio Almagro reseña la noticia se basa  en que dicha instancia, íntimamente vinculada a la OTAN, ya se ha pronunciado de manera preliminar en contra de nuestra Asamblea Nacional Constituyente (8).

Que está intentando por todos los medios a su alcance de instalar un gobierno venezolano paralelo con sede en Washington es algo que no necesita demostración a partir del reconocimiento público otorgado a un grupo de abogados venezolanos, prófugos de la justicia venezolana en los Estados Unidos por haber intentado usurpar las funciones del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, que comenzarían a funcionar como el TSJ venezolano en el exilio desde uno de los locales de la OEA, a partir de esta misma semana (9). Como Almagro reconoce y aúpa ampliamente a la Asamblea Nacional de Venezuela declarada en desacato por el TSJ legítimo, sólo le faltaría conformar un gobierno paralelo ficticio a la usanza del Consejo Nacional de Transición de Libia, para completar los principales órganos de un pretendido estado venezolano en el exilio.

En verdad que sólo es posible augurarle al secretario Almagro el más rotundo fracaso a raíz de estas nuevas gestiones, que consideramos son producto de la enorme presión que el imperio le genera en medio de su gran frustración por no haber podido doblegarnos después de tantos años de la artera guerra de cuarta generación que nos viene aplicando desde que declaramos el carácter antiimperialista de nuestra revolución.

Decimos que tales gestiones están destinadas al más rotundo fracaso por las siguientes razones:

  • La declaración conjunta sin precedentes en apoyo de Venezuela, suscrita por 63 países en el marco del 36° periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU (10), hace nugatorio el que Moreno Ocampo pueda demostrar con su informe que la situación de los derechos humanos en Venezuela amerite una investigación por parte de la CPI, y más aun a raíz del hecho de que este corrupto funcionario está siendo imputado por la propia CPI, al ser acusado de actuar en contra de los intereses de la misma al defender al magnate petrolífero libio Hassan Tatanaki (11).
  • Resulta más que evidente que Venezuela está fuera del alcance de la Comisión de Viena, ya que la misma está conformada por los 47 miembros del Consejo de Europa y otros 14 países: Argelia, Brasil, Chile, Corea del Sur, Costa Rica, Estados Unidos, Israel, Kazajistán, Kosovo, Kirguizistán, Marruecos, México, Perú y Túnez, entre los cuales obviamente no nos encontramos.
  • Es muy poco lo que puede lograr en materia de “justificación” de la invasión un gobierno instalado en Washington, sin jurisdicción alguna sobre ninguna porción del territorio venezolano.

A juicio nuestro, el hecho de que el secretario Almagro debe tener plena conciencia de esta situación, es el que determina que se haya lanzado sin recato alguno a solicitarle la invasión al propio comandante en jefe del Comando Sur, el almirante Kurt Tidd, en ocasión de la celebración de un evento latinoamericano  promovido por el gobernador del Estado de Florida, un obsesivo antivenezolano, tal como orgullosamente lo reseñase el propio secretario en su cuenta Twitter (12), mostrando la fotografía que ilustra este artículo.

A partir de todo lo expuesto en estas notas es que nos atrevemos a señalar, como ya lo ha sugerido el Fiscal General de la República Bolivariana de Venezuela, Tarek William Saab (13), que Luis Almagro está promoviendo una intervención armada en Venezuela por parte del imperio y sus aliados.

¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!



celippor@gmail.com
Caracas, octubre 09 de 2017

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