martes, 6 de febrero de 2018

¿Se encuentra ya en su fase final el proyecto invasor del imperio sobre Venezuela?
Carlos E. Lippo


“Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad.”
Simón Bolívar



Una de las primeras ocasiones en las que escribimos sobre este nefasto proyecto de invasión fue en mayo del año 2013, pocas semanas después de la desaparición física del Comandante Chávez y de la victoria electoral del Presidente Maduro. En aquella ya lejana oportunidad presentábamos un análisis que con base en consideraciones económicas, políticas y geopolíticas intentaba demostrar que la invasión yanqui era un hecho casi fatal y que la decisión de invadirnos ya había sido tomada en El Pentágono, quedando sólo por determinarse, cuándo invadirían y de qué forma lo harían, temas sumamente importantes para intentar desmontar el dispositivo invasor por vía de su denuncia a nivel nacional e internacional, así como para poder diseñar y desarrollar en forma conjunta, gobierno y pueblo revolucionario, los planes requeridos para contrarrestar la agresión en caso de no haber logrado abortarla.

Tratando de aproximarnos al conocimiento de cómo habría de producirse la inexorable invasión publicamos a partir de marzo de 2014 y hasta septiembre de 2018, una serie de artículos [(1), (2), (3) y (4)], en los cuales definíamos un conjunto de escenarios de invasión factibles, formulados con arreglo al análisis de algunas de las innumerables invasiones realizadas por el imperio desde la segunda mitad del siglo XX al mismo tiempo que evaluábamos su factibilidad de ocurrencia en las circunstancias de cada momento.

Mucho hemos querido equivocarnos en la apreciación de que la decisión de invadirnos ya había sido tomada; ocurre sin embargo que el proyecto invasor ha seguido su curso inexorable, como lo evidencian entre muchos otros los siguientes hechos:

·         La emisión de la Orden Ejecutiva # 13692 del 8 de marzo de 2015, suscrita por Barack Hussein Obama, que declara a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de EEUU, tratándose ésta de un tipo de acción que ha sido un paso previo común a todas las invasiones que han ejecutado o intentado ejecutar, en el último medio siglo.

·         La estrategia que ha venido desarrollando el Comando Sur y la contrarrevolución venezolana tutelada por esa máquina de guerra, con arreglo a los ocho objetivos definidos en el documento suscrito por su comandante general, el almirante Kurt Tidd, identificado con el título “Venezuela Freedom-2 Operation - Phase preceding - Executive summary. 25.2016, February/Admiral Kurt W. Tidd, Commander U.S. Southern Command (SOUTHCOM)”, filtrado oportunamente por algunos camaradas y analizado en detalle por nosotros en varias notas anteriores.

·         Unas terribles declaraciones ofrecidas por el mismísimo Donald Trump a comienzos del mes de agosto de 2017, luego de reunirse con su secretario de Estado, Rex Tillerson; su asesor de seguridad nacional, H.R. Mc Master; y su embajadora ante la ONU, Nikki Haley, en las cuales, y con el mayor desparpajo, nos amenaza con una intervención militar (5).

·         La celebración de la “VII Conferencia Sudamericana de Defensa”, en Lima, Perú, durante los días 23 y 24 de agosto del pasado año, reunión en la cual bajo la dirección del almirante Tidd, jefes militares de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Paraguay, Perú y Uruguay, determinaron nuevas estrategias para "enfrentar amenazas militares" y "atender" la crisis en Venezuela” (6); hecho que demuestra de manera palmaria que no se trata de simples especulaciones nuestras el decir que el imperio esté tratando de conformar una fuerza multilateral para invadirnos.

·         La gira desarrollada por el vicepresidente Pence por Colombia, Argentina, Chile y Panamá, pocos días después de que su jefe profiriese sus amenazas de intervención militar, en procura del apoyo militar de esos países para invadir a Venezuela; con el agravante de que estando en el “Estado Forajido de Colombia”, se atrevió a tildarnos de “estado fallido” (7), al igual que antes otros funcionarios de igual o mayor jerarquía lo hicieron con países que luego resultaron invadidos: Afganistán, Irak y Libia, entre ellos.

·         La ejecución de al menos ocho maniobras militares conjuntas, algunas de ellas muy cercanas a las fronteras venezolanas, entre los meses de junio y noviembre de 2017 (8), una cantidad realmente inusitada tomando en consideración que en los últimos años, aparte de las Maniobras Navales UNITAS sólo de venían celebrando ejercicios conjuntos en las inmediaciones del Canal de Panamá; con el agravante de que en tales ejercicios han acompañado a las fuerzas del imperio no sólo efectivos militares de los países de la región que le son más sumisos, sino también de algunos países miembros de la OTAN, de aquellos que hacen muy poco esfuerzo por disimular su avidez por ponerle la mano a nuestros ingentes recursos minerales de carácter estratégico.

Que el proyecto invasor gringo se encuentre, a juicio nuestro, en la fase final de su desarrollo es algo previsible por la desesperación de las máximas autoridades del imperio ante la manifiesta incapacidad exhibida por la contrarrevolución venezolana para dar al traste con la revolución bolivariana; en apoyo de esta hipótesis consideramos que es más que suficiente hacer mención de los siguientes hechos:

·         La reciente instalación de dos bases militares estadounidenses de acción rápida en las comunidades de Vichada y Leticia, en el departamento colombiano de Amazonas, limítrofe con Venezuela por el sur oeste del país, según lo denunciara el periodista José Vicente Rangel (9). Estas bases que vienen a sumarse a las no menos de nueve ya existentes, significan un paso importante en la ocupación militar de Colombia, considerada por el difunto senador estadounidense Paul Coverdell como un paso previo necesario para invadir a Venezuela.

·         Un incremento notable de la actividad paramilitar colombiana en las cercanías de nuestra frontera, que ha venido incrementándose desde que en marzo de 2017 la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) hubiese desmantelado un campamento, en el que estaban concentrados 120 paramilitares (10); siendo necesario hacer notar que en dicho campamento fueron encontrados uniformes de los ejércitos colombiano, venezolano y estadounidense, asociados sin duda alguna a las operaciones de falsa bandera, o “falsos positivos” que se pudiesen estar gestando en nuestra contra.

·         La contundente derrota que habrá de sufrir la contrarrevolución venezolana en las elecciones presidenciales a ser celebradas antes del 30 de abril, cualquiera que sea la forma bajo la cual participe, unida o dividida, si es que en definitiva decide participar. La derrota electoral de la contra es totalmente previsible debido al abandono de sus adherentes a causa de sus reiteradas políticas extremadamente erráticas, la última de las cuales ha sido el coincidir con el imperio en pretender implantar la matriz de opinión de que se trata de unas elecciones ilegales, cuando según los resultados de la más reciente encuesta de una de las pocas encuestadoras serias del país, con base en 1.580 entrevistas directas en hogares, realizadas entre el 08/12/2017 y el 31/01/2018, un 65 % expresó estar de acuerdo con su celebración entre los meses de marzo y abril, mientras sólo el 32 % dijo estar en desacuerdo (11).

·         El temprano inicio de los ejercicios militares conjuntos en la región, marcado por las maniobras “Nuevos Horizontes”, en ejecución desde comienzos de enero y hasta el mes de julio, en el marco de las cuales se permitirá a 415 miembros de la fuerza aérea gringa portar armas y gozar de privilegios diplomáticos en territorio panameño, violando la constitución panameña, el derecho internacional y el “Tratado Permanente de Neutralidad de la Zona del Canal”. Esto último muy grave en opinión del internacionalista de origen panameño y miembro de la Red Voltaire, Julio Yao Villalaz, por poner en riesgo la integridad del canal y del istmo, ante el legítimo derecho de ataque que asistiría a Venezuela, en represalia por “una intervención militar regional que EEUU lleva años planeando para derrocar al gobierno de Venezuela y destruir su revolución” (12).

·         La extremadamente grotesca acción injerencista protagonizada por el secretario de estado Tillerson en un discurso pronunciado el pasado 01 de febrero en la Universidad de Texas, con el cual trató de incitar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a ejecutar un golpe de estado, por medio de la siguiente cita textual: "En la historia de Venezuela y de otros países sudamericanos, muchas veces el ejército es el agente de cambio cuando las cosas están mal y el liderazgo ya no puede servir a su gente" (13). Pero no contento con la infame acción injerencista, en la misma pieza oratoria, volvió a lanzar la amenaza de invasión, esta vez con las siguientes hipócritas palabras: "Nosotros queremos que sea un cambio pacífico. Eso siempre es mejor que la alternativa: un cambio violento".

·         La gira iniciada por Tillerson el mismo día del discurso, que habrá de llevarle a Méjico, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica, que no puede ser catalogada sino como un nuevo capítulo de la opción intervencionista de la administración Trump en Venezuela, y que según el comunicado emitido por el departamento de estado informando sobre la misma, se trata de que el secretario instará a sus socios a promover un hemisferio “seguro, próspero, democrático y con seguridad energética”, lo cual obviamente significa poner a Venezuela en el centro de las discusiones y en la mira de los ataques.

·         Una terrible opinión emitida por el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Academia Rusa de Economía y Administración Pública Nacional, Alexánder Chichin, quien en ocasión de la mencionada gira de Tillerson ha dicho textualmente lo siguiente: "EE.UU. también está intentando apoderarse del petróleo latinoamericano. Quieren comerciar con éste ellos mismos" (14), y todos sabemos a quién pertenece la inmensísima mayoría de este petróleo. Concluye el decano diciendo: "Su estrategia (la de EEUU) está clara: controlarlo todo, cierran en sí todas las palancas económicas. Ahora, EEUU se ha puesto serio con América Latina. Siempre la consideraban su 'patio trasero', pero ahora han decidido poner este patio en orden según sus reglas".

·         La intención del gobierno gringo de imponer un embargo petrolero a Venezuela, revelada por el inefable Tillerson el pasado domingo, desde la Argentina, agresivo gesto que fue respondido magistralmente por el Presidente Maduro al decir que Venezuela no permite amenazas ni bloqueos a nadie, y que en caso de que Washington nos imponga un embargo petrolero, Venezuela expandirá sus negocios con otros países, dispuestos a comprar nuestro crudo (15).

·         La primera emisión del Petro, la criptomoneda venezolana respaldada inicialmente por el petróleo de la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez, prevista para el 20 de los corrientes (16), con la amenaza que este hecho representa sobre el dólar estadounidense y la posibilidad que nos ofrece de comenzar a romper el bloqueo económico financiero impuesto por el imperio.

Llegando ya al final de estas notas debo decir responsablemente que considero que el imperio habrá de intentar algún tipo de intervención violenta sobre Venezuela antes del día de la celebración de las próximas elecciones presidenciales.

Dicha intervención podría iniciarse con una incursión de paramilitares desde Colombia que tuviese el propósito de “liberar” una pequeña zona del territorio nacional, suficiente para instaurar un gobierno paralelo que solicitase la venida de la fuerza multiestatal que durante tanto tiempo ha estado aprestando con los ejercicios militares conjuntos; también podría iniciarse con base en un “falso positivo” generado por el narcoparamilitar gobierno colombiano.

Como ya dije en una anterior oportunidad, si en verdad se atreven a invadirnos, debo reiterarles de la mano del refranero español, que no les arriendo la ganancia, ya que más temprano que tarde habremos de derrotarlos con la ayuda de los gobiernos y pueblos americanos dignos y de las potencias amigas. Lo lamentable será que antes de que esto ocurra, Nuestra América, declarada por la CELAC territorio de paz, se verá convertida en un gigantesco infierno en medio de las cruentas luchas antiimperialistas de todos sus pueblos dignos y soberanos.

¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!
celippor@gmail.com
Caracas, febrero 06 de 2018


jueves, 1 de febrero de 2018

El imperio está empeñado en impedir las elecciones presidenciales de Venezuela
Carlos E. Lippo


"Yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo"
Jimmy Carter (1)




Tal como se señala en la exposición de motivos de nuestra actual constitución, se ha creado una nueva rama del Poder Público, el Poder Electoral, ejercido por órgano del Consejo Nacional Electoral (CNE), como expresión del salto cualitativo que supone el tránsito de la democracia representativa a una democracia participativa y protagónica.

Y es que tratando de adaptar a nuestro tiempo las ideas inmortales del Libertador Simón Bolívar, esta constitución rompió con la clásica división de los poderes públicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), creando el Poder Electoral, inspirado en el proyecto de constitución que el Libertador redactase para la naciente república de Bolivia en 1826 y el Poder Ciudadano, que tiene su inspiración en el proyecto de constitución presentado al Congreso de Angostura de 1819, para la creación de ese gran sueño del inmortal Francisco de Miranda, hecho realidad por el Libertador, que fue la Gran Colombia.

El Consejo Nacional Electoral (CNE), en el marco de sus atribuciones y en cumplimiento de sus funciones, ha diseñado un sistema de votación totalmente automatizado, con identificación biométrica del elector a través de su huella digital, para garantizar así el principio de “1 elector – 1 voto” y con emisión de un comprobante físico del voto electrónico que permite auditar cada proceso a posteriori; siendo necesario señalar además que el correcto funcionamiento de las máquinas de votación y de las programaciones (hardware y software) está garantizado por una cantidad importante de auditorías previas y posteriores al acto comicial, realizadas en presencia de los representantes de todas las organizaciones políticas participantes y de los veedores internacionales acreditados.  

La pulcritud de este sistema ha sido reconocida por todos los grupos de veedores internacionales (acompañantes, según su denominación legal), que han actuado en todos los procesos desde que éste fue puesto en funcionamiento en el referendo revocatorio del mandato del Presidente Chávez, que resultó ser reafirmatorio, en agosto de 2004. También ha sido reconocida por alguien tan insospechable de tener simpatías y mucho menos coincidencias con la revolución bolivariana, como lo es el expresidente Jimmy Carter, presidente del Centro que lleva su nombre, quien en su discurso en la reunión anual de esa institución celebrada en el 2012 señaló textualmente: "De hecho, de las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo"(1); complementando ese señalamiento tan categórico con la afirmación de que la mayor ventaja del sistema venezolano es el hecho de que sea totalmente automático, lo que facilita la verificación de los resultados de las elecciones. 

En contraste con lo anterior, existe un país que aunque se precia de ser excepcional y de estar al frente de todas las innovaciones sociales, económicas, políticas, científicas, tecnológicas y militares del mundo actual, mantiene aún un arcaico sistema de elección presidencial de segundo grado que data de finales del siglo XVIII, con base en el cual es actualmente presidido por alguien que no fue el más favorecido por el voto popular en sus pasadas elecciones, algo que no es nada extraordinario puesto que ya había ocurrido en cinco oportunidades anteriores (2). Como habrán de saber los lectores, se trata de los mismísimos Estados Unidos del norte de Norteamérica.

Sin embargo no es este anacronismo, que en fin de cuentas atañe sólo a los ciudadanos estadounidenses, lo más deleznable del imperio en materia electoral sino su desmesurado afán de inmiscuirse en cuantas elecciones presidenciales se realizan en el planeta; tal como lo hicieron en Corea, en 1948, organizando unas elecciones con la ayuda del antiguo invasor japonés y bajo el manto tutelar de la absolutamente sumisa ONU de aquellos días, que lejos de reunificar el país profundizó su división (3), y también en el Vietnam, oponiéndose en 1955 a la celebración de unas elecciones propuestas para la reunificación de aquel país, porque daban por seguro que las habrían de ganar los vietnamitas del norte (4). Siendo oportuno recordar que tan funestas acciones de injerencia causaron una cruenta guerra de veinte años en el Vietnam y otra que aún no ha terminado, después de 70 años, en el caso de Corea.  

Agotaría todo el espacio que habitualmente dedico a estas notas si me pusiese a señalar el sinnúmero de intromisiones del imperio en diferentes procesos electorales a todo lo largo y ancho del planeta, por lo que pasaré a reseñar sólo las ocurridas en Venezuela desde que a comienzos de 1998 el Comandante Chávez se perfilase como seguro ganador de  las presidenciales convocadas para finales de ese año.

En efecto, en 1998 cuando poco antes de la elección percibieron que el triunfo de Chávez era inevitable ordenaron a los dos grandes partidos del estatus por aquellos días (AD y Copey), que defenestraran a los candidatos por los cuales llevaban casi un año haciendo campaña, para apoyar la candidatura de su ungido, Enrique Salas Römer; a partir de esa fecha siempre han forzado la “unidad” en contra de Chávez y de Maduro, haciendo uso de los más  variados especímenes: Francisco Arias Cárdenas, ex chavista por aquellos días, en las elecciones de 2000; Manuel Rosales, en el 2006; Henrique Capriles Radonsky en el 2012; y nuevamente Henrique Capriles, en las elecciones de 2013, sobrevenidas por la muerte de Chávez.

Sin embargo, no se ha limitado el imperio a intervenir en nuestras elecciones imponiendo los candidatos presidenciales que ha de financiar y tutelar, ni tampoco a intervenir sólo en las presidenciales, sino que se ha acostumbrado a utilizar las movilizaciones asociadas a las Maniobras Navales UNITAS, ejecutadas muy cerca de nuestras costas, como elemento de presión y para garantizar una rápida intervención en caso de que la juzguen conveniente; tal es el caso de: UNITAS IV (presidenciales de 1963); UNITAS LIII (presidenciales de 2012); y UNITAS LVI (legislativas de 2015).

Su injerencia en las elecciones presidenciales de 2013 llegó al extremo de que al no reconocer los resultados oficiales que daban la victoria a Nicolás Maduro por el 1,8 % de los votos, financiaron y dirigieron unas protestas violentas instigadas por el candidato perdedor que trajeron como consecuencia más de una decena de víctimas mortales y medio centenar de heridos; siendo oportuno señalar que el imperio se quedó totalmente sólo a nivel internacional con este desconocimiento, ya que hasta el reino de España que es uno de sus aliados más incondicionales, reconoció oportunamente los resultados (5). A pesar de haberlo reconocido de hecho a partir de la reunión celebrada en la VII Cumbre de las Américas celebrada en abril de 2015 en Panamá y de haberle enviado varias veces al subsecretario Shannon como mediador, la administración Obama nunca lo reconoció oficial y públicamente, y lo mismo se ha negado a hacer hasta ahora la administración Trump.

La variopinta oposición venezolana, acicateada por su victoria en las elecciones legislativas de 2015, durante todo el año 2016 estuvo intentando defenestrar al Presidente Maduro mediante un referéndum revocatorio que no lograron ni siquiera poder convocar gracias a la estulticia de sus dirigentes, así como  también por medio de una caterva de procedimientos inconstitucionales entre los cuales estuvo presente desde el mes de octubre un extemporáneo adelanto de las elecciones presidenciales.

Durante la primera mitad del 2017 persistieron en el adelanto de las elecciones utilizándolo además como hipócrita pretexto para tratar de justificar sus cruentas acciones terroristas que estuvieron a punto de llevar el país al caos total y aún después de ser derrotados en ese intento, por medio de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, persistieron en solicitarlo incluyéndolo como un punto prioritario en la agenda del diálogo con el gobierno que se viene realizando bajo los auspicios del gobierno de la República Dominicana.

A todas luces el adelanto del proceso electoral presidencial para este 2018 había llegado a ser un importante punto de coincidencia entre los venezolanos, como lo sugieren los resultados del más reciente sondeo de opinión de Hinterlaces, una de las pocas empresas serias del país en este ramo, cuya muestra fue terminada de levantar una semana antes de la celebración de las elecciones para alcaldes y concejales, según los cuales el 72 % de los venezolanos estaría de acuerdo en adelantar las presidenciales entre febrero y marzo de 2018 y sólo un 26 % estaría en desacuerdo (6).

Es en el marco de las consideraciones anteriores y habida cuenta de que estamos ya en el tiempo constitucional establecido para ello, que la  Asamblea Nacional Constituyente (ANC), el pasado miércoles 23, aprobó por votación unánime el ordenar al CNE la convocatoria a elecciones presidenciales para el período 2019-2025 en el lapso comprendido hasta el 30 de abril del presente año. Es importante señalar, como un indicador del delicado momento político que estamos viviendo, que Delcy Rodríguez, presidenta de la ANC, al hablar de las motivaciones que tuvo ese organismo para haber tomado tal decisión, argumentó lo siguiente: “… los venezolanos no queremos la guerra, no queremos una guerra civil, no queremos una intervención militar, defendemos la paz y la tranquilidad en sus expresiones económicas, políticas, sociales, culturales, eso es lo que queremos los venezolanos, y estamos en ese proceso, por eso hemos convocado al evento de la elección presidencial” (7), argumento que compartimos íntegramente.

Contrario a lo que en una sana lógica cabría esperarse, la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que llevaba ya más de 16 meses pidiendo a gritos las elecciones anticipadas, no sólo es que no ha recibido esta decisión con beneplácito, sino que hasta esta fecha no ha hecho pública ninguna posición oficial al respecto. Y por otra parte, de los partidos que conforman dicha coalición, unos han manifestado, aunque sin mayor entusiasmo, estar a favor de acordarse en un candidato único para poder participar mientras otros han rechazado de plano la convocatoria con las argumentaciones más estúpidas que se pueda uno imaginar.

Curiosamente, el mismo día 23 y mucho antes de que cualquier grupo opositor se pronunciase, el llamado “Grupo de Lima”, esa manga de gobiernos cipayos del continente que servilmente ejecuta el trabajo sucio ordenado por los gringos en nuestra contra, que hasta hace un par de meses  clamaba histéricamente por elecciones anticipadas, se pronunciaba en contra de la decisión con el petulante discurso de quienes se sienten procónsules del imperio: "Exigimos que las elecciones presidenciales sean convocadas con una adecuada anticipación, con la participación de todos los actores políticos venezolanos y con todas las garantías que corresponda" (8). ¡Qué riñones, al igual que los gringos no nos conocen, aunque tienen sobrados argumentos para conocernos!

Y al día siguiente, en clara demostración de que es el imperio el verdadero dueño de este funesto circo montado en contra de Venezuela, a través de su embajada en Caracas, emitía un grosero comunicado (9) en el cual terminaba señalando: “Exhortamos al Gobierno de Venezuela a que cumpla los compromisos asumidos conforme a la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana (¿!). Apoyamos la declaración emitida el 23 de enero por el Grupo de Lima, en la cual se llama a impulsar un proceso democrático inclusivo y transparente”.

Resulta evidente que tan destemplada posición por parte del imperio y sus aliados regionales se basa en la certeza de que la revolución bolivariana emergería de ese proceso con una gran fortaleza gracias a una clamorosa victoria del presidente Maduro. También pone de manifiesto la contradicción existente entre el imperio y el sector opositor proclive a participar, contradicción que es necesario exacerbar por todos los medios a nuestro alcance, en beneficio de todos.

Constituyen pruebas inequívocas de que no pudiendo montar unas elecciones tuteladas en Venezuela, el imperio está decidido a impedir las ya convocadas, los siguientes hechos: la anunciada gira del secretario Tillerson por Méjico, Argentina, Perú y Colombia, próxima a ser iniciada, cuyo propósito no declarado es atar indisolublemente al dispositivo militar invasor a los gobiernos cipayos de estos países y a otros del Grupo de Lima; unas desesperadas e inconexas declaraciones de Mike Pence, el número dos del imperio, en las que al mismo tiempo que rechaza la convocatoria a elecciones acusa al gobierno venezolano de no llamar a elecciones (10); y más recientemente, un irrespetuoso pronunciamiento difundido el día 30 a través de la cuenta oficial de la embajada gringa (11), @usembassyve, señalando que: “El gobierno de los EE.UU. cree en un diálogo genuino y espera que el régimen de Maduro tenga el coraje de reformar el CNE y permitir la participación de la MUD en elecciones presidenciales efectuadas a partir de una fecha acordada por ambas partes”.

Aunque es harto conocida nuestra posición de abogar por la realización de unas elecciones con un formato diferente al de la “democracia burguesa”, por razones más que obvias, queremos dejar sentada nuestra plena conformidad con la convocatoria a estas elecciones anticipadas aunque se siga usando el mismo formato que tanto hemos cuestionado; sólo nos quedaría señalar que consideramos que la fecha de su celebración debería ser la más próxima técnicamente posible, dentro del lapso ordenado por la ANC.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!
celippor@gmail.com

Caracas, febrero 01 de 2018

miércoles, 24 de enero de 2018

Sin haber sido emitido aún, el Petro tiene a la burocracia imperial en estado de desesperación
Carlos E. Lippo

“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle.
 Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”
Hugo Rafael Chávez Frías




La designación del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial fue una de las  resoluciones de la conferencia monetaria y financiera de Naciones Unidas, realizada en el complejo hotelero de Bretton Woods, (Nueva Hampshire, Estados Unidos), entre el 1 y el 22 de julio de 1944; siendo oportuno señalar que en aquel entonces Naciones Unidas era sólo un grupo de naciones cuyos gobiernos habían suscrito en 1942 una declaración que les comprometía a luchar juntos en contra de las “Potencias del Eje” (Alemania, Italia y Japón), en el marco de la II Guerra Mundial.

Se trató de una designación que impuso el gobierno gringo con una gran facilidad haciendo uso de sus habituales maniobras chantajistas e intimidatorias, aunque basándose en los siguientes hechos: EEUU poseía para esa época un 80 % de las reservas de oro del mundo y estaba próximo a emerger de la guerra convertido en una gran potencia industrial a la que las “Potencias Aliadas” debían ingentes sumas de dinero por concepto de compra de armamentos; las potencias de la Europa Occidental estaban todavía inmersas en el conflicto bélico del cual salieron totalmente desangradas; la mayor parte de los 44 participantes eran países latinoamericanos, la inmensa mayoría de ellos altamente permeables a la influencia y el control de Washington por aquellos días; y finalmente, una cantidad importante de naciones que todavía eran colonias europeas no pudieron participar directamente sino a través de sus respectivas metrópolis, como por ejemplo India, que participó representada por Inglaterra. A todo esto habría que agregar que dicha designación no fue ratificada posteriormente por la URSS, los países del bloque socialista y China, que se retiró de la conferencia tras el triunfo de su revolución en 1949.

La designación exigía que el dólar estuviese respaldado por oro así como también su libre convertibilidad a razón de 35 dólares por cada onza (28,35 gr.) del precioso metal, lo que se llamó “el estándar internacional de oro” o “patrón oro”, aplicable a las divisas de todos los países firmantes para poder establecer su paridad en relación con la moneda estadounidense.

En 1971, obligado por el hecho de haber gastado la casi totalidad de las reservas de oro, a consecuencia de los gastos generados por las guerras de Corea (1950-1953) y Vietnam (1955-1975) y apegado a la inveterada costumbre de incumplir los acuerdos suscritos, el imperio, en cabeza de su presidente de turno el inefable Richard Nixon, decide dejar de respaldar el dólar con oro. Poco después suscribe un convenio con Arabia Saudita, que era ya el primer exportador mundial de petróleo, para que sólo aceptase dólares americanos en pago por la venta de sus hidrocarburos. Dicho convenio, sugerido por otro de los inefables, el secretario Kissinger, contemplaba por otra parte, el suministro de armas, asesoría militar y defensa del corrupto régimen monárquico saudí, ya desde aquel entonces uno de los mayores violadores de los derechos humanos en este planeta.

Posteriormente en 1975, por razones de desconfianza hacia los otros miembros, todos las naciones integrantes de la organización de países exportadores de petróleo (OPEP), de la cual formamos parte en calidad de miembro fundador, que a la sazón contaban con más del 81% de las reservas mundiales de petróleo, decidieron suscribir el mismo convenio, con lo que quedó conformado el sistema petrodólar (1). Sistema absurdo y aberrante que fuerza a todos los países del planeta a vender y comprar todo su petróleo en dólares, creando una demanda internacional artificial por el dinero de los Estado Unidos.

Antes de comenzar a entrar en materia es oportuno y conveniente señalar que el 25 de agosto de 2017, el impresentable Donald Trump, basándose en la Orden Ejecutiva # 13692 del 8 de marzo de 2015, suscrita por Barack Hussein Obama, que declara a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de EEUU, emitió la # 13808 contentiva de una serie de sanciones de carácter financiero que en opinión de Peter Koening (2), economista y analista geopolítico de origen estadounidense, ex funcionario del Banco Mundial, son las más amplias sanciones económicas de la historia, son representativas de una guerra financiera directa que prácticamente paralizaría a Venezuela y constituyen además un crimen de guerra, ya que ponen en peligro y amenazan las vidas del pueblo venezolano.

Aunque de una manera general y ambigua las sanciones aprobadas sólo pretenden bloquear el acceso del estado venezolano y la empresa estatal PDVSA a nuevas fuentes de financiamiento en dólares; bloquear todas las operaciones con dos títulos valores (bonos) emitidos legalmente por PDVSA; e impedir la percepción de los dividendos resultantes de las operaciones de su filial CITGO en territorio estadounidense, en la práctica se trata, con arreglo al sistema monetario occidental que hemos descrito al comienzo del artículo, de excluir a Venezuela de toda transacción financiera internacional así como de un bloqueo  bancario total contra PDVSA, imposibilitando las transacciones directas de hidrocarburos.
Las referidas sanciones, motivadas sin duda alguna por la formidable derrota que juntos, gobierno y pueblo revolucionario, propinásemos a la contrarrevolución al lograr elegir a los miembros de nuestra Asamblea Nacional Constituyente (ANC), poniendo fin así a la cadena de acciones terroristas que iniciasen a comienzos de abril, se han constituido en un arma terrible en el marco de la actual guerra económica, que ha servido para boicotear nuestras compras de alimentos, medicinas e insumos varios de primera necesidad para consumo de nuestro pueblo, con la anuencia de no pocos gobiernos cipayos como los de Colombia, España y Portugal, al mismo tiempo que ha logrado establecer un férreo bloqueo financiero con la ilegal complicidad de toda la banca occidental, habiendo servido para inducir un impago (default) de los intereses de algunos títulos valores de PDVSA, a pesar de que dicha empresa ha transferido los fondos en dólares necesarios para cumplir tales compromisos.

Como primera respuesta a estas sanciones nuestro gobierno decretó el día 7 de septiembre un conjunto de medidas de carácter económico-financiero entre las cuales destaca la salida del sistema petrodólar; en palabras del propio presidente Maduro: “Venezuela va a implementar un nuevo sistema de pago internacional y va crear una canasta de monedas para liberarnos del dólar y con las monedas de libre convertimiento como el yuan (moneda de China), el euro, el yen (moneda de Japón), la rupia (moneda de India) y las monedas internacionales para liberar de las garras del dólar como moneda opresora” (3). A la fecha actual esta medida ha alcanzado plena vigencia y la cotización de nuestro barril de petróleo se está expresando en yuanes, habiendo contribuido a hacer posible su implantación el hecho de que más del 60 % de nuestro petróleo de exportación está dirigido a países asiáticos, China e India fundamentalmente.

Otra medida destinada a contrarrestar los terribles efectos de las sanciones, dotada además de un importante carácter ofensivo, es la creación de la criptomoneda (criptoactivo o criptovalor) venezolana denominada el Petro, que anunciase el presidente Maduro el pasado 03 de diciembre (4), la cual habrá de estar respaldada en primera instancia por nuestras reservas petroleras certificadas y posteriormente por nuestras reservas en oro, diamantes y minerales estratégicos, en vías de su certificación, teniendo como base institucional, política y jurídica al Observatorio del Blockchain de Venezuela, institución adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, que está integrado por un equipo multidisciplinario de especialistas en las áreas de tecnología, economía y finanzas, legal, área monetaria y mediática.

La medida está destinada también a contrarrestar los efectos nefastos del portal www.dolartoday.com, que desde Cúcuta y Miami ha tenido éxito en posicionar una tasa cambiaria ilegal que el pasado año se incrementó en un 3.315 %, sin ninguna basamento macroeconómico que la sustente, pero que al ser asumida como real por el sector privado suministrador de bienes y servicios en el país, ha sido la principal  causa de una inflación fundamentalmente inducida estimada en un 2.000 %, que lejos de estabilizarse está aumentando de forma exponencial en lo que va del año 2018.

El anuncio de la creación del Petro ha sido recibido con los mejores auspicios por especialistas de talla internacional en el área de criptomonedas; tal es el caso del connotado economista estadounidense Max Keiser, conductor del famoso programa Keiser Report que transmite Russia Today, quien expresó en una serie de mensajes en su cuenta Twitter @maxkeiser, conceptos tales como: que la iniciativa de una criptomoneda es una buena forma de luchar contra el imperialismo estadounidense que ahoga la economía venezolana; que con este anuncio el presidente Nicolás Maduro dio un paso gigantesco para consolidar una innovadora herramienta financiera que no permitirá injerencia alguna en la captación de capitales y en el intercambio comercial; y el más auspicioso de todos: “La necesidad es la madre de la invención. Venezuela trata de superar la hiperinflación con una nueva –y esperemos que deflacionaria, si lo hacen bien – criptodivisa: el “Petro”. Como inventor y pionero en criptomonedas y monedas digitales, brindo todo mi apoyo a esta iniciativa y animo a que otros hagan lo mismo(5).

Entendiendo que los detalles técnicos más específicos relativos a la nueva criptodivisa escapan del alcance de un artículo como éste, sin embargo consideramos oportuno señalar lo siguiente:

·         Según decreto del presidente Maduro, de fecha 27 de diciembre de 2017 (6), el Petro estará respaldado inicialmente por los 5.342 millones de barriles de petróleo no desarrollado, originales en sitio, del Bloque Ayacucho 1, Área Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO) Hugo Chávez, que a precios actuales representan una cantidad del orden de los 270 mil millones de dólares.

·         El Presidente Maduro en Consejo de Ministros del 5 de enero pasado decretó la emisión de un total de 100 millones de criptomonedas Petro (7), con un valor total estimado del orden de los 5.400 millones de dólares.

·         El Superintendente de Criptoactivos de Venezuela, Carlos Vargas, declaró el pasado 7 de enero, entre otras cuestiones, que: la moneda digital que impulsa al estado, el Petro, será lanzada al mercado a través de una Oferta Inicial de Monedas (ICO); el Petro funcionará igual que cualquier criptomoneda, siendo 0,10 Petro la menor cantidad que podrá ser adquirida; y cada Petro podrá ser canjeado a través de las casas de cambio virtuales, “pero además de eso, va existir muchos comercios prestadores de bienes y servicios donde se va a poder ir con su Petro o cualquier criptomoneda a intercambiarla” (8).

En relación a la factibilidad técnica de éxito del Petro, no son pocos los connotados economistas venezolanos que se han manifestado de manera totalmente favorable, Tony Boza (9) y Juan Carlos Valdez, entre ellos. Considero sin embargo que el mayor indicio de que nuestra criptomoneda habrá de satisfacer plenamente los objetivos que le han sido encomendados, lo provee el hecho de que el pasado 9 de enero los diputados opositores de la Asamblea Nacional (AN) en desacato (10), cuyos actos tienen nulidad absoluta, según sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en sumiso acatamiento de las órdenes impartidas desde el imperio, decretaron su ilegalidad.

Por otra parte, el carácter evidentemente absurdo de los 5 más comunes argumentos que han presentado sus detractores para atacarlo: que su adquisición estará sujeta a sanciones, como si las transacciones con criptovalores no fuesen anónimas; que es un instrumento de Maduro, como si no se tratase de una de las más de 1.600 criptomonedas existentes en la actualidad; que son simples bonos (¿!); que se trata de una burbuja especulativa, como si no estuviese respaldado por un activo físico de alto valor actual y además en sostenido ascenso; y que compromete nuestras reservas internacionales de petróleo, como si éstas no fuesen y con mucho las mayores del planeta, no hay duda de que asignan al Petro una inmensa factibilidad de éxito.

Dos hechos públicos, notorios y comunicaciones ocurridos en el imperio la semana pasada, son los que nos conducen a sostener que la prevista emisión del Petro tiene a la burocracia del imperio en estado de profunda desesperación; tales hechos son:

·         Una notificación emitida por el departamento del tesoro gringo el día 16 (11), que con el apoyo de  una débil y falaz interpretación del texto de la sanciones de las cuales hablásemos al comienzo de este artículo y dejando de lado el hecho evidente de que las transacciones con criptomonedas son anónimas, por lo que escapan al control de las autoridades monetarias y de la banca, advierte amenazadoramente a sus ciudadanos que “podrían exponerse a riesgos legales”, e incluso ser perseguidos legalmente en virtud de las sanciones impuestas a Caracas.

·         El envío al departamento del tesoro gringo de una correspondencia suscrita por los senadores de origen latinoamericano Marcos Rubio (republicano) y Bob Menéndez (demócrata), enemigos irreconciliables de la revolución bolivariana, que con peores argumentos aun, solicitan las sanciones preanunciadas en la notificación antes mencionada  (12), como si no tuviesen asuntos más urgentes que resolver en favor del pueblo estadounidense, como sería el evitar el cierre técnico del gobierno federal, que de hecho se produjo al día siguiente, fecha del primer aniversario del gobierno de Trump, por décimo sexta vez (13).

Llegando al final de estas notas, debo decir que en Venezuela todos los revolucionarios tenemos plena conciencia del inmenso riesgo que estamos corriendo al no sólo no habernos doblegado ante las sanciones, sino al haber diseñado y puesto en marcha la implementación de medidas destinadas a contrarrestarlas, puesto que tales medidas no son sólo defensivas sino que representan también un importante ataque a su ya débil signo monetario, carente de todo respaldo real. No hay que olvidar que todavía están presentes los escenarios de completa destrucción generados por el imperio en Irak y Libia ante los solos anuncios de sus valientes líderes, Sadam Hussein y Mohamad Gadaffi, de que pretenderían liberar a sus naciones de la tiranía internacional del dólar. Tal riesgo lo asumimos todos plenamente; lo que ocurre es que en nuestra patria en verdad hemos decidido ser libres.

Una prueba de que este riesgo es real e inminente lo constituye el contenido de un artículo titulado “Colapso en Venezuela y su impacto en la región” , escrito por R. Evans Ellins, profesor de la Escuela de Guerra del Ejército de los EEUU, publicado hace poco en la edición trimestral de la revista "Military Review". Con la mayor impudicia, el autor sostiene que las acciones del Gobierno del presidente Nicolás Maduro “han demostrado que es poco probable que la crisis política y económica de Venezuela se resuelva mediante procesos democráticos”, añadiendo seguidamente que su gobierno debe considerar “el despliegue de fuerzas de mantenimiento o de imposición de la paz en caso de que la evolución de la crisis y las posiciones de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas permitan tal acción” y precisando que las labores militares en el país no deben pasar por "una intervención militar directa en territorio venezolano a no ser para eliminar algunas capacidades ofensivas que se emplean contra los vecinos de Venezuela” . ¡Más claro, imposible!

¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!
celippor@gmail.com
Caracas, enero 24 de 2018